Martes, 30 de mayo de 2017

Semana Santa. Re-presentar, re-vivir y re-crear la historia (pasión) de Jesús

Estos tres verbos definen la Semana Santa, la celebración quizámás intensa de los misterios de Jesús, tal como se condensan y culminan en su pasión (morir de vida) y en su resurrección (vivir triunfando en la muerte):

-- La Semana Santa es una re-presentación figura y plástica de algunos momentos principales de la pasión de Jesús. Re-presentar es visibilizar, para que se vea, para que se sienta. Una parte considerable de los turistas y
curiosos de la Semana Santa no pasan de este plano. Se quedan sólo en un tipo de estética vacía de colores, formas y música con movimiento de masas.

-- Los que celebran la Semana Santa y la viven por dentro re-viven en su experiencia y destino el destino de Jesús, su entrega y sufrimiento a favor de los demás, su apuesta a favor de la justicia, su apertura al misterio de Dios que es la verdad, su compromiso a favor de los pobres y expulsados, con los que Jesús padece, expulsado, negado, condenado.

-- Finalmente, los más hondos celebrantes de la Semana Santa re-crean la historia de Jesús, su pasión por la justicia, en amor, su entrega personal por el Reino de Dios. Ciertamente, ellos pueden seguir escuchando los tambores de los penitentes, y caminan quizá siguiendo al Cristo de su devoción. Pero su verdadera procesión la llevan dentro, de manera que ellos mismos son (hemos de ser) la Semana y Vida Santa de Jesús.

Una breve teología de la Semana Santa, como retorno a la historia de Jesús.

La celebración litúrgica (oficio divino, eucaristía y para-litúrgica de la Semana Santa sitúa a los creyentes ante el misterio de la historia de Jesús que se recuerda y actualiza de un modo simbólico en las comunidad cristiana.

Pasan a segundo plano otros aspectos del misterio, la misma estructura de la Iglesia, con su posible autoridad “divina” y su sagrada jerarquía…, quedan también en la penumbra otros elementos centrales de la interioridad divina de la vida humana.

En esta Semana Santa los cristianos re-descubren algo que debían haber sabido siempre: Ellos no tienen mas riqueza sagrada ni más dogma que la vida de Jesús, tal como ha sido narrada por los evangelios, una vida que culmina en su muerte, condenado por los sacerdotes como blasfemo (ha negado al Dios de la autoridad del templo) y por la autoridades política como sedicioso (con su proyecto de vida y su movimiento social el ha puesto en riesgo la estabilidad social el imperio “divino” de Roma).

Esta ha sido y sigue siendo la “cristología” o, mejor dicho, el “dogma” de la Iglesia cristiana, cuya verdad y tesoro es la existencia humana de Jesús, una vida entregada al servicio de los hombres, pero rechazada por las autoridades oficiales de la religión y política del templo de Jerusalén y del Imperio de Roma.

Por eso, en estos días de Semana Santa quiero ofrecer a mis lectores el testimonio histórico, teológico y grafico más grande de la Universidad de Salamanca, un tesoro que se centra en las 53 tablas de la vida de Jesús, que son las 53 lecciones suprema de vida cristiana y de teología de la iglesia.

No quiero defender ninguna postura teológica, ni discutir sobre problemas en el fondo “nimios” de nuestra iglesia (forma de nombrar a los obispos, orden superior de algunos ministerios, posible “ordenación” las mujeres… (¿es que están in- o des-ordenadas), estructura jerárquica de la autoridad etc. etc.

Esos y otros temas son muy secundarios El sentido del cristianismo y de la Iglesia católica se juega en la vida de Jesús, tal como ha sido presentada en los evangelios, tal como ha sido fijada, por ejemplo, en esas tablas del retablo de la “catedral” (capilla universitaria) de Salamanca.

Habrá algunos que quieran ver representados esos 53 momentos de la historia de Jesús en forma de “pasos” de la Semana Santa. Otros los contemplarán y meditarán en su propia vida. Pero sólo aquellos que se sientan vinculados a esos “pasos” o momentos de la historia de Jesús, en su conjunto, podrán llamarse confesionalmente cristianos.

