Jueves, 27 de julio de 2017

Aquel par de Champions

Hasta me daban calambres en la tripa. Cuando tenía exámenes me ponía tan nervioso que tenía que ir al baño varias veces. Era matemático. Ya de mayor supe que esa facilidad para la descomposición cuando temía algo estaba bautizada por la casta médica: colon irritable le dicen. Me metieron una cámara por el orificio de salida y se confirmó. Nada ha cambiado desde que tengo uso de razón, excepto que sé que cuando estoy nervioso acabaré sentado en el trono un par de veces, como mínimo.

La sensación era la de tener una bola de pelos de gato en la garganta. Eso y como algo de presión en el esternón. Y así cada vez que me ponía las botas. Pero no inmediatamente, sino al final de la tarde. Hasta llegaba a despertarme por la noche. Era una mezcla de ardor, acidez y esa maldita bola de pelos de gato en la garganta unida a una pesada losa de plomo entre las tetas. Otra vez la cámara para ver qué pasaba ahí dentro. De nuevo esa maravillosa anestesia con el gas de la felicidad que te refresca y te hace flotar nada más ponerte la mascarilla. Hernia de hiato, confirmado. La tengo grabada. Ahora sé que cuando me paso con ciertos alimentos y bebidas me va a seguir jodiendo igual, pero estoy mucho más tranquilo sabiendo cómo se llama el mal.

Me parecía de lo más normal. De vez en cuando, al limpiarme, había algo de sangre en el papel higiénico. Incluso, por temporadas, las heces salían más rojas de lo habitual. Lo comenté como una guarrería simpática en la consulta de nuestro médico de familia. Ese día iba acompañando a mi mujer y me fui con un volante para que me volvieran a grabar las entrañas. Más gas, más felicidad, más cámaras entrando por la salida y una nueva película con final feliz. Se trataba de una pequeña fisura producida por mi sobrepeso y las prolongadas lecturas en el trono. A quitar el revistero del aseo y a dejar el móvil fuera del baño. Solucionado.

Hoy llevo todo el día yendo y viniendo al baño. La taquicardia es la misma que sentía cuando lo de la bola de pelos de gato en la garganta y la pesada losa de plomo en el pecho. Y aunque no me lo veo, sé que estoy desangrándome por dentro. Hoy juega el Atleti otra eliminatoria de Champions. Pero llevo así desde Lisboa, aunque la cosa empeoró en Milán. Y ahora que está tan cerca Cardiff sólo pienso en lo fácil que sería todo si se usasen las benditas cámaras que todo lo ven, que ponen nombre a las cosas, que diagnostican, que sirven para prescribir y que te ayudan a vivir tranquilo, sin miedos inventados, sin que te roben la vida impunemente, sin otra preocupación que ser tú mismo: con tu colon irritable, tu hernia de hiato, tu fisurita de lectura y aquel par de Champions. Que las pongan ya para arbitrar o acabaremos metiéndoselas a algunos por el ya mencionado lugar. Y las cámaras, también.