Miércoles, 26 de abril de 2017

El desarme de ETA, la Victoria de la democracia

Estos días pasados hemos asistido encantados a una especie de show organizado por ETA con la colaboración de los llamados “Artesanos de la Paz”, en realidad, buenos amigos de la banda terrorista, para culminar el desarme de la banda. 
La banda terrorista ha dejado desde su nacimiento un legado siniestro con 853 muertos, centenares de heridos y un silencio aterrorizado de la gente en la mayoría de los pueblos y ciudades del País Vasco. 
Lamentablemente, el franquismo con su represión tuvo gran culpa en el nacimiento de ETA que se presentaba a sí misma como un Movimiento de Liberación Nacional al estilo de los grupos nacidos en Asia, África o América Latina. ETA en su crecimiento fue apoyada por una parte de la Iglesia Vasca que durante años justificó sus desmanes criminales en aras del nacionalismo. 
Por cierto, ¡cuánto daño han hecho los nacionalismos en toda Europa, antes y ahora¡.
Una mayoría de los ciudadanos vascos y españoles pensaron que la llegada de un régimen democrático con la Constitución de 1978 que concedió  amplias autonomías regionales iba a conseguir no solo integrar a Cataluña y el País Vasco en una España democrática cuasi federal, sino el final del terrorismo de ETA, sin embargo, el arraigo popular de ETA y el nacionalismo en Euskadi no permitió el final del terrorismo. 
En el País Vasco solo una pequeña parte de los ciudadanos se arriesgaba a condenar a ETA, mientras que otra parte miraba para otro lado o directamente justificaba sus crímenes. 
El propio Partido Nacionalista Vasco aunque estaba en contra de la violencia, siempre consideró a la banda terrorista como “hermanos descarriados”. Estos criminales convertidos en un movimiento mafioso campaban a sus anchas por el centro de las ciudades vascas, chantajeando, amenazando o extorsionando a ciudadanos, quienes la mayoría de las veces no sabían qué “crímenes habían cometido contra el Pueblo Vasco”. 
A veces usaban la presunta defensa del medio ambiente como con el rechazo de la central nuclear de Lemóniz, otras veces llevaban a cabo una razia contra vendedores de drogas pretendiendo convertirse en los “guardianes morales de la sociedad vasca”. En todos los casos sembraron el dolor y la muerte contra políticos no nacionalistas, militares y policías, ciudadanos vascos y españoles. 
La reacción de rechazo de la ciudadanía ante el asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco marcó un punto de inflexión en la pérdida de apoyo popular por parte de ETA  junto con el trabajo constante y eficiente de las fuerzas de seguridad españolas. La colaboración del Gobierno Francés ha sido clave, igualmente, en impedir los santuarios de ETA en el país vecino, que a partir de un determinado momento estuvo acosada por la policía y los jueces de Francia. 
Por otra parte, un cierto cambio de opinión sobre ETA por parte de la dirección del PNV junto con la hartura y el cansancio de los ciudadanos vascos sometidos constantemente a sus amenazas han coadyuvado también no solo a la debilidad de ETA, sino a su aislamiento ciudadano. 
Los intentos de los partidarios de ETA de conseguir ventajas impulsando una supuesta negociación entre ETA y el Gobierno español han fracasado estrepitosamente y eso ha llevado finalmente al desarme de la banda terrorista, muy debilitada por la labor policial, la pérdida de apoyos y la presencia de más de 250 etarras en las cárceles españolas. Todavía queda en el horizonte la disolución de la banda terrorista pero el fin del terrorismo etarra solo puede terminar con el relato de la Victoria de la Democracia sobre una banda criminal que no se ha arrepentido de sus crímenes.