Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Las paralelas no se juntan, señores socialistas

Cuando escribo esta columna aún no se sabe nada cierto de las elecciones francesas. Imperará la cordura, espero ya que me comí el Brexit y a Trump por no hacer de Casandra. Mis predicciones políticas son últimamente tan desastrosas como la ignorancia supina de Esperanza Aguirre. No sé, no lo recuerdo, o como dicen mis alumnos, eso no me lo he estudiado. Los dineros de la vergüenza son tan escandalosos que esta vez ese público lector que todo lo ve desde su tranquilidad diaria de buena conciencia, no dejará pasar el oprobio. Y la justicia es lenta, está contaminada, pero va, lenta pero viene, a paso de tortuga, pero llega. Lo malo es que esas penas que pone se son hacen tan poco que sí que da pena, pena y vergüenza ajena. Nosotros trabajamos, pagamos a hacienda y recibimos esas subidas tremendas que, en ocasiones, nos dicen que son justas y necesarias para nuestra salvación, amén. Y a ver quién es el guapo que le cuestiona a Montoro, capaz de decirle al presidente del gobierno que deje de repartir millones para conseguir los votos de los nacionalistas de uno y otro extremo del suelo patrio. Montoro es un nosferatu al que no le molesta caer mal, es más, estudios muy sesudos de universidades que no tienen otra cosa que hacer, han demostrado que le gusta decir aquello que nadie quiere oír, soliviantar voluntades autonómicas y fastidiarle los amigos al presidente Rajoy. Montoro sí que es un verso libre, más bien toda una estrofa contante y sonante.

         Mientras los unos están convenciendo a los que pueden firmar los presupuestos a golpe de talonario, los otros están viéndole las orejas al lobo. Me temo que en la casa de la rosa creían en la infalibilidad de Susana, pero ni por esas… cada vez que hay primarias en el PSOE salta la sorpresa y lo que es peor, la división interna que se enquista y hasta la próxima. Gane la militancia o el aparato, la fisura es tan tremenda que no podrá coserla ni todo el equipo de costureras de Dior, que después de todo, el socialismo también tenía su lado fashion y que se lo digan a Elena Benarroch. Ah los tiempos en los que González jugaba tanto con el lujo que acabó viviendo en el Barrio de Salamanca, ahora los socialistas cantan la Internacional en los actos y como sigamos así, acaban afiliándose a Podemos para pillar cacho. Lo cierto es que sin acritud, lo de Susana y Pedro parece un choque de trenes personalistas, sin proyecto muy diferenciado y que deja al margen al que quizás concite mayor entendimiento: Patxi López. Un vasco tranquilo que no tiene la pasión andaluza ni el aire trágico de la venganza servida muy, pero que muy fría. Y aquí yo sí que no me atrevo a decir nada de nada. Va a ser sencillamente un entrecruzamiento de cornamentas mientras por las montañas suena la sinfonía de la berrea. No es que solo pueda quedar uno, es que las líneas paralelas nunca se cruzan. Lo malo no es quien gane, sino qué pasará luego cuando se pase a cuchillo a los vencidos. Entonces quizás haya que fundar otro partido.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.