Miércoles, 26 de abril de 2017

Los seguros que solo te aseguran que no van a asegurarte nada

Seguramente, amigo lector, en alguna ocasión usted también haya tenido una de esas experiencias entre insólitas y desagradablemente asombrosas, con algún seguro  que después de comprobar algún siniestro ( así los llaman los seguros) fortuitamente ocurrido en su casa, como alguna inundación producida por algún despiste del vecino de arriba, alguna humedad, algún utensilio ( previamente asegurado) roto por descuido de algún niño, etc. su seguro le responde que “eso” no entra en su póliza: que usted no suscribió la “cláusula especial”, o que el siniestro es demasiado poco siniestro.

Son los seguros que no aseguran nada. En Salamanca también tenemos alguno de estos; por ejemplo Seguros RGA, dependiente de la Caja Rural. Los de RGA son especialistas en no decir ni hacer nada: comienza el calvario del cliente teniendo que llamar a un 902, que, como todos los 902, agota el saldo de tu móvil, cuando vas por la mitad de la descripción del siniestro “siniestro” que has sufrido. A partir de ese momento una larga sequía de silencio se impone entre el cliente y los fantasmáticos empleados de RGA que nunca aparecen, en ningún sitio está escrito ninguna dirección de ninguna oficina, y termina todo el baldío proceso despachándote con alguna frase de menos de cinco palabras en las que afirman (torpe y falsamente) que “usted no ha contratado la cláusula…” clave, que habría resuelto su problema.

En mi caso, la actitud de ocultación y ajena a toda ética y lógica de RGA, formaba parte del último eslabón de una cadena de frustraciones, robos, abusos…sufrida por haber tenido la “osadía” de haber comprado un pisito modesto ( que ocultaba un “agujero negro”) para dedicarlo a alquiler; la experiencia en la Salamanca lazarillesca ha estado a punto de costarme la salud física, mental y económica.

Gracias, también quiero decirlo, a la ayuda del Ayuntamiento de esta ciudad que ha podido paliar significativamente la intensidad de estos problemas, con acciones certeras. 

Mi experiencia con los seguros RGA ha sido, pues, el último tratado de mis andanzas por la Salamanca de La Celestina y Lázaro de Tormes, que me han enseñado, que el tiempo no pasa en una de las múltiples Salamancas existentes: la picaresca del siglo XVI perdura aún en 2017. En dos años de residencia en la ciudad aún no lo había descubierto. No había sido lo suficientemente sagaz para saber que, salvo excepciones, nadie te asegura de nada. La seguridad está en uno mismo.

A partir de ahora, pues, las cuotas anuales de seguros, me las pagaré a mí mismo.