Martes, 30 de mayo de 2017

Jesucristo y Buda, no violencia y pacificación: Nuevo texto del Vaticano 

El Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, presidido por el cardenal Taurán, ha publicado un mensaje dirigido a los budistas con motivo de la festividad de Vesakh/Hanamatsuri (
press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/04/22/ves.html), poniendo de relieve las fuertes conexiones entre budismo y cristianismo, en el compromiso a favor de la justicia social y de la paz.

Es un documento novedoso y sorprendente, pues felicita a los budistas por su fiesta, orando por ellos, con el deseo de colaborar de un modo fraterno en el camino que lleva a la reconciliación por la paz

Éstas son algunas de las afirmaciones principales del mensaje (que reproducimos íntegro al final de esta postal):

Núm. 1. Felicitación... Enviamos nuestros mejores saludos, buenos deseos y oraciones para Vesakh. ¡Que esta fiesta traiga alegría y paz a todos vosotros, a vuestras familias, comunidades y naciones!

3. Jesucristo y Buda promovieron la no violencia y fueron constructores de paz. «Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia» (Papa Francisco).

4. Vuestro fundador, Buda también anunció un mensaje de no violencia y paz, exhortando a todos a «vencer al que está enojado con el no enojarse, al malvado con la bondad, al mísero con la generosidad y al mentiroso con la verdad» (Dhammapada, n. XVII, 3).

6.Estamos llamados a una empresa conjunta: estudiar las causas de la violencia; enseñar a nuestros respectivos seguidores a luchar contra el mal en sus corazones; librar del mal tanto a las víctimas como a los autores de la violencia; formar los corazones y las mentes de todos, especialmente de los niños, a amar y vivir en paz con todo el mundo y el medio ambiente; enseñar que no hay paz sin justicia, ni verdadera justicia sin perdón…

Un documento controvertido


No todos han aceptado bien este mensaje, que responde a la inspiración más honda del pontificado de Francisco, pero que, según algunos católicos, va en contra de la tradición cristiana y de la singularidad divina de Jesús:

1. Así hace por ejemplo el “portal” Catholicus:

(http://catholicvs.blogspot.com.es/2017/04/de-mal-en-peor-nuevo-mensaje-del.html), en un trabajo: De mal en peor: nuevo mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso equipara a Buda con Nuestro Señor Jesucristo y promueve la no-violencia medio ambiental y otros disparates.Evidentemente, para ese portal, la línea y doctrina de S. S. Francisco, expuesta en este documento, es no sólo un “disparate” religioso, sino también social… en un camino que va del mal en peor.

2). Por su parte, Infocatólica (http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=29192 )

presenta de un modo neutral la noticia y el texto del Consejo Pontificio, pero lo interpreta (lo matiza y refuta) después con un trabajo Bruno M. titulado Budismo y cristianismo, como la noche y el día, en el que se dice en el fondo lo contrario a lo que quiere la Comisión Pontificia.

3. A juicio de estos y otros autores, este documento que retoma el espíritu del Papa Francisco nos sitúa ante un caso claro de sustitución, más que de simple “reinterpretación” doctrinal. Estaríamos ante un cambio de postura de la Iglesia Católica que se sitúa en una línea peligrosa de nivelación de las religiones, promoviendo gestos que parecen buenos, de comunión social y de opción a favor de los más pobres, pero que olvidan la singularidad divina de Jesús y la verdad especial del Cristianismo (como en el fondo cristianismo y budismo dieran lo mismo).

En vez de querer convertir a los budistas... se les felicita por lo que son:

El año 2000, la Congregación por la Doctrina de la Fe, presidida por el Card. J. Ratzinger una Declaración titulada Dominus Iesus (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000806_dominus-iesus_sp.html ), en el que insistía en la gran diferencia “dogmática” entre Budismo y Cristianismo, con afirmaciones que llegaron a causar enfado en ciertos círculos budistas.

Ahora, el año 2017, sin ir externamente en contra de aquella Declaración, el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso ha enviado a los budistas un mensaje de Felicitación y Solidaridad, poniendo de relieve las fuertes conexiones prácticas entre budismo y cristianismo. Se pasa así del plano de de la “diferenciación dogmática” (que ha de estudiarse en otro nivel) al plano de la colaboración práctica, en el campo de la justicia social, de la preocupación por los pobres y de la búsqueda de la paz.

