Domingo, 23 de julio de 2017

La mujer sin miedo

…. el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo. Eduardo Galeano. Escritor uruguayo

 La violencia contra la mujer tiene un alcance mundial y se presenta en todas las sociedades y culturas, afectado a la mujer sin importar su raza, etnia, origen social, riqueza, nacionalidad o condición” son palabras de Kofi Annan Secretario General de las Naciones Unidas, entre 1997 y 2006, y Premio Nobel de la Paz de 2001. Básicamente estoy de acuerdo con el exsecretario, pero creo que es necesario precisar que si la mujer que sufre la violencia pertenece a cierta raza o etnia, si es pobre, si su acceso a la educación ha sido limitado, si tiene una u otra nacionalidad, incluso si es creyente de una u otra religión; las posibilidades de padecer lo que de forma genérica denominamos “violencia de género”, se incrementan de forma muy considerable.

Desde hace ya 13 años, en que se contabilizan las muertes como consecuencia de este tipo de violencia gratuita y perversa, son 870 las mujeres asesinadas. El pasado año 44 y además un menor de edad, Sólo en lo que va de año se contabilizan 25 mujeres y 4 menores de edad. Teniendo en cuanta que la Organización terrorista ETA asesino entre 1960 y 2011, año en que declaró el cese definitivo de su actividad armada, a un total de 829 personas, la cosa parece ser muy muy seria.

Según el artículo 3 de la ley de Medidas de Prevención y Protección Integral contra la Violencia de Género, se entiende por tal la manifestación de discriminación, situación de desigualdad y relaciones de poder que ejercen los hombres sobre las mujeres por el mero hecho de serlo. Comprende cualquier acto de violencia basada en género que tenga como consecuencia, o que tenga posibilidades de tener como consecuencia, perjuicio o sufrimiento de la salud física, sexual o psicológica de la mujer, incluyendo amenazas de dichos actos, coerción o privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada[i].

Este tipo de violencia puede alcanzar su última fase, su fase de cobardía suprema, quitando la vida a la mujer, mujer a la que seguro que con anterioridad el criminal había arrebatado muchas cosas más. Tan sádico puede llegar a ser el comportamiento de estos bárbaros que en ocasiones son capaces de arrancar la vida a menores para hacer sufrir a sus madres. ¿Son enfermos? ¡No son asesinos!

Tenemos muchos nombres para este tipo de comportamientos antisociales: violencia familiar, violencia doméstica, malos tratos, violencia de género, etc.; pero todas ellas implican enormes dosis de crueldad por parte de sus autores, individuos que comparten la falsa creencia de que las mujeres son una “propiedad privada” de la que pueden disponer a su antojo. ¡Cuántos mitos nos quedan por derriban, cuántas tradiciones por olvidar!.

Las mujeres son iguales a los hombres en todo tipo de derecho, lo fueron desde el origen de los tiempos y lo serán hasta el final de los días, esta es la razón por la que erradicar la violencia de género implicar por igual a hombres y mujeres, y debe ser una prioridad para las Administraciones Públicas al igual que sucedió con la lucha contra el terrorismo. Hay que comenzar por dinamitar el velado apoyo social que muchos dispensan a los maltratadores, o al menos la falta de interés, hechos que se asienta sobre falsas y caducas creencias de superioridad. Información, apoyo y educación son las armas.

Un comportamiento que me resulta curioso por parte de estos asesinos es que una vez cumplido su cruel acto, se entregan a las autoridades y reconocen su crimen, cuando no pone fin a su vida, y uno se pregunta, perdónenme la crueldad que esto implica ¿por qué no empiezan por el final?

Y para terminar, que mejor que unas palabras de mi admirado Eduardo Galeano: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Y lo cierto es que la mujeres son suya, muy muy suyas.

 

[i] Ley 13/2007, de 26 de noviembre