Martes, 26 de septiembre de 2017

El Valle de la Vergüenza, la Ley de la Desmemoria y el Medallón de un golpista

El pasado mes de febrero, cuyo día no recuerdo, iba paseando por la Plaza Mayor de Salamanca con dos amigas a las que hacía de pseudo-guía turístico cuando nos paramos delante del Medallón que la ciudad concedió al Caudillo en plena Guerra Civil, les dije: “haceros fotos ahora, porque, con suerte, lo van a quitar pronto”, a lo que una de ellas me pregunto que por qué lo iban a quitar. Pensando en la obviedad de la respuesta les conteste rápidamente: “porque es un homenaje a un golpista “.

Autor: Rubén Cuellar Rivero, activista por los Derechos Humanos

     Indignadísimas, me contestaron que el medallón formaba parte de la historia de España y de la ciudad, de la misma forma que el Valle de los Caídos. Tuvimos un acalorado debate sobre si es pertinente que se homenaje a golpistas o si no se trata de un homenaje si no como monumento de la ciudad parte de la Historia. No pude evitar esgrimir los argumentos que en su día sostuvieron la Ley de la Memoria Histórica o el Manifiesto en el que se pedía un “acto institucional y cívico con motivo de la retirada del Medallón de Franco”.

   El recuerdo de aquel debate o tertulia volvió el día en el que el Tribunal Supremo desestimó el recurso contenciosos-administrativo interpuesto por el ex-juez Baltasar Garzón por la que se pedía la exhumación y el traslado de los cuerpos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera y la solicitud de derogación de los decretos franquistas “de creación de la Basílica y de La Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que datan de 1940 y 1957, año en que se inauguró ese recinto.” (A. Ojeda, 2017, Cadena Ser, Tribunales, Ley de Memoria Histórica. “El Supremo rechaza el recurso para sacar a Francisco Franco del Valle de los Caídos”). Además el demandante, pedía la conversión del Valle de los Caídos en un espacio de Memoria Histórica con la identificación de las 34.000 personas enterradas allí. Los motivos de la desestimación verán la luz junto a la sentencia. El Valle, para muchos, seguirá siendo el Valle de la Vergüenza.

   Un país del que se presume democrático no puede homenajear a personas que perpetraron un golpe de Estado contra un régimen democrático impuesto por aclamación popular y de forma democrática, en el año 31 del siglo pasado, y sin embargo, tener cientos de fosas comunes repartidas por el país donde yacen miles de personas.

   Volviendo al inicio, durante aquel acalorado debate, mis compañeras esgrimían el argumento histórico. Sin embargo, el medallón, o cualquier monumento y calle es concedida como homenaje, en este caso a golpistas, y no pueden formar parte de la historia por lo que supone tener su nombre en una calle, la vergüenza. Si quieren que forme parte de la historia, España cuenta con una gran variedad de museos. No estaría mal un Museo para la Memoria Histórica dedicado a la Guerra Civil y a la Dictadura, que sirviera para no olvidar y para aprender, y que recoja todos estos homenajes públicos a golpistas para que dejen de ser eso, homenajes.

     Esto me lleva al siguiente cliché: “la Ley de Memoria Histórica lo que quiere es reabrir heridas y/o hacer desaparecer la historia de España.” Lo que se pretende es todo lo contrario, no olvidar de donde venimos y que pasó con nuestro compatriotas antepasados, y poder cerrar heridas que nunca se cerraron (aunque lo pareciera) y ello es a través de la única vía de reconciliación verdadera: la verdad, la justicia, y la reparación que se traduce en la creación de espacios cívicos de memoria, la retirada de homenajes a la dictadura y a los golpistas, el reconocimiento de las victimas por parte del Gobierno y de la Jefatura de Estado, la Corona, rendición de cuentas de los perpetradores en la medida de los posible, y a la exhumación total de todas las fosas comunes y la identificación de los resto, también, en la medida de lo posible.

     La Ley de Memoria Histórica se ha convertido en la Ley de la Desmemoria desde 2013, dada el destinación de 0 euros a la puesta en práctica y desarrollo de dicha ley. No esperemos a que el reloj biológico acabe con las pretensiones de los familiares descendientes de los caídos y hagamos un ejercicio de autocrítica cívica y democrática. La Ley es para no olvidar.