Domingo, 23 de julio de 2017

La UDS, nueva víctima de la "posverdad"

 

El numerito de la bufanda que no eran capaces de colocar, aquella tarde en que supimos que la Unión Deportiva Salamanca iba a desaparecer en cuestión de semanas, mientras Juan José Hidalgo nos planteaba “qué más da UD Salamanca que Salamanca UD”, sonó a estrambote y dio vergüenza ajena, aunque entonces predominaba la preocupación por la amarga noticia. Pero desde hace unos días, casi cuatro años después de la desaparición del club histórico de la ciudad, el episodio de la bufanda ya me resulta de una autenticidad loable y de una sinceridad ejemplar. Hidalgo no negó que pretendía fundar un nuevo club lo más parecido a la UD Salamanca pero, abracadabra, sin deudas, jugando en su plaza en Segunda B y alquilando el estadio a Hacienda, que para nada lo querría. No le salió la jugada, como era evidente que iba a suceder, aunque parte de la prensa local, remando a favor de ese osado proyecto, se apresuró a crear el concepto “el fútbol profesional en Salamanca”, mucho más importante que la Unión Deportiva Salamanca, dónde va a parar… Quizá tuvieran razón, ya que, si somos sinceros, el club nos importaba a unos pocos: la mayoría de los salmantinos sólo lo querían para poder ver al Real Madrid o al Barcelona cuando vinieran al Helmántico. Incluso recuerdo cuánto indignó que los abonados tuviéramos preferencia en las visitas de la Selección Nacional. Decía que he cambiado mi parecer sobre el capítulo de la bufanda porque, indudablemente, el plan Hidalgo no tenía trampa ni cartón. A él no le salían las cuentas con una UDS tan endeudada y alguien le debió sugerir esa vía errónea. Pues bien, como su opinión era decisiva en ese momento del proceso, el club histórico se liquidó, y como luego eran otras instancias las que decidían, el suyo nuevo tampoco prosperó (con buen criterio, se le denominaba popularmente “el equipo de Hidalgo”, aunque esa entusiasta prensa insistiese con “el Salamanca”). Empate a cero.

 

Quedaba el plan B, el plan Salmantino, el intuido desde el Ayuntamiento como menos aventurado, porque a otros se les ocurrió que el segundo equipo y las categorías inferiores no tenían ningún valor en una subasta o liquidación y que podrían seguir jugando como si tal cosa. Esa creencia se demostró incierta y todos los equipos del nuevo club, fundado en el verano de 2013 y denominado CF Salmantino, copiando el nombre del segundo equipo de la UDS, fueron enviados a competir en la categoría más baja, como le corresponde a cualquier club de nueva creación. Hace unas semanas, el CF Salmantino ascendía brillantemente a Tercera División, donde este año ya ha competido otro club local creado también en el verano de 2013, Unionistas, planteado como homenaje a la extinta UD Salamanca. El sentido común de un ajeno invitaría a la fusión, incluso el sentimiento de un propio, como deseaba en esta columna. Seguimos empate a cero, ¿no?

 

Pues no, resulta que la “posverdad”, es decir, la mentira, la trola, el disfraz, han metido el primer gol. Una sociedad limitada de administradores dizque mejicanos y ya propietaria del Estadio Helmántico ha adquirido nombre, escudo e himno de la UD Salamanca, amén de sus trofeos, su archivo y el local donde tenía su tienda, por un importe de 150.000 euros. No está clara la linde entre dicha sociedad limitada y el CF Salmantino, que en palabras de su presidente se autoproclama “legítimo filial de la UD Salamanca”, pero el caso es que serán los socios de ese club los que decidirán la utilización efectiva para sí de esas adquisiciones, y en definitiva, que el CF Salmantino pase a denominarse UD Salamanca. La noticia ha provocado división de opiniones. Unos han festejado con algarabía el gol “posverdadero” y otros pedimos videoarbitraje, que los celebrantes revisen la jugada y reflexionen sobre si este gol, legal administrativamente, es justo con la historia de la UD Salamanca, de la suya y de la mía, de la nuestra.

 

Les invitaría a que analizasen si las siglas, el emblema y las notas del himno, que lo es de todos, que lo seguiremos tarareando todos hasta con lágrimas en los ojos, vertebran un club que, por desgracia, no es la UD Salamanca, porque la UD Salamanca ya ha desaparecido. Hubo un momento para salvarla, para llenar el estadio todos los domingos también en Segunda B, para ejercer el unionismo activamente, pero ese instante pasó y no fuimos capaces. Los que ahora conserven ilusión por apoyar a un nuevo club, que muchos ya la perdieron, tienen todo el derecho de hacerlo, incluso las normas administrativas les permiten que ese club se llame UD Salamanca y luzca su mismo escudo, sin necesidad de un esparadrapo que lo oculte, pero la memoria de la Unión no merece obviar su desaparición. Taparla es mentir. Por vergüenza o por interés, es un engaño. Y en el autoengaño se manifiesta una ignorancia que, estoy seguro, no padecen la mayoría de los aficionados del CF Salmantino.

 

Les instaría a que revisen sus motivaciones para apoyar esa reconversión. ¿Se identificaban con las siglas, el escudo y el himno o con la institución en su conjunto que ya ha desaparecido? Si les empuja el deseo de alcanzar cuanto antes el fútbol profesional, ese sistema de empresas endeudadas hasta el cuello con red institucional (la Unión fue poco modélica y tampoco supo gestionar su red, existente pero más escasa), adelante, no se detengan en minucias románticas, compren siglas y enardezcan a las masas (pocas masas movía la Unión si no era un ascenso o no era gratis). Pero, en ese caso, reconozcan que su apego al nombre y a la bandera desprende el aroma del más rancio y trasnochado nacionalismo, que jamás se frena por el lugar donde queda la verdad en sus primitivas tesis. Y asuman también que los nostálgicos no somos los que no necesitamos de la existencia de “otra UD Salamanca” para volver al fútbol o para ilusionarnos. Incluso les sugeriría maneras de afrontar la realidad dolorosa de la ausencia sin sostenerse en fantasías o agarrarse a sentimentalismos.

 

Como es a ellos a los que van a consultar el veredicto les rogaría que conservaran su nombre actual, o incluso que valoraran otro no emulador del segundo equipo de la UDS. Que se opongan a la suplantación. Que se queden como están. Que no obliguen a una parte no pequeña de los aficionados de la desaparecida UD Salamanca a aclarar que somos seguidores del club fundado en 1923 como UD Española, en su campo propio de El Calvario, y que existió durante noventa años, pero no de un club de 2013 que compró su nombre y su escudo cuando ya tenía otros. Ese gol de la verdad sería el empate, y ya estaríamos preparados para empezar a soñar con sentarnos juntos a decidir el nombre de un club que fusionara a Unionistas y CF Salmantino y, al fin, unificara a la afición de la UDS: el gol del triunfo. El gol más verdadero. Tan verdadero como que, tristemente, la Unión no vuelve, no puede volver, porque hace casi cuatro años que la Unión Deportiva Salamanca ha desaparecido.