Martes, 26 de septiembre de 2017

La mar

Aquella lejana tarde, de aquel lejanísimo día, en el que hice la entrevista al poeta y amigo José Ledesma Criado (q.e.p.d): “La poesía para mí no ha constituido ningún hobby, como alguien podía pensar, sino una auténtica necesidad y que a medida que los premios y reconocimientos iban situando mí nombre; constituía para mí una mayor exigencia”

Decía, que aquella lejana tarde de aquel lejanísimo día, cuando hicimos la entrevista en su casa, a José Ledesma, yo salí convencido de que Salamanca tenia ¡mar… o la mar!. Y este convencimiento no fue consecuencia de los “efluvios” (emisión de partículas sutilísimas) esparcidas al descorchar aquella botella de  un “tinto Velho” de Reguengos de Monjaraz portugués; que nos bebimos con anécdota incluida. Pues Pepe, tenía preparada en principio otra botella de vino Cantañade también portugués, reserva de 1980, pero ¡mecachis! Se rompió al sacarla de la nevera y nos tomamos el “tinto Velho”, que tampoco estaba nada mal…

Y salí totalmente convencido de que Salamanca tenía mar o la mar, cuando Pepe me dijo: “Descubrí Figueira da Foz a través de Santander. Mis padres iban a veranear a Santander y allí descubrí por primera vez la mar y su entorno. Pasado un tiempo me habían hablado muy bien de la localidad portuguesa de Figueira da Foz y cuando pude ir a visitarla, quedé prendado de ella, era por el año de 1962, y no solo por su luz que es especialísima, como la de Castilla, una luz emotiva; sino también por sus gentes.

Y… si Pepe Ledesma decía que: “Salamanca tenía su mar particular en Santander y sobremanera en Figueira da Foz; ¡quién era yo para dudar! de su gran sapiencia y don de gentes, no ya de la que él poseía por méritos propios, también de la que se le había “pegado” con el hablar y estar con tanta gente de valía contrastada… “Yo, al hablar de Don Miguél, entiendo siempre que, Don Miguel Unamuno”. Su amistad con Rosales, Vicente Alexandre o Gerardo Diego que en 1986 definía el despacho de Pepe Ledesma en su dedicatoria: “Para el Museo “colgado” de Pepe Ledesma” tal era el maremagnun de cachivaches y cuadros que pendían de las paredes y ocupaban los rincones. Por “ahí” andaban también las voces de Juan Ramón Jiménez, los hermanos Quintero, Margarita Xirgú, Valle Inclán, todo ello resaltado en demasía por la luz del ventana que se filtraba en el atardecer directamente desde un lateral de la Iglesia salmantina de la Purísima.

De Pepe Ledesma, de su amor por la Plaza Mayor, de su figura arropada por la “pañosa” la capa bejarana, de sus encuentros en su querida Plaza con sus cofrades Alipio Pérez, Francisco Muñoz, Enrique de Sena, dando vueltas y vueltas a la “noria”… se ha escrito mucho y yo también podría decir y contar mucho más, fue un buen amigo, con el que compartí charlas y también, lamentablemente, circunstancias familiares adversas… muy adversas.

Hoy, quisiera finalizar este –SER AUTÉNTICOS—con Pepe; en el recuerdo de aquella consola que había en su despacho donde hacíamos la entrevista; en ella estaba la bella figura de un tamborilero charro que nos miraba impávido mientras desgranaba sus hipotéticas letras que puede que fuera así…

                                               “Las sombras de la noche, las torres cantando van. Como Salamanca sueña con una torre en el mar… o la mar. Que sea de Santander o Figueira, lo mismo da”

Cuando intenté conseguir, lo que son las cosas, una botella de vino Velho portugués, de Reguengos de Monjaraz, no lo logré. Pero sí la de Casteñade; … La degusté con unos amigos en la Parcela de Villaflores; era una tarde de verano pletórica de Sol… como a Pepe Ledesma le hubiera gustado.--¡ALELUYA!

Anselmo SANTOS