Los misterios de la vida de Jesús, una teología ejemplar

Hubo una famosa escuela teológica de Salamanca, formada por pensadores dominicos y Jesuitas como Cano y Soto, Vitoria y Suárez (siglo XVI), y un importante Curso de Teología y Moral, escrito por un grupo de profesores de la Orden del Carmen, llamados los Salmanticenses. Sin embargo, quizá el mayor testimonio de teología de Salamanca lo ofrece el retablo y ábside de su Catedral Vieja, construida en el siglo XII y que actuó hasta el siglo XVI como sede de su Universidad.

A mediados del siglo XV, el Cabildo de la Catedral/Universidad encargó a Nicolás Florentino (1413-1470) y a sus hermanos, que pintaran el retablo y el ábside de la Catedral con escenas de la vida de Jesús, que culminaran en el juicio final, según la tradición del gótico internacional de su tiempo.

El Maestro Nicolás (Nicolò Delli), realizó esa tarea y presentó en un retablo los momentos fundamentales de la vida de Jesús, conforme el imaginario teológico de su tiempo y a las directrices del Cabildo y Escuela General de Salamanca, fijando en 53 tablas el saber teórico que se discutía en la aulas de la Universidad, que se hallaba precisamente a la izquierda del ábside, en las capillas y salas del patio catedralicio (donde aún pueden admirarse).

En aquel momento, a mediados del siglo XV, la Catedral y la Universidad formaban todavía un conjunto inseparable. Sólo pasado más de un siglo se separarán (incluso físicamente) la Universidad de la Catedral.

El retablo de la catedral con su ábside, era entonces un elemento de la Universidad, una lección plástica de teología, para todos los cristianos y en especial para aquellos que no podían cruzar la puerta que llevaba a la aulas universitarias, que se hallaba en las salas de al lado. Ese retablo era un curso de teología para el pueblo, la expresión suprema del Pensamiento Cristiano, en forma de “imaginario pictórico”, para la enseñanza, la admiración y la plegaria.

La Catedral era así el Aula Magna de la Universidad, lugar donde se vinculaba el conocimiento y la experiencia cristiana, en un momento en que la Universidad formaba parte del despliegue total del “culto” (cultivo) cristiano de la vida.

Este retablo en concreto es uno de los más completos de su tiempo y consta de 53 tablas que exponen el ciclo de la vida de la Virgen y de su Hijo Jesús, desde el Nacimiento de María hasta su muerte, todo presidido por una gran escena de Juicio final, donde Cristo separa a los salvados de los condenados, siguiendo un esquema iconográfico usual de aquel tiempo, que culminará en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. He recreado el tema en Historia de Jesús.

Así ofrece una de las vidas más completas de Jesús, expresada en contexto mariano (al principio y final de las tablas está la Madre de Jesús, que preside ahora el conjunto, con una imagen románica del Siglo XII).

Estamos ante un ejemplo máximo de “teología iconográfica”, que iré exponiendo conforme a sus temas, por orden estricto, de abajo arriba, de izquierda a derecha. Las 53 escenas (realizadas entre el 1430 y el 1450) pueden dividirse en ocho grupos, que ofrecen los elementos básicos del imaginario cristiano.

((Estos misterios de Jesús han sido integrados en la liturgia (ciclos de Navidad y Pascua) y en grandes tradiciones paralitúrgicas (cf. los quince misterios de rosario católico). Muchos retablos de las iglesias medievales y renacentistas desarrollan también una cristología de los misterios, pues contienen y ofrecen a la veneración y pensamiento de los fieles escenas importantes de la vida de Jesús (nacimiento, milagros y pascua).

Quizá el desarrollo más significativo del misterio de Jesús en clave biográfica lo ofrece Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 261-312, con sus tres semanas dedicadas a la infancia, vida y pascua de Jesús, en 42 meditaciones)).

