Sábado, 17 de febrero de 2018

Pasos y posos

Se nos marcha a los salmantinos una nueva Semana Santa en la que lo importante vuelve a ser no lo que ha pasado, sino lo que deja tras de sí

Es tan larga la espera hasta el Domingo de Ramos que cuando llega el Domingo de Resurrección se tiene la sensación de que todo ha pasado demasiado rápido. Por ello, para resumir en condiciones  una Semana Santa es necesario hacer siempre un profunda reflexión, sacar la balanza y analizar día por día, momento a momento todo lo que pasado y lo que nos queda de todo ello. Algo tan simple como ordenar, pero que se vuelve complejo cuando hablamos de emociones, sentimientos y la huella que dejan.

Nos deja esta Semana Santa al público convirtiendo en tradición el agolparse en las puertas de San Benito esperando la salida del Despojado en la víspera del Viernes de Dolores y el reguero de gente acompañando al de las vestiduras rasgadas por la calle Compañía antes de volver a ponerse bajo la mirada de la Inmaculada.

Nos deja un Viernes de Dolores en el que la Pasión se hizo calle y Salamanca arropó a La Dolorosa. Una tarde-noche de contrastes entre la oración y el ambiente festivo y turístico al son de músicos callejeros, como preludio de la salida de aquel que mora en el cementerio, pasando de la luz a de las antorchas al abrigo de su gente, del fuego al pueblo.

Nos deja un Domingo de Ramos espléndido, en el que vimos en la calle lo escrito en la piedra y en el que el protagonismo se lo volvieron a llevar los ojos brillantes y las radiantes sonrisas de los más pequeños, al compás de los primeros sones de la Pasión. Y una hermosa tarde en la que el Despojado abrazó a Salamanca dirigiéndose a su destino, mientras, ya cayendo la noche, un barrio asistía al último arrastre de cadenas.

Nos deja un Lunes Santo en el que aprendimos a mirar en la puerta de la Vera Cruz y vimos las miradas de la curiosidad, la amargura y el silencio observándose a sí mismo. Unas horas más tarde, miraríamos a la entrega abrazada a la austeridad.

Nos deja un Martes Santo para los estudiantes. Una noche para las promesas y la madera, de postales, de oro y luz y el peso de la cruz de vuelta a casa.

Nos deja un Miércoles Santo de azotes y arte meciéndose sobre la Historia y de las lágrimas pacientes que siguen al hijo. A las puertas del Jueves Santo, la preparación de una de las puestas en escena más brillantes de la Pasión. Y, en las primeras horas de los días grandes, el alma subiendo y las miradas volviéndose por Compañía.

En San Bernardo nos deja la Pasión de un barrio compartida con toda una ciudad. La primavera y sus detalles por el Puente Romano. El dolor de una traición por la Rúa.

Nos deja una nueva Madrugada, con las mismas emociones de siempre. Una noche eterna de alma, de lunas que se postran, de amor y dolor y la esperanza de un nuevo amanecer. Y, bajo las campanas del mediodía, madres volviendo a casa abrazando y despidiendo a sus hijos.

Nos deja un Viernes Santo en el que hemos podido orar siguiendo a San Juan de Sahagún, mezclar miradas de ilusión y miradas nazarenas por Compañía, espera y penitencia en libreros y palpar la Pasión en Espoz y Mina. El luto y el perdón partiendo de Fonseca, la Señora de Salamanca navegando entre su pueblo y, en la noche más profunda, el más sentido de los silencios.

El Sábado Santo nos deja un puente tendido desde Pizarrales para viajar desde la humildad al corazón de todos los charros. Y la vuelta a un barrio para que apagar el silencio y que surja la luz.

Y nos deja la nostalgia, la mezcla de sensaciones dejando atrás a la madre que se encuentra con su hijo, allí donde todo final siempre es un principio.

También nos deja cosas por mejorar. La educación, el respeto, encuentros y desencuentros, grúas, andamios, algún episodio vergonzoso... Siempre habrá algo por mejorar para enriquecer esta Semana Santa, nuestra Semana Santa, que siempre tarda más en llegar que en pasar, pero que nunca pasa sin dejar algo tras de sí. 

 

(Imágenes de diferentes momentos de la Semana Santa por Álex López)