Miércoles, 23 de agosto de 2017

Vientres de alquiler, o su eufemismo: “Gestación subrogada”

¿El dinero puede comprarlo todo?

Puedo entender ¿cómo no?, la “necesidad” imperiosa de algunas personas de tener un hijo o hija propios, alguien que lleve tus genes, que se parezca a ti, que le conozcas perfectamente por dentro y por fuera… Yo también lo sentí, por eso tengo 2 hijos y encima reconozco que me hubiera gustado tener 3 ó más.

Pero ¿a cualquier precio?

Un embarazo no es precisamente algo baladí. Es casi un año de malestares, de preocupaciones, de dolores, de cambios físicos y mentales que a veces se quedan para siempre, coronados por un parto que, aún hoy, todavía es causa de muerte, aunque esos desgraciados casos sean cada vez menos.

Es cierto que el embarazo también tiene cosas buenas, pero las que yo recuerdo están todas relacionadas con la esperanza de verle la carita, de verle crecer y ayudarle y acompañarle en ese crecimiento; de enseñarle todo lo que sabes, para que no solo tu ADN no se pierda, sino que tampoco se pierda todo ese conocimiento adquirido. En la gestación subrogada esa esperanza no existe, una vez que nazca la criatura no la volverás a ver. Después del parto, solo te quedará el vacío. El vacío y los “recuerdos” permanentes que dejan casi todos los embarazos.

Me cuesta creer que haya muchas mujeres tan altruistas que estén dispuestas a todo ese sacrificio a cambio de nada o casi nada. Y menos en España, donde el índice de natalidad es uno de los tres más bajos de Europa. “O sea, las mujeres no quieren (o no pueden por presiones laborales por ejemplo) tener hijos propios pero sin embargo, hay legión deseando tener hijos para regalarlos…”

 

No, no me lo creo. No me cuadran las cifras.

 

Las otras cifras sí me cuadran: las del dinero que todo lo puede, que todo lo compra, y que por tanto, puede comprar un hijo a la carta: con mis ojos, con la nariz de la abuela y con el carácter de…

Pero si no puede ser con mis genes, “tampoco pasa nada, se recurre a un donante y ya está” (frase oída literalmente a una madre de dos niñas por “gestación subrogada” en un programa de televisión sobre el tema, hace unos días).

O sea que el interés en que herede mis genes tampoco es lo más importante. No entendí por qué esta persona no recurrió a la adopción, hasta que unos días después leí en Facebook lo que decía un hombre: “Yo quiero ser padre ahora, no puedo esperar los 8 años a los que se puede alargar una adopción, porque a lo mejor entonces yo ya no quiero ser padre”.

Y estas son las “razones de peso” que alegan algunas de las personas que están a favor. Ustedes llámenlo como quieran, yo lo llamo “alquilar vientres de mujeres pobres para satisfacer los deseos de las personas económicamente menos desfavorecidas, en esta sociedad cada vez más materialista y más deshumanizada”