I. MARÍA Y JOSÉ. CICLO DE ADVIENTO

Forma el punto de partida de la historia de Jesús, partiendo del nacimiento de María y de sus desposorios con José, que entroncan a Jesús en el despliegue de la historia israelita. En el rezo del rosario clásico forman parte de los misterios gozosos, desde la perspectiva del Adviento.

(1) Nacimiento de María. Tema del Protoevangelio de Santiago. Es una escena de rico colorido, con la madre Ana y Joaquín, el padre, rodeados de testigos que encuadran el misterio. Se supone que los padres de María son ricos.

(2) Desposorios: María y José. Sigue el tema del Protoevangelio de Santiago. José con la vara florida; María con un libro, como una expresión del cumplimiento de las profecías. Como testigo aparece un sacerdote, en ámbito de templo. Estamos ante el judaísmo sacral de las profecías avaladas por la jerarquía del santuario.

(3) Anunciación. Tema de Lc 1, 26-38. Hay un ángel celeste que dialoga con María, en un espacio de familia. Como agente principal aparece el Padre Dios, con el signo de la Paloma del Espíritu. María sigue con el libro, como portadora de las esperanzas del Antiguo Testamento.

(4) Visitación (Lc 1, 39-56). Las dos mujeres (María e Isabel) con sus niños en el vientre. Ésta es la experiencia de las madres mesiánica que definen y encuadran todo el Antiguo Testamento cristiano. Fondo de casa muy rica.

(5) Sueño de José. Tomado de Mt 1, 28-28. María sigue con el Libro, como verdadera intérprete de la ley y los profetas. El nacimiento mesiánico exige la conversión del varón José, iluminado por un ángel que le revela el misterio.

2. NACIMIENTO E INFANCIA DE JESÚS. CICLO DE NAVIDAD

Son el centro de los misterios gozosos, desde el nacimiento de Jesús a la Epifanía y al Bautismo. Han sido y siguen siendo elementos centrales del imaginario cristiano.

(6). Natividad (Lc 2, 1-20). El niño en un pesebre, con fondo de ángel y pastores, que rodean a María y José. Espacio de misterio, en la naturaleza hecha espacio abierto y templo de la revelación de Dios.

(7). Circuncisión, purificación... (Lc 2, 21). María entrega el niño al sacerdote /¿Simeón?) que lo circuncida Simeón, en ámbito sagrado. Indica el cumplimiento de las promesas israelitas en Jesús, el verdadero hijo de Israel.


(8) Magos. Tema de Mt 2, 1-12. Hay fondo de montañas que se extienden hacia Oriente. Vienen tres ricos personajes con sus dones, como signo de la humanidad que adora al niño.

(9) Purificación (Lc 1, 22-38). María entra en templo con el niño. Ana le recibe. Seguimos estando en un espacio de Antiguo Testamento, lleno de la piedad israelita que conforma la vida de los cristianos.

(10) Huida a Egipto (Mt 2, 13-16. Un camino largo que se abre ante el niño y los padres. Marca la ruptura de Jesús respecto a la sacralidad política del judaísmo antiguo, que se encierra en sí mismo.

(11) Inocentes. De Mt 2, 16-18). Fondo pagano. Soldados contra mujeres y niños. El Rey lo vigila todo desde arriba. Esta escena de anuncio de cruz aparece como culmen del ciclo del nacimiento.

(12) Niño perdido en el Templo. Tema de Lc 2, 41-42. Los sabios judíos buscan en vano en sus libros inútiles. El Niño como expresión de la Sabiduría de Dios, es el auténtico Libro.

(13) Bautismo (Mc 1, 9-11 par). En el centro aparecen Juan Bautista y Jesús. En el fondo Dios Padre y la Paloma del Espíritu Santo. La profecía y esperanza israelita se cumple en Jesús.

3. COMIENZO DE LA VIDA PÚBLICA.
MENSAJE DE JESÚS Y RENOVACIÓN ISRAELITA.

Nos hallamos a mediados del siglo XV, un momento clave de la disputa entre cristianos y judíos en España (y en el conjunto de la cristiandad). Las escenas siguientes interpretan la identidad de Jesús, partiendo de su relación con Israel, en una serie de temas en los que tiende a situarse el Libro de la Ley, que Jesús ha venido a interpretar y culminar, como verdadero cumplimiento del camino israelita (es decir, del judaísmo).

