Sábado, 29 de abril de 2017

Lo de Corín

Teresa González es una mujer bondadosa, super amable y con un punto de distinción universitaria que la hace muy atractiva, aunque la juventud la mire ya desde la lejanía. Teresa ha leído tanto a Corín Tellado que está embrujada de ella, de su mundo sentimental agónico y tremendo, imperfecto, señorial, altivo y bucólico. Y luego ya, al final fueron felices y comieron perdices. Y como decía aquella Susanita de la genial Mafalda: “Hijitos”. ¿Estudiar la mujer?, ¿para qué?, si se va a casar. Contentar al marido, que era quien llevaba el dinerito a casa, y la mujer en casita para hacer la comida y cuidar a los niños, como Dios manda. Como mandaba la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera.  Eran otros tiempos, otra época (40 del ala). Y la Tellado fue la vocera literaria que dio de soñar a tantas y tantas mujeres. Que no es poco, dar de soñar en años tan cerrados, encorsetados y grises. Los “abrepuertas” del metro escondían en el bolsillo trasero del pantalón la novelita de Marcial Lafuente Estefanía. Las mujeres intercambiaban en el kiosko a Corín Tellado. Yo, personalmente, no leí ni a uno ni a otro. Mi baja pasión era El Jabato y el Capitán Trueno, que no dejaba moro con cabeza (perdón). Me pasé muy joven a leer poesía (Hernández, Machado…)

 Una mujer de armas tomar esta María del Socorro Tellado. Que escribía una novelita cada tres días y hacía funcionar la caja registradora de Bruguera a todo trapo.

 ¡Ah, el amor!, ¡da para tanto el amor!. ¡Y el desamor más aún!.

 Porque tengo que abrir la tienda que si no me casaba con Teresa ahora mismo y me iba a recorrer mundo con nuestro amor vaporoso y libre en bandolera. Y la admirable, generosa y currante Corín levantándose a las cinco de la mañana para escribir nuestra historia. ¡Joder, qué Bet-Seller!.