Jueves, 17 de agosto de 2017

Una Semana Grande

 

Los grandes acontecimientos una vez que comienzan a rodar por la cuesta abajo de la historia se van envolviendo, revistiendo de elementos añadidos muy variados, a veces enriquecedores y a veces rebajadores de la calidad y del sentido.

De hecho a lo largo de 20 siglos ese acontecimiento de la Pasión, pasión en la muerte de Jesús y pasión en su vida y resurrección, ha arrastrado con él a casi todo en medio mundo. En esa vasta corriente está, humildemente pero con toda dignidad nuestra Semana Santa este año en Salamanca, que es una feliz experiencia colectiva entreverada de fe y de cultura, de religiosidad y de costumbrismo, de arte y hasta de experiencia interior, de ética y de estética, de fiesta y de pensamiento, de celebración y de vacaciones, de hambre de imágenes y de palabras y sed de justicia y de perdón… y de pasión cristiana fiel y comprometida.

PREGUNTA 1ª. Ante la clara profusión de imágenes cada día de esta Semana, ¿estamos seguros de que con el trato que damos a las imágenes, a veces por demás y a veces por de menos, hacemos honor justo y verdadero a Aquél a quien representan? Sin olvidar nunca el aviso: El que en el puente se queda… jamás alcanza la orilla

PREGUNTA 2ª: En tiempos de vida tan arrastrada y tan desmochada, con tan poca ascendencia y menos trascendencia, ¿no habrá alguien, o muchos, que quieran ascender y subir al monte Carmelo que toque y dar a la caza alcance? ¿No invita a esa ascensión la aguda flecha del capirote y el ligero  silencio de todo camino procesional? ¿Puede haber camino cristiano a través de esta Semana que no suba hacia lo alto buscando la cima? Dicho mal y pronto: ¿Puede uno vivir cristianamente lo que estos días recuerdan y proponen sin ser místico?

PREGUNTA 3ª: Si habláramos de esas segundas intenciones apodadas “interés turístico”  supongo que la opinión andaría dividida, porque ésta es la pregunta en dos partes: ¿Hablando en cristiano tiene sentido que a la memoria de aquellos acontecimientos se la apellide con lo de “interés turístico” (me entristecen algunos carteles que sólo se quedan en eso). Y ahora la segunda parte de la pregunta: ¿No es lícito en una sociedad de negocio y de intereses, y más según vienen las cosas, poner los medios para que el interés de nuestra Semana Santa nos traiga una masa de forasteros que bien nos vendrán? ¿Es que para ser fieles hay que ser necios? O dicho desde el otro lado: ¿No valen nuestras procesiones al menos 30 monedas con la falta que nos hacen? Supongo que en esto todos andamos algo divididos.

PREGUNTA 4ª: Si “cristianos”  por su nombre (el de Él, claro) nos llamamos y celebramos por todo lo alto a Aquél que puso el amor y la fraternidad por delante de todos los pasos de la vida (ésta es la pregunta), ¿nuestras comunidades, nuestras cofradías y nuestras traídas y llevadas imágenes y nuestra diócesis y nosotros mismos… estamos a la amorosa altura de las circunstancias? En resumen: ¿Se puede ser cristiano sin ser de verdad hermano? O concretando en algo: ¿estamos al tanto y seguimos el vía crucis y la pasión y el despojamiento de miles y miles de cristianos desde Siria hasta China o desde Sudán hasta Nigeria?. Ellos, que son hoy, con mucho, el colectivo más perseguido y asesinado… Escondidos en cualquier sitio para hacer memoria de la Pasión de Cristo mientras nosotros al son de trompetas nos paseamos a la vista de todos. Hay algo de deshonestidad en tanta diferencia…

PREGUNTA 5ª: Por cierto, ¿celebramos la Pascua de la Resurrección con tal pasión y honestidad que pueda iluminar y llenar de razón y de futuro todos los pasos y vaivenes de toda la Semana Santa que le precede? No sea que nos volquemos en celebraciones de preparativos y luego se nos diluya la Fiesta hacia la que todo converge…

En aquel amanecer primero, del primer día de la semana (por cierto, ¿qué anglosajón “equivocado” comenzó a poner el domingo al final de la semana en casi todos los calendarios que, ignorantes ellos, se copian unos a otros?); pues bien, retomando el momento: en aquel amanecer primero, del primer día de la semana, que a la vez era tercer día de autos, María se encontró con el Resucitado, volvió sofocada con la Buena Noticia y Pedro y Juan salieron corriendo hasta el sepulcro ya vacío. Y creyeron, dice el cuarto evangelio. Y así hasta hoy.

Y a punto de empezar el camino de esta Semana y habiendo pensado hacia dónde queremos ir con ella pido como el poeta: “Amanécenos contigo, Señor, cuando en tres días amanezcas”.