Domingo, 23 de julio de 2017

Venezuela se desangra

     Literalmente. Copio al pie de la letra –con los defectos típicos de los mensajes de móvil- un desahogo de un sacerdote español, con el que coincidí hace tres años en Roma, en el Colegio Español, en un Curso de actualización teológica para el clero:

     “No te imaginas lo que sufrimos los que amamos esa tierra que nos acogió y hoy vemos desangrar. Ya me han matado dos de mis bautizados y después de haberlos comulgado y confirmado se les siente como hijos propios. Cada semana mando medicinas. La mayor parte de las veces llegan las cajas vacías. Son quimioterapia y medicamentos para la tensión y muere la gente por falta de ellas. Después de lo que cuestan, y lo que cuesta el envío, es frustrante… No les abandones en la oración, hermano, por fin los obispos hablan después de tanto dolor…”

     Y sí, la Conferencia Episcopal Venezolana, en un Comunicado de su Presidencia que se titula “No reformar la Constitución sino cumplirla”, ha hablado el viernes día 5 de mayo: se puede acceder fácilmente a la información en la portada de la web de la Conferencia Episcopal Venezolana: www.cev.org.ve  Veamos algunas de sus manifestaciones:

“4. La propuesta Presidencial de una Asamblea Constituyente…es querer imponer el “Plan de la Patria”, traducción operativa del “Socialismo del siglo XXI”, sistema totalitario, militarista, policial, violento y represor (el resalte en negrita es mío), que ha originado los males que hoy padece nuestro país”.

“6. No podemos olvidar ni poner de lado la tristeza y el sufrimiento que este régimen está provocando a nuestro pueblo. Además, en el último mes ha hecho alarde de su naturaleza represiva mediante la sofocación de la legítima protesta con excesiva e inhumana violencia, generada por los organismos de seguridad del Estado, particularmente de la Guardia Nacional Bolivariana, y los grupos armados llamados “colectivos” que actúan bajo la mirada protectora de las autoridades…”

“7. Ante esta lamentable situación, rechazamos la convocatoria a esa Asamblea Constituyente, y exhortamos a la población en general a no resignarse, a levantar su voz de protesta, pero sin caer en el juego de quienes generando violencia quieren conducir al país a escenarios de mayor confrontación con el fin de agravar la situación y mantenerse en el poder”. Mantenerse en el poder…

     La mediación dialogante del ex presidente español Rodríguez Zapatero ha fracasado. La oposición le acusa, incluso, de colaborar, aun sin quererlo, con el régimen bolivariano de Nicolás Maduro. Los demócratas venezolanos lo tienen muy difícil, pues si quieren una salida digna tendrán que insistir en la no violencia activa y en una protesta pacífica hasta el heroísmo. ¿Aguantarán? ¿Tendrán los apoyos necesarios?

     Cuando yo estudiaba Filosofía aprendí esta frase de Parménides, uno de los primeros filósofos: “El ser es y el no ser no es”, que traducido a Venezuela quiere decir: el chavismo es una dictadura, y el chavismo no es una democracia. Los que sufrimos las consecuencias de nuestra “dictablanda” podemos fácilmente darnos cuenta de que el Gobierno de Venezuela, presidida por Nicolás Maduro, es una dictadura. Y toda dictadura es rechazable “venga de donde venga”, aunque venga de la extrema izquierda, que ha utilizado profusamente este “venga de donde venga”, apoyada por el progresismo equidistante, equilibrista y buenista, para no ver la viga de su violencia en el ojo propio y fijarse en la paja, también violenta, en el ajeno.

     Es bochornosa, a mi modo de ver, la actitud de USA, de la UE y del Gobierno de España, más preocupados, al parecer, de defender los intereses legítimos de las empresas que de salvaguardar la democracia y los derechos humanos de los venezolanos.

     Los filósofos progresistas acusaban al pobre Parménides de conservador y lo contraponían a otra frase, mucho más progresista, en este caso de Heráclito: “Todo fluye” y cambia y se revoluciona. En Venezuela, de momento, lo que fluye es la sangre de los 38 muertos, perdón, matados, asesinados, y de los cientos de heridos. Fluye también la corrupción de los nuevos poderosos. Fluye y prospera el narcotráfico. Fluye poco el petróleo. Fluye el hambre y la angustia de la población. No fluye la justicia, ni la democracia, ni la paz. Dios salve a Venezuela.