Sábado, 21 de octubre de 2017

Jesús de Nazaret, sus palabras y las nuestras

Así reza  el título sugerente de este oportuno libro.  Su autor es D. Juan José Hernández Alonso, sacerdote de la diócesis de Ciudad Rodrigo,  en pasadas fechas profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de Salamanca y no hace mucho y,  por largo periodo,  profesor de Estudios Culturales de los Estados Unidos en la Universidad de Salamanca. En su madurez y serena jubilación nos ha regalado hace unos meses una monografía de  630 páginas sobre la figura de Jesús de Nazaret. Se trata sin duda de una indagación seria y profunda sobre Jesucristo.  

Este  tiempo de la Semana Santa es propicio para mirar el rostro de Cristo, no sólo porque nos asaltan las imágenes, algunas “casi divinas”, cuyos pasos acompasan el paso de los hombres de cada rincón de nuestra geografía; sino porque  en estos días dentro de los templos resuenan sus gestos y palabras en los ritos sagrados que han dado rostro y ser a lo que somos como hombres y como creyentes en este occidente cultural.

 El subtítulo del libro es muy sugerente: sus palabras y las nuestras. Ambas palabras son necesarias. Las nuestras sin las suyas se tornan en búsqueda incierta, en grito que se ahoga. Pero las suyas sin las nuestras pueden ser palabras de otro tiempo, evocadoras de sueños lejanos, sin llegar hasta nuestro hoy. Sus palabras son como ese viento impetuoso que hincha nuestros pulmones para pronunciarlas hoy. Es en estos días de la Pascua, donde las palabras de Cristo resuenan de forma tan clara y universal,  bien por la vía del rito litúrgico en su belleza sobria y austera o  bien por la via pulchritudinis en imágenes, lienzos o representaciones.

Sin embargo,  no debe faltarnos tampoco un acercamiento por la vía de la reflexión y del conocimiento que nos dan los buenos estudios de los que hoy disponemos sobre el mensaje, la vida y la obra de Jesucristo. Propongo a los lectores de este artículo abrir la páginas de esta monografía, escrita con rigor intelectual, con amor a la verdad de los hechos, con unción espiritual y con la convicción de que hemos de decir palabras sobre Cristo con más sencillez y con menos artificiosidad, como el autor se propone en la introducción de esta obra ( Cfr. Pg 18) . El libro, a lo largo de sus 14 largos capítulos,  va dando cuenta del estado de la cuestión de la investigación histórico-científica sobre Jesús de Nazaret y sobre lo que fue su camino, lo que fueron sus hechos, su predicación del Reino (tema bien interesante en el libro) sus milagros, su obediencia al Padre hasta entregar la vida en Jerusalén, la despedida de sus amigos, el hecho terrible de su muerte y el acontecimiento de la Resurrección.  

A estas alturas de la investigación sobre la vida de Jesús, donde los acercamientos desde cualquiera de las disciplinas históricas y científicas ha dado mucho fruto y han logrado unas cuantas certezas sobre el trasfondo histórico de la vida de Cristo, resulta cuando menos inquietante que muchos sigan desconfiando de la historicidad de Jesús y del núcleo de verdad que encierran los relatos evangélicos, los cuales desde perspectivas y miradas diferentes confluyen en una verdad esencial sobre la vida y el destino de este hombre Jesús, que se llamó a sí mismo Hijo del Hombre y que se enfrentó a la muerte con clara conciencia de que con esa entrega hasta el extremo, acontecía la venida del Reino de Dios. Es pretensión de nuestro autor: “ … nos aventuramos a la apasionante tarea de la búsqueda, movidos no sólo por la curiosidad científica y el espectacular interés cultural del tema, sino, sobre todo, por descubrir la raíz histórica de nuestra fe cristiana”  (Cfr. pg. 29).  Conocer esta verdad, amarla y buscarla ha llevado a nuestro autor a escudriñar bien la opinión de los expertos más acreditados, cribar esa información, hacerla propia, indagar en los textos evangélicos, en las fuentes de su transmisión,  en el contexto judío y pagano; la suya ha sido una labor de entrar más dentro en la espesura, ir de los datos a la interpretación de los mismos como creyente teólogo,  que sabe mimar más al fondo, mirar en la comunión de la Iglesia y de la Teología y así  decir con palabra propia su visión de Cristo, su interpretación de tantos datos traídos y llevados. Y sí, hay que decirlo, logra  quedarse con las esencias, que como fragancias maravillosas, nos hacen conocer y amar más a Jesús.