En ese sentido, este retablo constituye una respuesta cristiana al pensamiento judío que se había desarrollado con gran fuerza en el entorno de Salamanca y en el conjunto de Castilla (donde en el siglo XIII-XIV se ha desarrollado la teología de la Cábala). Así podemos pasar ahora del Libro de lo judíos (que ellos siguen interpretando desde la Ley) a Jesús, a quien los cristianos ven como contenido e intérprete del Libro. Todas las escenas que siguen están tomadas de los evangelios.


(14) Tentación de Jesús (Mt 4 y Lc 4). El diablo, que es un monje falso tienta a Jesús, en tres escenas: las piedras que deben volverse pan, el templo del que debe arrojarse, el monte del poder sobre el mundo. Jesús supera la prueba, encuentra su verdadera identidad.

(15) La gloria del triunfador: tras la tentación, los ángeles sirven a Jesús, según Mc 1, 13. Nos hallamos ante una eucaristía angélica, un paraíso sin fieras.

(16) Agnus Dei, según Jn 1, 29-33. Juan bautiza y señala a Jesús, llamándole Cordero de Dios. Del rito del Bautista, que aún pertenece a Israel, pasamos de esa forma a Jesús.

(17) Disputa de Jesús con judíos, sobre la interpretación del Libro. Quizá está al fondo el texto de Mc 5, 17-20: “no he venido a abolir la ley, sino a cumplirla”. En la base del retablo y de teología cristiana se encuentra el tema de la interpretación del Libro de la ley.

(18) Bodas de Caná (Jn 2, 1-12). El tema del cumplimiento mesiánico, del agua (del judaísmo) convertida en vino del Reino de Dios. Jesús y la Madre están en el centro de la escena.

(19) De nuevo disputa sobre Ley, tomada quizá de Mc 12, 28-34, sobre cuál es el mayor mandamiento de la Ley. Jesús y los otros judíos contienden sobre el sentido del Libro sagrado, que está en el centro.

4. REVELACIÓN MESIÁNICA. CICLO DE LOS MILAGROS, NACIMIENTO DE LA IGLESIA.

Las escenas que siguen están básicamente tomadas de los milagros de los evangelios. De la disputa sobre el Libro (Jesús como nueva Ley) pasamos a la manifestación de su gloria salvadora, que se expresa básicamente en los milagros, que han de entenderse también desde el mismo fondo en que hemos interpretado el sentido de la vida de Jesús.

(20) Curación del Leproso, según Mc 1, 40-45, en la ciudad, no en un campo. Parece que el templo está al fondo, pero ya no es necesario; se trata de saber si es necesario acudir a los sacerdotes de Israel tras la curación del leproso, o si se puede crear una nueva comunidad sin templo israelita.

(21) Paralítico. Tema de Mc 2, 1-12. También éste es un milagro ejemplar, de gran sentido teológico. Se trata de saber quién es capaz de hacer que los hombres caminen y busquen el Reino. En el centro de esta escena y de la anterior se encuentra el perdón de Jesús, que logra aquello que no logra el judaísmo del templo.

(22) Tempestad calmada y Jesús mandando sobre el mar, según Mc 4, 35-41 y Mt 8, 23-27. Ésta es ya una escena plenamente eclesial, con el signo de una Iglesia amenazada (barca) y con Pedro a punto de ahogarse, pero a quien Jesús saca del agua. Puede ser signo del bautismo.

(23) Perdón de la pecadora, que está a los pies de Jesús, según Lc 7, 36-50. En el centro de la teología cristiana (y de su diferencia respecto al judaísmo) se encuentra la disputa sobre el poder del perdón, que aparece aquí como propio de Jesús. Judas acusa. Presiden la escena el esposo y esposa de casa.

(24) Samaritana, según Jn 4, 1-42. Sigue en la línea anterior; conforme a una visión propia del tiempo, el pecado aparece simbolizado en una mujer, junto al pozo, mientras la gente va y viene. Jesús es portador de perdón, la mujer es signo de la Iglesia.