En ese contexto quiero ofrecer una reflexión sobre el sentido de la búsqueda de la paz en el budismo, en comparación con el cristianismo, recogiendo después, como anejo, el Documento del Consejo Pontificio.

BUDISMO Y CRISTIANISMO, UN CAMINO DE PAZ
(Temática tomada de El camino de la Paz)

Esta reflexión, tomada básicamente de mi libro El camino de la paz (imagen 3), consta de dos partes. La primera sitúa el mensaje y camino de paz del Budismo en la línea del Hinduísmo Clásico, representando por la figura de Arjuna, en la Bagabad Gita, el Cántico del Bienaventurado. La segunda parte pone de relieve la relación entre budismo y cristianismo en el camino de la paz.

1. Arjuna y Buda, paz sólo interior y completa

El budismo comparte muchos del hinduismo clásico, pero ha desarrollado otros, a partir de la experiencia de Buda, entre ellos la negación del sistema de castas (que ratifica un tipo de imposición social) y la exigencia de una no-violencia, vinculada a la misma negación de las castas.

En el principio del budismo está Gautama Sakyamuni, un príncipe guerrero del norte de la India, bajo el Himalaya. No era brahmán de nacimiento, contemplativo, experto religioso, sino un noble, igual que Arjuna, protagonista de la Gita, pero su principal aportación no ha sido alcanzar la paz interna, en medio de la guerra, sino superar la misma guerra externa, con la división de castas. Por eso ha buscado la raíz de la violencia y la desdicha humana, en el mismo corazón de la vida, como indica la leyenda de sus cuatro encuentros.

1. Un enfermo. La guerra puede ser ocasional y, en principio, podría superarse. Lo que no se puede superar es un tipo de malformación o enfermedad que postra al hombre, arrojándole en un lecho de dolor. Somos enfermos, esta es nuestra primera experiencia.

2. Un anciano. Arjuna quedó impresionado por la dureza de la muerte en guerra. Buda descubrió que la violencia de la muerte era anterior; se hallaba vinculada a la misma constitución temporal del hombre, a su forma de vivir sobre la tierra. Así descubrió la paradoja de que lo más hermoso (vivir muchos años) resulta lo más doloroso (vejez)

3. Un muerto. No necesitó ir a la guerra para encontrarse con él, no fue a los campos de tortura, ni a los lugares donde algunos son asesinados por otros. Supo que la muerte era lo más "universal y democrático", la violencia suprema de la vida, aquella guerra con la que todos debemos inexorablemente enfrentarnos.

4. Iluminación. Las tres violencias anteriores (enfermedad, vejez y muerte) hicieron que Gautama buscara primero a los monjes para que le enseñara a superarlas, pero no lo consiguieron. Sólo tras abandonar a los monjes, tras un largo camino, bajo el árbol de la luz, junto al río Ganges, en Benarés, alcanzó la iluminación, que le hizo Buda, el Iluminado.

Este cuarto encuentro, en el que descubrió en sin-sentido de las grandes violencias de la vida, hizo de Gautama el Gran Buda, esto es, el Iluminado. Así pudo ver que la guerra de la vida no se resuelve con medidas de violencia externa (guerra sagrada), ni de superación interna, mientras la vida exterior sigue batiéndose en la guerra (como en la Gita), sino a través de un renacimiento integral.

1. Superar la guerra interna, superar el deseo. Para Buda la pacificación interior trasforma al hombre entero, de parece que puede y debe vivir pacificado en todos sus niveles, teniendo que optar según eso por una no-violencia activa en plano militar. Lo que al hombre le destruye no son nunca los demás, sino sus propios deseos, que le atan a una vida de muerte. Por eso, lo que importa no es luchar contra los deseos de los otros violentos de los otros, sino contra los propios que nos esclavizan.

2. Superar la guerra externa… Quien supera de esa forma los deseos debe superar también toda lucha externa o guerra, en una línea de solidaridad universal o de “karuna”, que consiste en vivir en comunión con todos los vivientes, y en especial con los hombres, en un gesto de benevolencia activa. En esa línea, Buda promueve una liberación total (una no-violencia plena) que se expresa en ocho momentos: recta visión, recto pensamiento, palabra justa, esfuerzo contra el mal, atención y concentración. Todo ello culmina en las tres grandes prohibiciones (no-matar, no-robar, no-mantener relaciones sexuales de violencia contra los demás…).

