Martes, 30 de mayo de 2017

Me apunto a Religión

“Me muero y no los educo” suele decir a menudo un amigo cura. Llevo tres años jubilado como profesor de Religión y veo que las cosas siguen igual…O no, como dice un político famoso, cuya buena o mala fama depende de según. Y no, hay algunos pequeños matices que permiten ver que la situación está cambiando. Poco, pero me parece interesante la tendencia que marcan estos pequeños cambios.

A saber: cada año millones de alumnos y sus padres se ven en la obligación de participar en una especie de referéndum: “¿quiero matricularme/matricular a mi hijo en la asignatura de Religión este año o no? Ya sabemos que “las Ciencias adelantan que es una barbaridad” y las nuevas Tecnologías se encargan de divulgarlo casi al instante. Pero sólo en Religión hay una duda permanente: ¿merecerá la pena, otra vez, otro año más, seguir yendo a clase de Religión? Y, además, cada año te puede tocar un profe plasta de Reli, cada año puedo estar cansado y tener más ganas de cursar la asignatura “recreo”, cada año puedo encontrarme con una optativa nueva y maravillosa, menos “rollo” que la Reli, cada año puede cambiar el equipo directivo y estar en contra o a favor de la Reli,…cada año es un sin vivir…¡Y otra vez la burocracia de poner la casillita, decirlo en Secretaría, rellenar y firmar papeles, siempre los mismos papeles para lo mismo. Cada año…!

En una sociedad abierta los cambios son posibles. Pero normalmente no son aparatosos. Son pequeños detalles que, acumulados, llegan a marcar tendencias. En sí mismos, pueden no ser muy significativos, pero vistos en su contexto tal vez sean reveladores de cambios profundos. Y así, en cuanto a la asignatura de Religión, dos pequeños indicios: el número de alumnos de Religión ha disminuido levemente en Primaria y ha aumentado moderadamente en Secundaria y Bachillerato. Nada catastrófico, nada digno de lanzar las campanas al vuelo.

La disminución en Primaria creo que desvela un hecho sociológico importante: la fe cristiana ya no se transmite en familia. O cada vez menos. Por eso no importa mucho si el niño se aburre en la Catequesis y no quiere hacer la Primera Comunión, ni si los padres jóvenes delegan esa tarea de la educación de la fe en los abuelos. Si así fuera, los católicos podríamos decir, como los astronautas, sin llegar todavía a la desesperación, porque como se comprobó en el vuelo fallido del Apolo 13, las cosas aún pueden tener solución: “Houston, tenemos un problema…”.

Hubo una época, hace no muchos años, en que algunos obispos criticaban acerbamente determinadas películas anticlericales y anticristianas, pero conseguían justamente lo contrario: darles publicidad y crear morbo en el público indiferente. El moderado y, en los últimos años, sostenido aumento de alumnos de Religión en Secundaria y Bachillerato indicaría algo similar: cuando los alumnos llegan a la adolescencia, esa edad en que muchos empiezan a tomar la vida en sus propias manos, rechazan la dictadura de la moda cultural y de lo políticamente correcto. Y, si la presión social está en contra de la Religión, de la fe cristiana y de la Iglesia, razón de más para considerarla con interés, con el “riesgo” de descubrir la dimensión humanizadora del Evangelio, la fascinación por la persona de Jesús y un horizonte de Utopía que puede dar sentido a siete vidas y transformar la propia desde dentro. Con un aporte cultural adicional: que la escatología, por ejemplo, no es la historia de una mierda, sino que esta mierda de Historia que nos ha tocado vivir no está condenada a la fosa séptica universal, sino a formar parte sustancial y activa de una Creación Nueva, de una Humanidad Nueva fraterna y solidaria, pues la Redención transforma las sustancias, aparentemente destinadas a la corrupción, en el germen de una eterna primavera. Alguno dirá: ¡Bah, cosas de poetas! Pocas bromas con la Poesía…Que se lo pregunten a Bob Dylan…

Los profesores de Religión: protagonistas y acompañantes de este proceso espiritual. Otro día tendremos que cantar su entrega personal, su compromiso cristiano y su buen hacer pedagógico, que hoy ya se está haciendo esto muy largo.

