Lunes, 24 de julio de 2017
Las Arribes al día

El Teso de San Cristóbal, paso de culturas

VILLARINO DE LOS AIRES | Ambasaguas es el paraje en el que el Tormes entrega sus aguas al rey de la meseta, un lugar que ha recobrado la vida después de que haya aumentado su caudal desde la presa de Almendra

Vista del cañón del Tormes desde uno de los asomaderos, Peña del Pendón y un ejemplar de Avispina | CORRAL

Con la primavera ya en ciernes, El Teso se viste con sus mejores galas para recibir a los ribereños en su ermita de San Cristóbal. De su tierra que pisaron vetones y ‘moros’ salen luceros violetas de entre las verdes espadas de los lirios, la peña El Pendón ha celebrado ya esa manifestación jubilosa del paso de la Cuaresma, de días de ayuno y abstinencia, y el Balcón de Pilatos se asoma al Tormes, aún con su sangre real y cristalina adormecida por la avaricia del hombre.

Y es que, El Teso de San Cristóbal, como así lo conocen los del lugar, tiene algo especial que hace concitar los más entrañables recuerdos, permite soñar a los soñadores, y adentrarse en los misterios que desde siempre alumbraron a los que se asoman a cualquiera de sus salientes. Sin duda el Teso de San Cristóbal es un lugar del que surge la magia.

En este emblemático paraje de Villarino puede observarse el paso de civilizaciones anteriores, tumbas excavadas sobre la roca en las inmediaciones de su coqueta ermita de San Cristóbal y Santa Lucía, restaurada hace unos años por el Ayuntamiento y que cada Lunes de Pascua se convierte en lugar de peregrinación.

Pero es la zona de la Peña del Pendón la que despierta mayor curiosidad, pues a sus escaleras talladas sobre granito se suman las oquedades de la roca que hacen de escalinata para acceder a lo que se asimila a un trono de piedra. Esta es la Peña del Pendón, mole granítica de unas 55 toneladas de peso y sobre la que el Lunes de Pascua los mozos colocaban un pendón y más recientemente una rama de carrasco.

Pues bien, un solo hombre es capaz de mover esta mole granítica a poco que se lo proponga o sus brazos se lo permitan, de ahí que sobre su leyenda pese que en un pasado lejano sirvió para ajusticiar a reos e incluso para perpetrar sacrificios.

Pero el Teso esconde muchos más secretos. A la fiesta de los lirios se suma una pequeña florecilla de escasos días de vida y que los vecinos conocen bajo el nombre de ‘Avispina’. Se trata de una pequeña orquídea que crece únicamente en lugares muy concretos de Arribes y que aparenta tener una abeja posada sobre su cáliz, una estrategia para su polinización. Es tan bella como extraordinaria.

Otro de los atractivos del Teso de San Cristóbal son sus miradores y asomaderos, los más conocidos son el Balcón de Pilatos y la propia Peña del Pendón, pero a estos se suman varios lugares que hay que descubrir entre el bosque de carrascos siguiendo pequeños senderos que se asoman al cañón que aquí hace el Tormes, parajes conocidos como el Guindalatero y Vendemoro y a los que la toponimia coloca como un lugar de intenso trasiego de mercancías.

Ambasaguas

Se conoce por Ambasaguas al paraje en el que el Tormes entrega sus aguas al rey de la meseta, un lugar de un encanto especial en el que el murmullo del agua ha vuelto a escucharse entre las sombras de los fresnos.

Ambasaguas es un lugar que invita a la reflexión, a descubrir los molinos que un día fueron movidos por la fuerza de un Tormes en plenitud. También es un lugar ideal para disfrutar de la merienda en compañía, y, como no, para la pesca de ciprínidos, bogas y barbos principalmente.

Desde hace un año Ambasaguas ha recuperado su encanto. El aumento de caudal desde la presa de Almendra ha supuesto el renacimiento de un río que poco a poco cobra vida.