3. No matar. En ese contexto tiene importancia especial la primera prohibición (no-matar), definida como no violencia o ahimsa, tanto en el aspecto negativo (no matar, no agraviar, evitar la guerra) como en el positivo (suscitar la paz, proteger la vida). Suele llamársele también mandamiento de no hacer daño, de no ofender a los demás, tanto en el aspecto interior como exterior. No se trata sólo de superar la violencia interior, sino también la violencia externa.

4. Unión de lo interno y de lo externo. Pues bien, en contra de las visiones anteriores, tanto el budismo como el cristianismo han querido unir los dos niveles: superar la violencia interna (agresividad, odio….) y también la violencia externa. Por eso, al evangelio le preocupa no sólo el no-matar (lo externo), sino también el no-airarse con el prójimo y viceversa (cf Mt 5, 21-26). También Buda ha buscado el desarme interno y externo, en gesto que quiere abarcar la vida entera.

2. Budismo y cristianismo. No- violencia y amor activo

Budismo y cristianismo constituyen, posiblemente, las dos creaciones supremas del espíritu humano, los dos intentos más altos de pacificación humana. Ambos implican un tipo de revelación sagrada o iluminación, vinculada en el cristianismo al Dios personal (Padre) encarnado en un hombre (Jesucristo) y expresada en el budismo por la Ley del Dharma, que se muestra en los iluminados o Budas, en los que importa más el ejemplo de su vida que su historia (pueden no haber existido). Estamos ante dos caminos fuerte de no-violencia activa, como dice A. Schweitzer, premio Nobel de la paz (El pensamiento de la India, FCE, México 1971, pp. 104-107).

La ética de Buda es distinta de la ética de Jesús en cuanto aquel (Buda) no pidió verdadero amor activo. Jesús y el Buda tienen en común que su clase de ética, por estar bajo la influencia de la negación del mundo de la vida, no es una ética de acción sino de perfección interior. En ambos, la etica de perfección interior está regida por el principio del amor. Lleva por tanto en sí la tendencia a expresarse en acción y desde este punto de vista presenta cierta afinidad con la afirmación del mundo y de la vida. En Jesús, la ética del perfeccionamiento del yo ordena el amor activo; en el Buda no va tan lejos.

La importancia de Buda consiste en que se propuso espiritualizar la negación del mundo y de la vida y hacerla ética. La espiritualizó, enseñando a los hombres a considerar el apartamiento del corazón de las cosas materiales como más importante que la renunciación del mundo en la práctica. Al propio tiempo exigió a sus discípulos que expresaran externamente en conducta ética su emancipación interior del mundo.

«Como su pensamiento estaba dominado por la negación del mundo y de la vida ocurrió que para él no contaba la ética de la ayuda activa. De modo que se vio obligado a desinteresarse de esta ética exotérica y sólo puro preocuparse por la ética esotérica; se preocupó de esa disposición libre de odio, pacífica y bondadosa que todo hombre debe esforzarse por adquirir y por poner a prueba en sus relaciones con sus semejantes. Así se convirtió en el creador de la ética de la perfección interior. En esta esfera dio expresión a verdades de valor imperecedero y perfeccionó la ética no sólo de la India sino de la humanidad. Fue uno de los más grandes hombres éticos de genio que han existido» .

Podíamos añadir que unos y otros concuerdan en el principio de la no-violencia, pero cada uno lo interpreta a su manera, en una línea más interior o esotérica (budismo) o en una línea más exterior o exotérico (cristianismo). Buda acentúa la negación, la superación del deseo; Jesús, en cambio, insiste también en la obra externa, entendida a modo de comunicación personal, en el gesto de ayuda hacia los necesitados.

Parece que Buda no cree en la transformación (salvación) del hombre en este mundo ni en el amor positivo y externo entre los hombres; pero todo su mensaje interior de superación del deseo tiene que llevar a ese amor externo, a la benevolencia entre los hombres, a la superación de toda guerra. Jesús empieza acentuando quizá más el acto externo (la transformación social, la no–violencia militar….), pero su programa incluye al mismo tiempo (como base) una intensa transformación interna.

