Miércoles, 22 de noviembre de 2017

El misterio de la vida

Hoy ha llegado la lluvia sobre nuestra tierra áspera y seca. Las flores de la primavera imploraban a las nubes que, durante meses, volaban por el cielo con indiferencia. Las hojas lacias de los árboles estaban de brazos caídos. Lo frutales habían germinado antes de tiempo y no podían llevar hacer llegar la sabia hasta sus ramas Los trigos y cebadas, aun enanos, engañados por el sol, empezaban a espigar a destiempo, sin poder alimentar las semillas.

Hasta las vides, una planta sagaz donde las haya,  respondiendo a la llamada de la luz y el calor, han brotado demasiado pronto, sufriendo alguna helada traicionera.

Las plantas también sufren, se entristecen y lloran, como bien saben los labradores y hortelanos.

¡Cuánto sufrimiento para los que viven del campo!, siempre mirando al cielo. Recuerdo a mi padre oteando el horizonte cada mañana y cada tarde, haciendo profecías sobre la lluvia, las tormentas, el frío o el calor, siempre bajo la frase “Dios mediante”.

La lluvia está llegando a estas horas de la mañana intermitentemente, por el momento muy escasa, en gotitas que vuelan de un lado para otro, como si no quisieran caer sobre esta dura y polvorienta tierra castellana. Azota el viento en todas las direcciones, los árboles agitan sus brazos, quitándose el polvo y cantando la vida, mientras las esquinas de las casas y los postigos de las ventanas gimen azotados por el vendaval.

En esta mañana de domingo, yo miro por la ventana, desde mi biblioteca, hoy oscurecida, dando gracias al cielo porque, aunque tarde, siempre se acaba acordando de nosotros. ¡La disarmónica armonía de la naturaleza!, el Dios de los terremotos y las inundaciones, que quiere recordamos, cada poco, que estamos en sus manos. Primero nos amenaza y luego nos consuela para que recordemos que vivimos, “Naturaleza mediante”. ¡Bendito misterio de la vida!, Naturaleza o Dios, quien sabe.

Mientras, en esta seca Castilla tenemos que rezar tantas veces cantando “¡Qué llueva, que llueva!, porque así los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Y solo así, podremos comer caramelos y turrón. Misterio de la vida, tan hermosa, como vulnerable.