Jueves, 17 de agosto de 2017

Corazón

La era digital impone la necesidad de una alfabetización. Los agentes tienen una responsabilidad con características señaladas. La empresa viene determinada por una circunstancia histórica prevista por estudiosos de la sociología, la antropología, la informática, etc., pero que no deja de resultar materia de asombro. La jerarquía de los elementos en este proceso se encuentra trastrocada. No es la parte con más experiencia de vida la que instruirá a la otra parte; en cambio, en esta última recaerá el peso de una responsabilidad no manifiesta.

La brecha digital separa a las generaciones, y usos y costumbres diferentes conviven en un mismo espacio y tiempo. El rasgo distintivo del presente, no obstante, se aleja de lo estipulado por la tradición. No resulta el cúmulo de experiencias de vida el factor para posicionarse en una estructura jerárquica. La vivencia histórica se ve desplazada por otro tipo de vivencia, menos histórica, menos madura, menos amplia en relación con el abanico de perspectivas en torno a una circunstancia. Una población relativamente joven debe instruir a una mayor.

El estrato generacional intermedio tiene la necesidad de migrar de un entorno más analógico y menos digital a otro más digital y menos analógico, en tanto que la población nativa del ecosistema analógico se reconoce distante del de las nuevas tecnologías y puede encontrar dificultades para familiarizarse con él. La generación nativa de la era digital, por su parte, desconoce el tipo de vida que sus padres y sus abuelos tuvieron cuando ellos fueron niños.

El surgimiento de las tecnologías siempre supone la transformación de hábitos. Las sociedades se ahorman a los dispositivos propios de su siglo, que configuran una manera de hacer las cosas. El ser humano, en su afán de conseguir el sentido último de la existencia, genera ciencia y tecnología para manipular con mayor pericia la sustancia de la vida. Cada mujer y cada hombre, cuando eleva su espíritu a las regiones más profundas de la creación, para traer desde esa hondura inmanifiesta nuevas realidades y nuevas palabras, abre surcos por donde discurrirán nuevos pensamientos en pos de revelaciones más lejanas. Hoy por hoy, son estas competencias volcadas en el ecosistema digital las que constituyen a la persona, sin importar que sea muy joven, en la facilitadora del conocimiento. Tales competencias, no obstante, nunca deben encontrarse aisladas, sin el respaldo humano que solo puede proporcionar una población que ha vivido más años, forjándose en procesos lentos, pesados y llevando adelante frustraciones, no circunscritos, como resulta evidente en la actualidad, a procesos rápidos, ligeros, inestables, donde la mercadotecnia del mundo hace lo que puede para crear y vender al dios de la facilidad, de lo hecho a tu medida, con apariencias muchas veces esperpénticas. Nada de esto, me parece, fue lo que aprendieron las generaciones que desgranaron las páginas del libro de Amicis Corazón.

 

torres_rechy@hotmail.com