Domingo, 19 de noviembre de 2017

Las golondrinas: primavera y memoria popular

Aves migratorias, las golondrinas forman parte de la memoria popular campesina desde antiguo. Ya incluso, en la Grecia pre-clásica, existían los ‘chelidonismos’ o cantos de petición (de aguinaldo, diríamos nosotros) que entonaban los niños de la isla de Rodas al regreso o vuelta de las golondrinas.

            La llegada de las golondrinas es uno de los síntomas del inicio de la estación primaveral y, por ello, de un tiempo más suave y propicio para la germinación, crecimiento y floración de las plantas.

            En la estimativa popular campesina, las golondrinas son pájaros benditos y, por ello, han de ser respetados y no se le pueden tirar los nidos, que suelen realizar, con no poca pericia constructiva, mediante pellas de barro, bajo los aleros de las casas y edificaciones o bajo la protección de tejadillos de portalones y corrales.

            Legendariamente, se asocian con la Semana Santa, esto es, con la pasión y muerte de Cristo. De hecho, se dice que fueron las aves que quitaron a Cristo las espinas de su corona. Y, como compensación, tienen la huella de unas plumillas rojas en la pechera.

            De hecho, desde niños hemos escuchado una hermosa alborada de Pascua de Resurrección en La Alberca, nuestro pueblo natal, una de cuyas estrofas dice expresamente lo siguiente, en alusión al sustrato legendario que acabamos de indicar: “Ya vienen las golondrinas / con el pico muy sereno / a quitarle las espinas / a Jesús el Nazareno.”

            Para plasmar poéticamente los efectos reiterativos, agudos y dicharacheros del canto de las golondrinas, los campesinos conocen unos versos, a modo de fórmulas rimadas –que tienen distintas variantes–, en los que se plasma tal sugestión del canto.

            Vamos a indicar dos versiones, recogidas en el sur salmantino. Una de ellas dice así: “–Golondrinita, ¿dónde invernaste? / –En Belén, en casa de un sastre. / –¿Has visto por allí a mi maridín? / –En la taberna lo vi, / borrachín, borrachín, borrachín.”

            La otra versión de tal fórmula rimada en torno al canto de las golondrinas, nos las presenta como aves migratorias. Dice así: “–Golondrina, ¿tú qué hiciste / que tu casa no barriste? / –Fui al mar, / hice casa, hice hogar / para a mis hijos criar. / Chirrilí, chirrilá; / chirrilí, chirrilá.”

            Observemos los efectos fónicos –“chirrilí, chirrilá”– para expresar el canto de las golondrinas. Y cómo los “chelidonismos” griegos, a los que aludíamos al inicio, no están muy alejados de estos efectos fónicos que crea nuestro idioma para aludir a los caprichosos trinos de las golondrinas.

            La presencia de las golondrinas en nuestra literatura culta es también notable     –retengamos los nombres de Gustavo Adolfo Bécquer, del poeta chileno Vicente Huidobro (con su maravilloso ‘Altazor’, que, en su canto IV, nos dice: “Ya viene la golondrina monotémpora, / trae un acento antípoda / de lejanías que se acercan…”), o de Ramón Gómez de la Serna.

            Pero sobre ello, ya escribiremos otro día.