1. Buda se sitúa en una línea en la que se acentúa más la negación del deseo que encadena al ser humano sobre el mundo, haciéndolo violento y desgraciado. Ciertamente, en la otra cara de esa negación emerge una propuesta: superado el deseo, puede surgir y surge la humanidad no violenta, liberada (el grupo de sus monjes). Jesús, en cambio, empieza con la afirmación: quiere el amor; cree en la transformación positiva y creadora del deseo, de manera que los hombres pueden gozar viviendo y compartiendo lo que son, en gesto de comunicación creadora. Es como si Buda se quedara a la puerta y dijera: sólo podemos superar el deseo, para vencer de esa manera la violencia. Jesús, en cambio, se atreve a pasar esa puerta, para comunicarnos la vida de un modo gratuito, invirtiendo así la lógica de violencia de la guerra.

2. Buda toma como punto de partida el dolor, vinculado al deseo, y busca la liberación de ese deseo/dolor; por eso es muy sobrio en sus afirmaciones, tanto en relación con una posible divinidad (gracia que está al fondo de su iluminación, del dharma búdico) como en relación con lo nirvana (paz final). Jesús, en cambio, toma como punto de partida el amor de Dios a quien concibe como Padre, de quien brota la liberación del deseo egoísta y la instauración de un estado de no-violencia activa. Lo contrario a la guerra no es la no-violencia sin más, sino la comunicación gratuita y creadora de la vida.

3. El amor del Buda histórico o de los budas simbólicos vale como "ejemplo", porque cada uno tiene que liberarse a sí mismo, en camino de intensa iluminación. Es evidente que los iluminados pueden acompañarse, en gesto de compasión intensa (karuna), pero, en el fondo, cada uno acaba siendo un solitario. En ese aspecto (al menos desde las perspectivas más antiguas) Buda no aparece como liberador: no ha vivido ni ha muerto por los otros. Por el contrario, el amor de Jesús implica un gesto activo, que culmina en la entrega de la vida (en la muerte violenta en el Calvario). Para los cristianos, Jesús es más que un simple iluminado (un ejemplo); él es presencia de Dios, un redentor mesiánico.

4. Buda inicia un camino "monacal": saca a los iluminados del mundo, para que puedan vivir la experiencia más intensa de una vida más allá de los deseos. No quiere transformar el mundo, sino hacer que algunos se liberen de este mundo; por eso, en el fondo, exige a los perfectos la continencia sexual. Por el contrario, Jesús ha iniciado un camino de no-violencia mesiánica; su proyecto no es de tipo monacal, sino que está abierto a todos los hombres y mujeres, a quienes ofrece el testimonio de su nueva humanidad, de una comunicación creadora de vida (abierta a la generación, esto es, a los hijos). Por eso, su religión (su vida) es un proceso de comunicación gratuita .

De todas formas, estas diferencias van más en la línea de los matices, pues en el fondo budismo y cristianismo buscan una misma paz total, una no violencia interior y exterior. Suele decirse que el budismo ha tenido una historia menos violenta que el cristianismo, quizá por su misma actitud de reserva frente al mundo y por su menor implicación política. Por el contrario, los cristianos, que han creído y siguen creyendo que se puede trasformar este mundo por la paz, en actitud de amor activo, han sentido la tentación de tomar el poder y controlar sus mecanismos para así 'mejorar' en amor a los demás. Es evidente que muchas veces se han vuelto opresores y los siguen siendo todavía en ciertos campos. No se trata aquí de comparar ni condenar a unos u otros, aunque la perspectiva cristiana nos sitúa en una línea de mayor encarnación activa.

MENSAJE DEL CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO CON MOTIVO DE LA FESTIVIDAD BUDISTA DE VESAKH/HANAMATSURI

press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/04/22/ves.html

Vesakh es la festividad más importante para los budistas. Es una conmemoración de los acontecimientos principales de la vida de Buda.
La fiesta de Vesakh/Hanamatsuri 2017, se celebra en los países de cultura budista en diversas fechas, siguiendo las diferentes tradiciones. Este año los países de Asia Oriental la celebran el 3 de mayo, mientras en la mayoría de los países de tradición budista se celebrará el 10 de mayo.
En esa ocasión el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso ha envíado a los budistas el mensaje siguiente.