 

“Me muero y no los educo” suele decir a menudo un amigo cura. Llevo tres años jubilado como profesor de Religión y veo que las cosas siguen igual…O no, como dice un político famoso, cuya buena o mala fama depende de según. Y no, hay algunos pequeños matices que permiten ver que la situación está cambiando. Poco, pero me parece interesante la tendencia que marcan estos pequeños cambios.

A saber: cada año millones de alumnos y sus padres se ven en la obligación de participar en una especie de referéndum: “¿quiero matricularme/matricular a mi hijo en la asignatura de Religión este año o no? Ya sabemos que “las Ciencias adelantan que es una barbaridad” y las nuevas Tecnologías se encargan de divulgarlo casi al instante. Pero sólo en Religión hay una duda permanente: ¿merecerá la pena, otra vez, otro año más, seguir yendo a clase de Religión? Y, además, cada año te puede tocar un profe plasta de Reli, cada año puedo estar cansado y tener más ganas de cursar la asignatura “recreo”, cada año puedo encontrarme con una optativa nueva y maravillosa, menos “rollo” que la Reli, cada año puede cambiar el equipo directivo y estar en contra o a favor de la Reli,…cada año es un sin vivir…¡Y otra vez la burocracia de poner la casillita, decirlo en Secretaría, rellenar y firmar papeles, siempre los mismos papeles para lo mismo. Cada año…!

En una sociedad abierta los cambios son posibles. Pero normalmente no son aparatosos. Son pequeños detalles que, acumulados, llegan a marcar tendencias. En sí mismos, pueden no ser muy significativos, pero vistos en su contexto tal vez sean reveladores de cambios profundos. Y así, en cuanto a la asignatura de Religión, dos pequeños indicios: el número de alumnos de Religión ha disminuido levemente en Primaria y ha aumentado moderadamente en Secundaria y Bachillerato. Nada catastrófico, nada digno de lanzar las campanas al vuelo.

La disminución en Primaria creo que desvela un hecho sociológico importante: la fe cristiana ya no se transmite en familia. O cada vez menos. Por eso no importa mucho si el niño se aburre en la Catequesis y no quiere hacer la Primera Comunión, ni si los padres jóvenes delegan esa tarea de la educación de la fe en los abuelos. Si así fuera, los católicos podríamos decir, como los astronautas, sin llegar todavía a la desesperación, porque como se comprobó en el vuelo fallido del Apolo 13, las cosas aún pueden tener solución: “Houston, tenemos un problema…”.

Hubo una época, hace no muchos años, en que algunos obispos criticaban acerbamente determinadas películas anticlericales y anticristianas, pero conseguían justamente lo contrario: darles publicidad y crear morbo en el público indiferente. El moderado y, en los últimos años, sostenido aumento de alumnos de Religión en Secundaria y Bachillerato indicaría algo similar: cuando los alumnos llegan a la adolescencia, esa edad en que muchos empiezan a tomar la vida en sus propias manos, rechazan la dictadura de la moda cultural y de lo políticamente correcto. Y, si la presión social está en contra de la Religión, de la fe cristiana y de la Iglesia, razón de más para considerarla con interés, con el “riesgo” de descubrir la dimensión humanizadora del Evangelio, la fascinación por la persona de Jesús y un horizonte de Utopía que puede dar sentido a siete vidas y transformar la propia desde dentro. Con un aporte cultural adicional: que la escatología, por ejemplo, no es la historia de una mierda, sino que esta mierda de Historia que nos ha tocado vivir no está condenada a la fosa séptica universal, sino a formar parte sustancial y activa de una Creación Nueva, de una Humanidad Nueva fraterna y solidaria, pues la Redención transforma las sustancias, aparentemente destinadas a la corrupción, en el germen de una eterna primavera. Alguno dirá: ¡Bah, cosas de poetas! Pocas bromas con la Poesía…Que se lo pregunten a Bob Dylan…

Los profesores de Religión: protagonistas y acompañantes de este proceso espiritual. Otro día tendremos que cantar su entrega personal, su compromiso cristiano y su buen hacer pedagógico, que hoy ya se está haciendo esto muy largo.