Nuestro autor es bien consciente de que nuestra cristología no es ideología,  porque la historia personal de ese Jesús no se pierde en la bruma ( Cfr.  la cita  27  de  E. Schillebeeckx  en la  pag. 40). Continúa  Juan José Hernández : “ Inmerso en un profundo mar de opiniones, queda abierta la noble y a la par escabrosa tarea de trazar lo más nítidamente posible la línea histórica de Jesús para abrazarnos a la exquisita y siempre elaborada fe de la Iglesia en Cristo, el Señor” (Cfr. Pgs. 53-4). Noble tarea sin duda la de este libro que nos lleva a descubrir  y contrastar las opiniones más diversas y opuestas sobre todas las cuestiones que se plantean para llegar al fono del conocimiento sobre Cristo.  El estado actual de todas las cuestiones importantes sobre Jesucristo se pueden encontrar en este libro: El acceso al Jesús histórico y si coincide o no con el Jesús real ( Cp. 1);  cuestiones metodológicas,  la formación de los evangelios y su  recepción en la Iglesia (Cp. 2); el contexto de la historia de Israel sobre el que se asienta la esperanza mesiánica ( Cp. 3); el contexto de la vida de Jesús, geografía, política, sus amigos y enemigos, sus discípulos, los doce (Cp.  4); el Reino de Dios y los milagros de Jesús (Cp. 5- 6); los títulos de Jesús: el Hijo del Hombre, el Mesías, el Hijo de Dios (Cp. 7-10); la muerte de Cristo  (Cp. 11) y el significado de la Última Cena ( Cp. 12) , estudiado por nuestro autor a continuación del capítulo de la muerte, un acierto sin duda, para captar y comprender mejor el significado de esa cena de despedida, sea pascual o no;  el largo capítulo 13 sobre la Resurrección  y las apariciones del Resucitado y por último,  el capítulo 14 que  nos habla de la fe de la Iglesia en Jesús de Nazaret o el Credo eclesial, para comprender la aventura que supuso para los primeros siglos del Cristianismo enfrentarse a la cultura griega y verter el mensaje  salvífico de Cristo con categorías filosóficas que culminan en el Concilio de Calcedonia.

Para ir terminando, magníficas me parecen las ocho páginas de la conclusión (563-570). Nuestro autor es consciente de que nunca puede darse por concluida una investigación sobre Cristo, ya que “tratándose de Jesús de Nazaret toda obra humana resulta imperfecta e incompleta… la persona de Jesús está abierta a los hombres y mujeres de todos los tiempos, nunca sellada o agotada” (pg. 563). Para Juan José Hernández haber llevado a cabo la finalización de esta obra es motivo de gozo.  Lo dice de esta bella manera: “En cualquier circunstancia, y más allá de las limitaciones de todo tipo que he consignado, la luz que arrojan la persona y el mensaje de Jesús de Nazaret es espectacular y desbordante, imposible de ser cegada u ofuscada por ninguna fuerza humana. En ella me amparo para dar rienda suelta al optimismo y la alegría, y proclamo que: Jesús está entre nosotros, hombres y mujeres (…) Hoy como hace dos mil años, Jesús come entre nosotros, proclama el perdón a todos, y establece la reconciliación entre nosotros y Dios…” (Cfr. Pgs. 566-7). 

El libro se cierra con un interesante glosario de 270 términos y abreviaturas, que van desde la palabra Abba, hasta Zelota, donde un lector poco avezado en terminología bíblica, exegética, histórica o teológica puede tener un buen apoyo para la comprensión de este libro.

Concluyo. Después de leer el libro, después de escuchar al autor en varias presentaciones y en conversaciones personales con él, me atrevo a decir que Juan José Hernández ha cumplido con un reto personal, con una búsqueda interior e intelectual que no le ha dejado frío, antes al contrario creo que le ha ayudado a ser mejor persona, más creyente, mejor creyente y desde un punto de vista pastoral mejor sacerdote. Le he visto emocionarse al hablar de Cristo en algunas de las presentaciones. Lo que cuenta el libro y cómo lo cuenta habla de la verdad de su búsqueda, habla además del acierto de su relato escrito en un precioso y claro castellano, digno sin duda de un cultivado hablante, de un buen alumno del Seminario san Cayetano y de un excelente comunicador y profesor.

Enhorabuena por la obra bien hecha, no me extraña que la prestigiosa editorial Sal  Terrae, en esta colección de tanta solera, Presencia Teológica, haya tenido a bien publicar el libro. Tanto que ya  va por la segunda edición. 

 JUAN CARLOS SANCHEZ GÓMEZ

RECTOR DEL SEMINARIO SAN CAYETANO DE CIUDAD RODRIGO