Lunes, 24 de julio de 2017

Luces y sombras de un mundo en tránsito

Como cada año, Amnistía Internacional ha publicado su Informe Anual sobre la situación de los Derechos Humanos en el mundo. Se trata de un documento abierto para todos (basta con dar un correo electrónico para recibirlo inmediatamente) y fácil de usar: perfectamente separado por áreas geográficas y Estados, con un lenguaje accesible y un formato muy ameno.

Autora: Elena Domínguez Crespo, activista por los Derechos Humanos

Las vulneraciones de las que alerta Amnistía Internacional y que ha caracterizado el pasado año 2016 se pueden dividir en dos grandes bloques: los conflictos armados desarrollados ante la pasividad de la comunidad internacional y el auge de la política de demonización.

En Siria, la guerra continúa y con ella las vulneraciones al Derecho Internacional Humanitario, incluso durante las treguas que se han ido sucediendo. Esto se traduce en sangrientos ataques hacia la población civil que ha quedado atrapada entre el fuego cruzado del ejército del régimen de Bashar al-Áshad y la oposición. Los bombardeos indiscriminados han alcanzado incluso escuelas y hospitales, objetivos que nada tienen que ver con puntos estratégicos de carácter bélico, lo que no solo ha repercutido sobre la población civil siria y los profesionales que han llevado tan importante labor a una zona de guerra, sino también sobre los activistas por los Derechos Humanos que han estado desarrollando su acción sobre este terreno. De hecho, la información sobre la situación en Siria es tratada con sumo cuidado dada la dificultad para obtener datos objetivos.

Yemen es uno de los conflictos obviados en los medios de masas, pero que supone otro punto caliente en el mapa de la violencia en el mundo. Los conflictos armados se han repetido desde la década de 1990, cuando el norte y el sur se unieron en la actual República de Yemen. El último conflicto, que perdura actualmente, enfrenta al grupo rebelde de los huzíes contra las fuerzas de la coalición, encabezadas por el gobierno y las fuerzas de Arabia Saudí, así como de apoyo logístico y de inteligencia por parte de Estados Unidos y Reino Unido.

Amnistía Internacional ha identificado numerosos ataques aéreos por parte de ambos bandos contra la población civil, así como sobre sus viviendas, hospitales, mercados, etc. Los suministros de ayuda humanitaria se encuentran bloqueados entre el enfrentamiento. Además, se ha catalogado el uso de bombas de racimo de fabricación británica y estadounidense por parte de la coalición, completamente prohibidas por el Derecho Internacional.

Amnistía Internacional exige el fin de los conflictos y una investigación sobre las acciones llevadas a cabo que incluya garantías de verdad, justicia y reparación a las víctimas de estos crímenes tan atroces.

Por otra parte, el Informe destaca una forma de hacer política que se ha ido abriendo paso en los últimos tiempos. El discurso del miedo, la política del odio, las declaraciones relativas a ¨ellos contra nosotros¨ se escuchan con cada vez más repercusión y apoyo. Amnistía Internacional alerta de las consecuencias perniciosas que puede conllevar la normalización de la discriminación al diferente.

El origen de esta nueva política ha tenido como elemento raíz la crisis económica, cuyas consecuencias siguen muy presentes. Estamos viviendo un momento de alerta por el aumento de la pobreza en países que consideramos desarrollados, la cual se ceba con la población vulnerable: niños, discapacitados, personas sin recursos, con un bajo nivel de estudios, etc. Esto unido a una cada vez mayor brecha de desigualdad se traduce en un descontento generalizado sobre la política tradicional.

La necesidad de dotar de asilo a las personas refugiadas que vienen huyendo de los conflictos armados que se expanden por todo el mundo ha sido utilizado como chivo expiatorio por la nueva clase política para culpabilizarles de los males que en realidad ha provocado la coyuntura económica. Estoy hablando de los Trump, Le Pen, Wilders, Farage o Duterte (por poner un ejemplo fuera de Occidente). Todos ellos (y muchos más) basan su programa en estimular el miedo entre la ciudadanía para responderles con la promesa de más seguridad, la cual es utilizada como excusa para recortar los Derechos Humanos, que tantas vidas y tiempo han costado para alcanzar un puesto esencial en el panorama internacional.

La cuestión es que la pérdida de seguridad es más sensible y palpable que la pérdida de Derechos, los cuales hemos recibido ya de serie, por lo que no son valorados de la forma que merecen. Además, parece ser que se ha extendido la idea de que las personas pueden acceder a los Derechos que ofrece un Estado determinado, siempre y cuando sea oriunda de dicho país. Me refiero a la idea de homogeneizar los sujetos de esos derechos; subordinarlos a la tenencia de unos orígenes que consideramos como nuestros, en lugar de abrazar el pluralismo y enriquecernos con todo lo que aporta a una sociedad el hecho de tener personas de todos los puntos.

Amnistía Internacional así hace una llamada a la participación de la sociedad civil en los asuntos públicos, para que su papel no se reduzca a introducir una papeleta en una urna cada cuatro años. Es necesaria una ciudadanía que perciba su papel como tal y pase de ser espectadora a activa, que esté adecuadamente informada para criticar los hechos que se producen a su alrededor y que haga todo lo que está en su mano para presionar a sus autoridades políticas.