(25) Multiplicación de los panes, según Mc 6, 30-44 par. Es el signo de la eucaristía de la Iglesia; quizá por eso no hay peces. Con niños y mujeres, una gran multitud, que es signo de toda la Iglesia.

(26). Curación de la hemorroisa, tema Mc 5, 24-33. Aparece en algún sentido como el último de los milagros. Esta mujer rica a la que Jesús cura es quizá signo de la Iglesia, que debe ser sanada. Los Discípulos están al lado de Jesús, como testigos y continuadores de su obra.

Éste es quizá el aspecto más importante del retablo de Salamanca: Su insistencia en la vida y acción del Jesús histórico, cubriendo así un espacio que los misterios del Rosario habían dejado sin desarrollar (pues pasaban de los misterios gozosos del nacimiento de Jesús a los dolorosos, de su pasión). Sin el programa, el desafío y la exigencia de la vida histórica de Jesús su pasión carecería de sentido.

5. DECISIÓN SALVADORA. CICLO DE LA SUBIDA A JERUSALÉN.

Las nueve escenas siguientes pueden entenderse como signo de la gran decisión de Jesús, que sube a Jerusalén para ofrecer su mensaje y su vida. Siguen el orden de los evangelios, básicamente del de Marcos, pero se vinculan de un modo simbólico, creando un fuerte movimiento revelador, en la línea de lo que podemos llamar el “imaginario” cristiano. Más que un sistema racional, el cristianismo ha elaborado un imaginario mesiánico, que aparece claramente en las escenas que siguen.

(27) Transfiguración, según Mc 9, 2-13 par. Jesús está en medio de Moisés y Elías; con los tres discípulos bajo la montaña. Aquí empieza el auténtico camino mesiánico.

(28) Purificación del Templo (Mc 11, 15-19 par). Entre la transfiguración y la purificación del templo han colocado Marcos y los restantes sinópticos un largo camino de asenso mesiánico y enseñanza salvadora. Pero los maestros del Retablo de Salamanca (los canónigos de la catedral) han vinculado las dos escenas, mostrando su continuidad. Nos hallamos ante la ira mesiánica de Jesús, que se desata contra el dinero de los mercaderes.

(29) Los enfermos de la piscina probática, según Jn 5, 1-18. En lugar del templo de la escena anterior (que parecía manchado por el dinero) tenemos ahora una “piscina bautismal”: la Iglesia como lugar de curación y vida; allí están los enfermos con sus acompañantes. Parece que Jesús se identifica con el ángel de la curación.

(30) La adúltera, de Jn 8, 1-8. De manera extraña pero muy significativa, el Maestro del Retablo pone a la adúltera tras la escena de la piscina. La curación de Jesús lleva al perdón, de manera que la mujer (antes expulsada) podrá entrar en el templo y formar parte de la comunidad mesiánico. Jesús y sus discípulos aparecen juntos, defendiendo a la mujer, en contra de los que quieren apedrearla.

(31) Resurrección de Lázaro, según Jn 11. Sigue el “crescendo” lógico de la acción de Jesús en Jerusalén, al servicio de la vida. Jesús aparece así como portador de la resurrección, como el resucitado que “llama” a Lázaro a la vida y con él a todos los muertos. Está rodeado de discípulos. Marta y María a sus pies.

(32). Unción de Betania (Mc 14, 2-9 par). La misma Betania de Lázaro (escena anterior) aparece ahora como lugar de la unción mesiánica de Jesús. La mujer que le unge en la cabeza está relacionada con la pecadora perdonada de la escena 23 (Lc 7), pero es distinta o cumple una función muy diferente. Ella, una mujer, unge a Jesús en la cabeza, coronándole como rey-mesías. Esta mujer retoma el motivo de las mujeres de la pascua y de María, la madre de Jesús.

