Sábado, 27 de mayo de 2017

Sin perdon

“ El recuerdo tiene su propio idioma, su propia textura, su propia melodia secreta, su propia arqueología y sus propias limitaciones: tambíén puede lastimarse, robarse y avergonzarse; pero depende de nosotros rescatarlo e impedir que se convierta en algo barato, trivial y estéril. Recordar significa dar una dimensión ética en todos los esfuerzos y las aspiraciones”

(Elie Wiesel)

ENTRE PUENTES

SIN PERDON

Hace ya un lustro, los encapuchados de ETA, salieron a comunicar que, la lucha armada que habían mantenido contra esta sociedad cesaba por completo. Ahora, reaparecen nuevamente, con el propósito de entregar las armas – todas, eso dicen-, bajo tutela francesa, señalando los zulos, agujeros  y escondites donde se encuentran  la serie de dispositivos, pistolas y fusiles posiblemente muy parecidas, a las que usaron en las masacres y crímenes contra ciudadanos, de este pueblo, algunos cayeron, sin saber siquiera que estos barbaros existían.

Ahora, cuando se van a cumplir los veinte años, de su pretendido chantaje al Estado y a sus ciudadanos, con el secuestro y crimen de Miguel Ángel Blanco, (10-7-1997) que tenía como efecto, que sus presos diseminados por todas las cárceles del País, fueran acercados a sus casas, a sus provincias, a buscar el calor y el amparo de los suyos con vítores y gritos de la sinrazón. No fue así, y la barbarie contra el joven concejal popular se cumplió, y fue ejecutado tenía 29 años, se iba a casar, tenía novia de toda la vida, licenciado en empresariales, y trabajaba desde seis meses antes a su muerte en Eman Consulting  y aquel día no se presentó a su puesto laboral en Éibar, Al principio, sus compañeros pensaron que se trataba de un retraso circunstancial, pero a medida el tiempo, crecía la preocupación y especialmente los correligionarios políticos empezaron a temer lo peor. Abierto y conversador, entusiasta de la música (tocaba la batería en un grupo de verbenas). Vivía con sus padres, humilde familia naturales de Orense.

Los lazos azules, volvieron a desplegarse por miles en toda España, en sus centros oficiales, ayuntamientos, universidades, instalaciones de empresas etcétera, tan solo hacía diez días que se habían retirado, tras aquel cruento secuestro de Ortega Lara 532 días de amargo suplicio. No hubo perdón, el mundo entero se volcó y se manifestó con el grito angustioso de libertad para Miguel, y fuera ETA, de sus mismas filas incluso, partió la petición de no cometer el crimen… El duro corazón de sus verdugos, no encontró resquicio para la compasión, metido en un maletero, atado lo llevaron  a Guipúzcoa y mientras unos le sujetaban otro al parecer, según contaron los detenidos; "Txapote" le pego dos tiros en la cabeza, se consumaba así uno de los atentados que más ha conmocionado a la sociedad, perpetrado por una célula del comando “Donosti”, que agrupaba a la peor especie que ha conocido la historia, tanto es así, que alguno de ellos, no han podido soportar su conciencia y se han suicidado.

Por fin todo ha terminado, los restos de ETA, solicitan una vez más, el acercamiento de aquellos, que ni tan siquiera se dignan en pedir perdón a cuantas personas fueron víctimas directas, y a quienes tuvimos que soportar angustiados, aquellos inhumanos y barbaros atentados, que ha dejado un imborrable recuerdo en este País llamado España, vecino de Francia hasta donde llegaron los tentáculos de la banda. Evidentemente no se podrá vivir siempre con el odio, el rencor y la venganza. Pero he recordado este cruel episodio. Porque los seres humanos somos olvidadizos, y olvidamos pronto el estado de excepción en que hubo de vivir este pueblo. La enfermedad más extendida de la civilización es la amnesia, que es necesario combatir con una medicina: La razón centrada en el recuerdo de las víctimas, en la narración de sus sufrimientos y en la rehabilitación de su dignidad, que evite la reconciliación precipitada de los hechos. Es la memoria  que mira al pasado, en demanda de justicia para sus víctimas, la mirada crítica para disentir y decir no, a determinadas cosas, que puedan enturbiar los recuerdos y el sufrimiento de los hechos. “La destrucción de los recuerdos, es una medida típica de la dominación totalitaria”. Cuando a los seres humanos les quitas los recuerdos y los sueños, comienza un estado de apagadas sensaciones, donde aparece la tristeza y la angustia.

Debemos de poner el empeño, que la situación no se escape entre las manos, y exigir, cuantas garantías, sean de rigor y no se corrompa lo que está constituido tanto en la ley general, como en la de la memoria, de los que fueron víctimas. Sus banderas están por encima de todas.

 

                Fermín González  Salamancartvaldia.es                            Blog taurinerías