Jueves, 17 de agosto de 2017

Humor, sarcasmo, y libros ¿para niños?

A veces nos ponemos a curiosear y descubrimos títulos sorprendentes que no sabemos si recomendar o no, que no acertamos a definir para un público concreto porque, aunque se centran en contenidos muy humorísticos e incluso divertidos, lo hacen desde un punto de vista tan sarcástico y gamberro que es necesario tener mucho sentido crítico para entenderlos.

Son libros envueltos en ilustraciones con tonos suaves y marcado carácter infantil, pero se ríen de la muerte y de la soledad, hablan de resacas y de amores tóxicos en un intento de desdramatizar situaciones de la vida con un ácido sentido del humor y además nos enseñan a reírnos de las cosas. De todas las cosas.

Un gran ejemplo es la obra de Jory John y Avery, Monsen publicada por Norma Editorial, “Todos mis amigos están muertos”, en la que con gran sutileza va presentando el paso del tiempo y la evolución de un mundo que no cuidamos porque estamos demasiado ocupados con nuestras redes sociales o mirándonos en un espejo en lugar de fijarnos en lo solos que nos estamos quedando.

Otra idea viene del siempre sorprendente Edward Gorey, un escritor y artista estadounidense reconocido por sus libros ilustrados de un tono altamente macabro pero con sentido del humor. “La Niña desdichada”, “Los pequeños macabros” o “El Huésped Dudoso”, todos publicados por la editorial Libros del Zorro Rojo son solo algunos de sus títulos destacados en los que los protagonistas infantiles sufren tantas desgracias que uno no sabe si cerrar el libro o seguir leyendo sus pesadillas poéticas ilustradas en blanco y negro.

Tim Burton, famoso director de cine, es un continuador del estilo de Gorey como demuestra en su poemario “La melancólica muerte del chico ostra”, publicado por Anagrama. Allí incluye veintitrés cuentos protagonizados por niños solitarios, extraños y diferentes marcados por la melancolía, el humor negro y la fantasía.

Sirvan estos ejemplos para reforzar nuestro sentido del humor. Y si no sirven, a lo mejor si lo hacen estas palabras que nos permiten acabar la reflexión:

“Si existe un humor blanco, debe existir —por afán de polaridad— un humor negro. Pero este concepto es más preciso. La negrura aquí, se supone, es de conciencia, ya que se juega con una aparente insensibilidad del humor y del humorista, pues se trata de reírse de lo que normalmente causaría lástima, ternura o compasión. Implica por tanto una crueldad que, aplicada a ciertos casos reales, puede desembocar en el escarnio y el sarcasmo. Pero no hay que confundir humor negro con humor dañino. El humor negro es del todo válido para aprender a reír de cualquier cosa, para desdramatizar la vida, e incluso —si se emplea en un marco de relaciones positivas— puede ser sanador”. (Bienaventurado los que ríen. Aramís Quintero y Pepe Pelayo, Editorial Humor Sapiens).

Feliz y divertido domingo, curiosos. 

Rebeca Martín