Sábado, 27 de mayo de 2017

Incomunicacionémonos

Este mundo va demasiado rápido para mi gusto. Las noticias se suceden a vertiginosamente, una detrás de otra, sin dejarnos tiempo a asumirlas, a pensar sus consecuencias y cómo nos afectan, o puedan hacerlo. No hay un momento de respiro, siempre bombardeados por la realidad exterior, que nada tiene que ver con nuestra propia realidad, aunque nos concierna.

Quizá podría culpar a estar unos días en Madrid de esta percepción, pero sé que no es cierto, que nada tiene que ver con el lugar en el que me encuentro. Lo mismo pasa en el resto de urbes de nuestro país, por no decir del planeta. El ritmo de vida que se establece, todo inmediato, instantáneo, es agotador, mortal de necesidad. Los medios de comunicación no ayudan: sus titulares buscan la sorpresa, los clicks de “me gusta” o “compartir”, sin ayudar a parar el frenético consumo de noticias, queriendo convertir el mundo real en una carrera sin frenos.

Una carrera de la que somos los principales artífices, con nuestros maravillosos teléfonos inteligentes, esos que anulan las conversaciones; los mismos que han jubilado a las reuniones de amigos; aparatos que están bombardeando nuestra vida diaria para que te enteres de lo que va comer tu vecino del 4º; quien salió anoche; o de qué color vomitó de madrugada el niño de tu cuñada. Es imposible reunirte con un grupo de gente en el que, más pronto que tarde, no aparezca el aparatito de marras para que te enseñen algo gracioso, romántico, cabreante, irónico, surrealista, pornográfico, humorístico o cualquier otro adjetivo que se nos ocurra.

Obvio es decir que, si te quejas, serás mal mirado, al fin y al cabo, únicamente era para enseñarte ese chascarrillo que han recibido, y que guarda para momentos así, de intercambio, sea en el grupo de amigos, familiares o conocidos. Lo malo, y se sabe, es que en cuanto el primero ha roto el hielo, todos los demás se lanzan a buscar sus propias gilipolleces, que a nadie importan, que han desplazado la capacidad humana de comunicarse… racionalmente.