Martes, 26 de septiembre de 2017

Tráfico, ¿exceso de celo?

Sucedió el sábado santo al lado de la DSA-523, de la Red Primaria de la Diputación, que lleva desde Ledesma a Golpejas, y a la altura de Espino de los Doctores. Eran 48 personas que estaban tomando alguna fruta  que les ofrecía una buena vecina de Espino, como estaba previsto y viene haciendo desde hace 20 años. Han venido por la carretera, ordenadamente, cuidadosamente, pacíficamente, solidariamente de tres en tres y quizás en algún momento hasta de cuatro en cuatro y se han detenido en Espino para tomar ese refrigerio.

Estando allí, fuera ya de la carretera por supuesto, se presentan dos empleados de la Jefatura de Tráfico, con toda corrección también por supuesto, para denunciarles por hacer una marcha prohibida por una vía pública como es la carretera de la Diputación DSA-523  y no contar con la autorización correspondiente. Todo legal por supuesto, porque no había permiso (sí fue gestionado pero ante el gasto de más de 500 euros por 8 kilómetros de una carretera como la DSA-523 y siendo en un día que apenas hay tráfico de nada y más por esa carretera, se abandonó, quizás con poco acierto, tal pretensión) para una marcha de esa longitud por una vía como ésa y para una actividad que se viene haciendo feliz y pacíficamente desde hace un cuarto de siglo.

 Aunque también es cierto que los guardias enviados al efecto no vieron a los caminantes ir por la carretera, pues ellos llegaron cuando estaban parados junto a una de las casas de Espino de los Doctores (“doctores” tiene a quien proceda para juzgar el peso de la acusación), de forma que difícilmente pueden aportar prueba física los denunciantes, o quizás no sea necesaria en estos casos, que no lo sé, pero de hecho no la hay para denunciar la infracción e imponer la multa  y, aún más, luego les indicaron que podían seguir hasta Golpejas (señal de buena voluntad por parte de ellos) caminando por la carretera de tres en tres o de cuatro en cuatro, ordenadamente, cuidadosamente y pacíficamente, como habían hecho antes. Cosa que hizo el grupo y así entre ironías, sorpresa y protestas llegó el grupo, ya con permiso verbal, caminando unos kilómetros por la DSA-523 sin permisos de la Junta, a la parroquia de Golpejas, para volver luego en coche a Ledesma como estaba cuidadosamente previsto.

Eso sí, por muy solidaria que fuera la marcha (cada participante da un dinero para un proyecto de Manos Unidas como aportación voluntaria por participar en la Marcha) la multa es lo que marca la ley: 500 euros por practicar una actividad no permitida. Y así, cuidadosamente, se cumple la ley hasta en un rincón como los aledaños de la carretera de la Diputación DSA-523, que ya es afinar fino (la reduplicación estás justificada). Pero también es legal que el legislador tenga en cuenta en cada caso no sólo la letra sino el espíritu de la ley, que es lo que la hace prudente y justa. Por eso espero que la denunciada haga su alegación como permite la ley y en este caso le sea retirada la multa. Ya les diré el resultado, que espero que sea positivo.

Y entonces el que ve esto piensa varias cosas y escribe sólo estas dos o tres:

Una, que toda preocupación por los viandantes es poca, pero, ¿se ha aplicado en este caso el espíritu de la ley o sólo su letra? Los organizadores anduvieron por la Junta preguntando lo del permiso, pero al ver el precio se desanimaron. ¿Hubo algún empleado que dio la voz de alarma y se pusieron en marcha las poderosas maquinarias autonómicas hasta dar con el sitio y enviar dos guardias? ¿No es de admirar y aplaudir esta tan grande solicitud profesional? A no ser que algún improbable ciudadano de Ledesma diera el soplo, que ya es difícil y si así fue parece un exceso de participación ciudadana, que tanto falta en tantos asuntos de importancia.

Otra, si no consta ni se supone el desorden, ni la violencia, ni el desmadramiento, ni la temeridad, sino más bien todo lo contrario, ¿qué aconseja la prudencia de la política de tráfico un sábado santo en una carretera sin tráfico ni relevancia como es la DSA-523?  Aunque ya digo, “doctores tiene…”.

Tercera, no creo, de verdad que no creo semejante cosa, que ese extraño e inútil (bueno después de todo son 500 euros de recaudación) afán de seguridad vial se deba a alguna animadversión ideológica contra una actividad que al fin y al cabo organiza alguien de la Iglesia para una Organización diocesana. Oh, nunca se sabe, pero tampoco sería la primera vez. Pero ya digo, esto, que casi es lo primero que viene a la mente, sin duda como falsa explicación, no me lo creo yo. Seguramente todo se deba a la obligación que tiene la Junta y la Jefatura de Tráfico de velar por la seguridad en las vías públicas y no hay más. Pero choca un poco y hace sonreír, aunque con un poco de rabia pequeña. Dios, qué buenos vasallos, estos empleados, si oviessen…. Ya saben, Cantar del Mío Cid,  v. 20.

Y Cuarta, que este sucedido choca frontalmente con otros descuidos, otras ilegalidades de alto formato y proporción, que se mantienen tan tranquilas, sin multa ni alarma, aun con denuncias por medio. Y aquí, sí que piensa mal el que escribe y repite: Ay del de abajo, que tendrá que soportar, discriminadamente, el peso de la ley que administran los de arriba.

Bueno, todo esto es una anécdota, pero en este caso me parece que pasa a categoría en algunos aspectos.  Por eso lo traigo aquí y hago estas reflexiones. Con respeto y sin ira. Y defendiendo la legalidad, por supuesto. Ah, la legalidad y su dosis de epiqueya también contemplan, y a veces aconsejan, el perdón de la multa.