« Cristianos y budistas: Recorramos juntos los caminos de la no violencia»

Estimados amigos budistas:
1. En nombre del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, enviamos nuestros mejores saludos, buenos deseos y oraciones para Vesakh. ¡Que esta fiesta traiga alegría y paz a todos vosotros, a vuestras familias, comunidades y naciones!

2. Este año queremos reflexionar con vosotros sobre la urgente necesidad de promover una cultura de paz y no violencia. En nuestro mundo la religión está en los titulares, aunque a veces de maneras contradictorias. Mientras que muchos creyentes se comprometen a promover la paz, otros utilizan la religión para justificar sus actos de violencia y odio. Vemos cómo se ofrecen a las víctimas de la violencia curación y reconciliación, pero también intentos de eliminar todo rastro y memoria del «otro». Se abre camino la cooperación religiosa mundial, pero se asiste también a la politización de la religión; hay conciencia de la pobreza endémica y del hambre en el mundo y, sin embargo, prosigue la deplorable carrera de armamentos. Esta situación exige una llamada a la no violencia, un rechazo de la violencia en todas sus formas.

3. Jesucristo y Buda promovieron la no violencia y fueron constructores de paz. Como escribe el Papa Francisco: «También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017. La no violencia: un estilo de política para la paz, n 3). El Papa también hace hincapié en que «Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad» (cf. Ef 2,14-16). En consecuencia, «Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia» (ibid).

4. Queridos amigos, vuestro fundador, Buda también anunció un mensaje de no violencia y paz, exhortando a todos a «vencer al que está enojado con el no enojarse, al malvado con la bondad, al mísero con la generosidad y al mentiroso con la verdad» (Dhammapada, n. XVII, 3). También enseñó que «la victoria genera enemistad; los perdedores sufren. Viven en paz los pacíficos abandonando la victoria y la derrota» (ibid., XV, 5). Por lo tanto, se dio cuenta de que la conquista de sí mismo vale más que la conquista de otros «aunque uno pueda conquistar mil veces mil hombres en la batalla, el ganador más noble es en cualquier caso el que se vence a sí mismo» (ibid, VIII, 4).

5. A pesar de estas nobles enseñanzas, muchas de nuestras sociedades tienen que hacer frente a las repercusiones de las heridas pasadas y presentes causadas por la violencia y los conflictos. Este fenómeno incluye la violencia doméstica, además de la violencia económica, social, cultural, psicológica, y la violencia contra el medio ambiente, nuestra casa común. Es triste que la violencia engendre otros males sociales, por eso «la elección de la no violencia como forma de vida se vuelve cada vez más una exigencia de responsabilidad en todos los niveles» (Discurso del Santo Padre Francisco con motivo de la presentación de cartas credenciales, 15 de diciembre 2016).

6. Mientras reconocemos el carácter único de nuestras dos religiones, con las que seguimos comprometidos, estamos de acuerdo en que la violencia surge del corazón del hombre, y en que los males de la persona desembocan en los males estructurales. Por lo tanto, estamos llamados a una empresa conjunta: estudiar las causas de la violencia; enseñar a nuestros respectivos seguidores a luchar contra el mal en sus corazones; librar del mal tanto a las víctimas como a los autores de la violencia; formar los corazones y las mentes de todos, especialmente de los niños, a amar y vivir en paz con todo el mundo y el medio ambiente; enseñar que no hay paz sin justicia, ni verdadera justicia sin perdón; invitar a todos a cooperar en la prevención de conflictos y en la reconstrucción de las sociedades quebradas; alentar a los medios de comunicación a evitar y combatir el discurso del odio, y la información sesgada y provocadora; impulsar las reformas educativas para evitar la distorsión y la mala interpretación de la historia y de los textos escriturarios; y orar por la paz en el mundo recorriendo juntos el camino de la no violencia.

7. Queridos amigos, podemos trabajar activamente para promover en nuestras familias, y en las instituciones sociales, políticas, civiles y religiosas, una nueva forma de vida en que se rechace la violencia y se respete a la persona humana. Con este espíritu os deseamos una vez más una fiesta pacífica y alegre de Vesakh.

Jean-Louis Cardenal Tauran
Presidente
+ Miguel Ángel Ayuso Guixot MCCJ
Secretario