(33) Entrada en Jerusalén, según Mc 11, 1-11 par. De manera significativa, el Maestro del Retablo ha cambiado el orden de Mc 11, colocando primero la purificación del templo (escena 28), para introducir ahora la escena de la entrada mesiánica en la ciudad. La tabla presenta un camino, unos niños, con ramos y mantos reales; los discípulos van unidos a la gente. Este es el gesto público definitivo del compromiso mesiánico de Jesús.

6. EL MESÍAS MUERTO. CICLO DE LA PASIÓN.

Las escenas que siguen narran sobriamente el camino de la entrega y muerte de Jesús, desde su propia perspectiva de Mesías condenado y desde la perspectiva de aquellos que le condenan y lloran.

(34) Última Cena, según Mc 14, 12-21 par. El comienzo de la pasión es una comida. Es como si se quisiera decir que a Jesús le han matado porque ha querido alimentar a todos. Aquí aparece con sus discípulos, en una mesa redonda, sin otra presidencia que su misma persona, con cordero, pan y vino. Judas ofrece el contrapunto.

(35) Lavatorio (Jn 13, 1-20). La comida es signo y principio de purificación y de servicio mutuo. Jesús y Pedro aparecen en el centro de un círculo. La escena pone de relieve la necesidad de limpiar al Pedro/Papa, que es ya en ese momento el signo central de la Iglesia.


(36) Oración del Huerto, según Lc 22, 39-46. La representación vincula dos escenas: el Jesús orante dialoga con el ángel de la pasión, mientras los discípulos duermen.

(37) Entrega de Jesús, según Mc 14, 43-50, con la traición de los discípulos. Judas besa a Jesús. En el fondo aparecen los soldados que vienen a prenderle; hay un aparte entre Pedro y Malco, como indicando la forma equivocada de defender a Jesús.

(38) Flagelación, según Mc 15, 15. Significativamente, la escena recoge el “rito judío”, con un sacerdote que cuenta los azotes (no pueden ser más de 39). De esa forma, el retablo reelabora la historia de la pasión, desde una perspectiva contraria a los “judíos”, pues son ellos (no los romanos) los que azotan a Jesús.

(39) Jesús con la cruz a cuestas, según Lc 23, 28-31. Aparecen los soldados que le escoltan, pero también las mujeres que le lloran, con la Madre y María Magdalena. Esta oposición de soldados violentos y mujeres llorando marca la identidad de la escena.

(40) Crucifixión. Vincula los temas Mc 15,21-41 y de Jn 19,25-27. Hay varios planos: las mujeres acompañan a Jesús en su muerte; los soldados juegan a suertes sus vestiduras; Jesús muere.

7. CICLO PASCUAL. ENTIERRA, RESURRECCIÓN.

Podemos unir estas escenas, partiendo de la muerte de Jesús. Ellas reflejan la trasformación pascual de los discípulos, desde la base del Jesús que ha muerto, desde el llanto por la muerte hasta la despedida.


(41) Llanto por Jesús muerto. Une los motivos Mc 15 y Jn 19. Bajan a Jesús de la cruz, en rito de llanto y de veneración.

(42) Preparación para el entierro. Siguen estando al fondo los motivos de Mc 15 y Jn 19. El Maestro del Retablo ha puesto de relieve la acción de las mujeres (la Madre y Magdalena). Aparece también el Discípulo Amado, con otras mujeres activas, al lado de José de Arimatea y Nicodemo. Al fondo la ciudad homicida.

(43) Bajó a los infiernos. Tema del credo romano y de la tradición oriental. Jesús, acompañado por Juan Bautista, abre las puertas del infierno, para liberar a Adán y Eva. Significativamente, esta escena viene antes de la sepultura, como si Jesús hubiera bajado como salvador a los infiernos en su misma muerte, antes de ser enterrado.

(44) Sepultura. Parece que lógicamente debería venir antes del tema anterior, pues los motivos iconográficos son los mismos de la tabla 42. En contra del o que ha dicho Mc 15, a Jesús no le entierran en la roca, sino en una urna funeraria, de tipo clásico, en los sepulcros romanos.

7. PASCUA DE RESURRECCIÓN


(45) Resurrección, según el tema de Mt 28, 1-4. Jesús sale de de la urna/tumba (que es como una cuna), mientras los soldados están dormidos. Jesús parece bendecirles (o bendice a toda la humanidad).

