Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Las Villas al día

El guardián de la tradición silletera

Feliciano Martín, natural de Cantalpino, repara con hábiles manos antiguos asientos de espadaña y elabora sillas y utensilios de madera, manteniendo el oficio heredado de su padre y abuelo
Feliciano Martín enseña una de sus obras | Fotografías: Jorge Holguera

Año tras año, desciende la población, cierran negocios e incluso se pierden tradiciones en los pueblos de Las Villas. En Cantalpino vive un guardián de los oficios antiguos, fiel defensor de la herencia laboral que ha recibido de su padre, que a su vez recibió de su padre. Con calma y precisión, Feliciano Martín Cascón retuerce la espadaña hasta formar el asiento de una silla que ya necesitaba un arreglo tras cientos de horas de uso o de una bonita nueva silla de madera. A su alrededor, decenas de obras hechas a mano en madera, fruto de mucho tiempo de dedicación a la pasión que arrastra desde hace tantos años, desde que comenzase recorriendo los pueblos junto a su padre en busca de sillas para reparar.

A día de hoy, es el único silletero que queda en Cantalpino, pero esto no siempre fue así. Según explicó al periodista Jorge Holguera, que elaboró un amplio reportaje sobre el silletero para SALAMANCArtv AL DÍA, la presencia de más artesanos en la localidad llevó al padre de Feliciano Martín a irse a Villoria, donde el hijo creció hasta los 17 años, cuando se marchó al País Vasco. Su nuevo destino tampoco fue definitivo, puesto que regresó a Las Villas, asentándose en Babilafuente. Fue en esta etapa cuando en mayor medida nació la afición por trabajar la madera, gracias a los olmos que caían afectados por la grafiosis. Feliciano recogía esta madera y se encargaba de transformarla en diferentes utensilios y elementos.

Las hábiles manos del silletero han atraído la atención incluso de Televisión Española, que grabó un reportaje sobre él para el programa España Directo, que recoge crónicas sociales sobre distintas costumbres y curiosidades por todo el territorio del país. Feliciano explicó a la reportera que el material que usa para elaborar los asientos de las sillas, la espadaña, se corta en el río cuando aún está verde.

Trabajo artesanal

Una vez que la espadaña se seca, la almacena y veinticuatro horas antes de trabajarla la pone en agua para que se ablande y así poder retorcerla. No solo repara las sillas de sus vecinos, sino que también las construye íntegramente. Más de cien horas puede llevarle hacer una silla completa, pero sin importarle dedicar el tiempo necesario a su pasión. En las paredes de su casa, convertida en un auténtico museo, pueden verse los demás útiles y muebles que elabora con madera. El artista explicaba a Jorge Holguera que cuando comienza un trabajo no sabe de antemano a ciencia cierta cuál será el resultado, puesto que se deja llevar por la madera. “Voy al campo, veo un trozo de madera y le doy forma, surgen nudos”, afirmaba el artesano al periodista.

La mayoría de los objetos fabricados por Feliciano tienen utilidad, como los peines, los muebles y los utensilios de cocina, aunque también elabora bonitas esculturas que adornan las paredes de su domicilio.

El caso de Feliciano Martín recuerda al de otros municipios de la comarca, que también están viendo desaparecer sus oficios tradicionales, como Villoruela. La antiguamente pujante industria del mimbre, que llegó a emplear a gran parte de los vecinos, se encuentra casi desaparecida.

El oficio es mantenido y recordado por unos pocos vecinos que aún elaboran cestos y sillones y por el Museo de Interpretación del Mimbre, que depende del Ayuntamiento y recoge el testimonio del que fue el motor económico de Villoruela.