Jueves, 29 de junio de 2017

Mala Madre

El tiempo de resurrección nos recuerda que en este país nuestro lo mejor que puede hacer uno es morirse para que le canonicen los foros, los medios y hasta los enteros. Morirnos y si es posible, jóvenes, guapos, en el mejor momento, radiantes de luz y de posibilidades. Entonces todo se nos perdonará, todas las virtudes eclipsarán a los defectos y hasta contemplaremos el hipotético futuro que nos hubiera esperado de seguir vivos en medio de la jungla. Esa que se detiene frente a un féretro y se ahoga de rosas rojas y de lamentos mientras a nuestro alrededor se afilan los puñales.

         Tengo que reconocer que no era Carme Chacón mi apuesta por un PSOE diferente. Lo mío era loar a Madina, sin embargo, visto con triste retrospectiva, qué hermoso hubiera sido tener a esa mujer decidida de presidente del gobierno para continuar lo bueno de Zapatero y encarnar la dificultad, esa que no supo resolver Rubalcaba con toda su experiencia. Pero no nos gusta la novedad o 22 votos se decantaron por recordarnos que Chacón era mujer, o catalana, o excesivamente seria y sobria. Precisamente lo que ahora las redes sociales nos niegan: una mujer vitalista, capaz de enfrentarse a la enfermedad, madre por encima de quienes se lo desaconsejaban. Quizás si lo hubiera dicho antes, el hecho de que era una enferma crónica que se peleaba contra sí misma, hubiera llegado todo lo lejos que un partido lastrado no le dejó subir. Zapatero ilusionó y decepcionó tanto que pagaron las culpas un Madina excepcional y una Chacón que quizás no calibró el riesgo. Y el resultado fue un nombre que nadie conocía, una posibilidad que se convirtió en fracaso, una terna actual de la que salvaríamos a Patxi López y más de lo mismo. López es un segundo Rubalcaba, lo viejo frente al oropel y lo nuevo. No es Susana ni lo nuevo ni lo viejo, es, y me disculpan, lo accesorio.

         La muerte de Chacón me ha dolido donde soy madre y donde recuerdo a aquella embarazada tremenda que se subía a los aviones a pasar revista a hombres recios que nunca se vieran en semejante tesitura. A Chacón todo esto de las malas madres seguro que le hacía mucha gracia, cuando uno tiene medios y dinero para criar a un hijo no se le pasa por la cabeza eso de perder la ídem. Lo de querer tirarlos por una ventana le pasa a las que somos trabajadoras, madres que vivíamos lejos de las abuelas, mujeres monoparentales que durante horas intentamos mantenerlo todo en orden y a veces, perdemos la poca calma que nos queda. Sí señores, soy una madre nefasta, puedo reconocerlo desde el feminismo y desde la calma: yo no me arrepiento de ser madre, pero sí reconozco que, en ocasiones, me he visto perder hasta el último de mis papeles. Esos que ahora cuestionan no solo la maternidad, sino el dolor, la desesperación por serlo y no serlo. A mí la tripa de Chacón me parecía tan icónica como el matrimonio de Zerolo. A mí el ministerio de Aído o Pajín me parecían tan estúpido como el estado económico de negación de Zapatero. A mí que cada una sea madre como le dé la gana y sobre todo, que sea libre para decir que a veces, en ocasiones, la desesperación nos puede. No me arrepiento, no, pero no le vendo la burra a nadie, yo, orgullosa, feliz madre.

 

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.