(46) Mujeres que quieren ungir a Jesús, según Mc 16, 1-8 y Mc 28, 5-10, en el jardín de la tumba, pero no pueden realizar aquello que habían preparado. El ángel pascual está sentado en un ángulo de la urna/tumba vacía.

(47) Aparición a Magdalena, según Jn 20,11-18, con tres escenas, que marcan su importancia en la historia de la pascua: Magdalena pregunta al Jardinero, encuentra a Jesús en el huerto y corre a anunciar su experiencia a los apóstoles.

(48) Peregrinos de Emaús, según Lc 24, 13-35. Jesús y los otros dos caminantes van hacia una aldea, donde hay una casa abierta. Jesús va vestido con sayal de pelo de peregrino; la experiencia pascual como una peregrinación hacia la casa de la vida.

(49) La duda de Tomás (Jn 20, 24-29) que introduce los dedos en el costado de Jesús, rodeado por los Doce. La escena pone de relieve el carácter real de la pascua.

(50) Ascensión, según Lc 24, 50-53 y Hech 1. Jesús sube al cielo desde el Monte pascual, donde le despiden María y los discípulos. Esta escena marca en un sentido el fin de su vida, la culminación de su camino histórico. Jesús se va, pero emerge y queda la Iglesia.

8. PENTECOSTÉS Y NACIMIENTO DE LA IGLESIA


El retablo había comienzo con el nacimiento de María, la Madre de Jesús. Pues bien, ella aparece de nuevo al comienzo de la vida de la Iglesia, presidiéndola desde el cielo. Este ciclo consta sólo de tres escenas.

(51) Pentecostés, según Hch 2. Los cristianos, presididos por María, la Madre de Jesús, están reunidos en un templete circular, mientras desciende el Espíritu Santo. Los judíos aparecen fuera del templete, en un plano inferior. Algunos cristianos empiezan ya a predicarles.

(52) Asunción de María. Tema tradicional cristiano, vinculado al de la resurrección y ascensión de Jesús (tablas 45 y 50); también María sale del sepulcro y sube al cielo, en un óvalo sacral, rodeada de ángeles, mientras tiende un cíngulo o escapulario a un discípulo que aparece arrodillado ante su tumba; según la tradición, ese cristiano es Santo Tomas.

(53) Coronación de María. Es el final del ciclo y de todo el imaginario de la salvación cristiana. Significativamente, María aparece coronada sólo por Jesús bajo un trono celeste; no aparece ni el Padre ni el Espíritu Santo. Es como si María y Jesús concentraran todo el proceso de la salvación; el Hijo corona a la Madre, que aparece así como protectora de los cristianos.

9. CONCLUSIÓN, LA GRAN ESCENA DEL JUICIO.

La pintura del ábside se realizó después de las tablas del retablo (el contrato es del año 1445). En el centro del ábside está Cristo, en actitud judicial, rodeado de ángeles que llevan los signos del triunfo de su pasión. Cristo levanta la mano dirigiéndose a los de la izquierda, según Mt 25, 31-46: “apartaos de mí…”, mientras un gran monstruo les está devorando. A su derecha se van elevando los justos, vestidos de blanco, formando un coro de alabanza.

Ellos son el Cielo, están iniciando la gloria. Como testigos del juicio, en actitud suplicante y sumisa aparecen Juan Bautista y María, la Madre. Así culmina la teología del Cabildo/Universidad de Salamanca, a mediados del siglo XV. Ella expresa una espiritualidad (y un imaginario teológico) que ha seguido marcando las generaciones posteriores, tal como aparece, por ejemplo en → Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales (1530).

(En otra ocasión podré hablar del contraste entre la experiencia y teología de la vida de Jesús y la representación final del juicio, que recoge sólo algunos elementos de la vida de Jesús, y corre el riesgo de intepretarla en un modo judicial, en contra de la inspiración básica del evangelio).

(Todo el tema está tomado de Diccionario de los Pensadores cristianos, voz: Salamanca)