Lunes, 24 de julio de 2017

Senderismo en el paraíso de Mieza

Profesor de Derecho Penal de la Usal
Panorámica de las arribes de Mieza que se encontrarán los senderistas mañana domingo

Estamos muy acostumbrados, por desgracia, a ver, escuchar y leer reportajes y artículos de los medios de comunicación de nuestra provincia que ponen de manifiesto la progresiva despoblación que esta padece. La sangría demográfica es realmente grave. Y dentro de la provincia, son precisamente nuestros municipios, los de las comarcas fronterizas de Vitigudino y Ciudad Rodrigo, Ledesma o Sayago (en Zamora) los que más retroceso han sufrido. Algunos de ellos han perdido más del 50 % de su población en las últimas dos décadas.

Pero hoy, y desde aquí, no voy a hablar de emigración, de falta de tejido productivo o de envejecimiento poblacional, sino de alicientes turísticos, paisajísticos y costumbristas. Además, también el turismo rural es un potencial económico de primera magnitud, que no está suficientemente explotado en comarcas de excepcional belleza, como Las Arribes del Duero. Y no sólo por falta de iniciativas de los vecinos de los pueblos, sino, sobre todo, por falta de apoyos institucionales. Algunas administraciones supramunicipales, como las Diputaciones Provinciales, están para apoyar e impulsar -sobre todo- a los pequeños municipios y no para ser instituciones clientelares que manejan sus fondos con criterios que en muchas ocasiones no se ajustan a los meramente técnicos y de necesidad. Hay municipios que tienen un potencial turístico de primera magnitud, pero, en cambio y por falta de recursos municipales, no tienen las infraestructuras necesarias. Esas necesidades básicas y prioritarias que, en muchos casos no pueden sufragar los pequeños ayuntamientos, son las que deberían atender administraciones superiores al municipio, como las Diputaciones Provinciales y las Comunidades Autónomas. Si los pueblos con fuerte potencial turístico tienen cubiertos sus problemas de infraestructuras: fáciles accesos a miradores y riberas de los ríos, abastecimiento de aguas en estos mismos enclaves y una señalización adecuada de los parajes, caminos y senderos, las iniciativas privadas para creación de lugares de restauración y hospedajes serían mayores, los sectores productivos de estos pueblos mejorarían, se crearían más puestos de trabajo y la emigración se reduciría. Porque también queremos pueblos que no sólo sean frecuentados los fines de semana y los periodos vacacionales, sino que se fije población con empleos dignos y estables y una calidad de vida adecuada en cuanto a bienes, servicios y redes de comunicación, semejante a la que se disfruta en las ciudades.

La Ruta de Senderismo “Las Arribes del Duero”, de Mieza, surgió hace 21años (esta es la vigésimo segunda edición, que se celebrará el domingo 2 de abril) precisamente con esos objetivos: dar a conocer nuestros hermosos paisajes, nuestros serpenteados senderos de herradura, nuestras costumbres, nuestra idiosincrasia y nuestra gastronomía. Cierto es que gracias a ello somos más conocidos, se han creado algunas infraestructuras de hospedaje y restauración (dos casas rurales con restaurante y cafetería) y algunas pequeñas industrias familiares alimentarias han dado a conocer sus buenos productos y han promocionado sus ventas.

En el diseño y ejecución de la primera ruta tuve, como alcalde, la voluntaria y desinteresada colaboración de los 6 concejales del ayuntamiento y que aquí quiero recordarlos: Lorenzo (que luego desempeñó la alcaldía durante 8 años), Juanito (D.E.P.) Manuel (D.E.P, padre del actual alcalde, Isma), Rogelia, Evaristo (D.E.P.) y Daniel. Además del secretario, José Ángel y Pepe, empleado del ayuntamiento encargado de obras. Veintiún años después, la antorcha sigue encendida de la mano del actual alcalde, Isma y de los concejales Tomás, José Luis, Fidel y Lorenzo. Pero el éxito de la ruta no termina con sus ediles y trabajadores municipales, sino con más de una treintena de voluntarios que colaboran desinteresadamente como guías, cocineros, repartidores de agua y naranjas durante el recorrido y repartidores de comida. Y cómo no, voluntarios de Protección Civil, Cruz Roja y, por supuesto, agentes de la Guardia Civil. Todos ellos son los artífices de que la organización sea la adecuada y que el éxito esté garantizado. Muchas gracias a todos.

En aquélla primera edición, celebrada el 7 de abril de 1996 (que fue domingo de Pascua), participaron apenas 100 personas. En alguna edición posterior se han rebasado los mil caminantes. Desde el ayuntamiento se pretendía unir una tradición consolidada (merienda de Pascua en el hermoso paraje de El Carrascal) con una nueva iniciativa turística, recreativa y deportiva. Ese primer año fue el único (de las 21 ediciones que se han celebrado) que no tuvo el final en el Mirador de la Code, sino en El Carrascal. Este año 2017 tampoco termina en La Code, sino en un bello enclave como es el Valcoiso, que se encuentra entre el mirador de la Code y el de la peña de “El Águila”, río abajo dirección sur.

En 1996 también tuvo lugar la primera marcha de Vilvestre, concretamente un mes antes. Con el tiempo ha quedado demostrado que las dos iniciativas han sido tremendamente exitosas y fueron las impulsoras de todas las que se han organizado posteriormente en la mayoría de los pueblos de las Arribes y de otras comarcas. De aquéllas dos estacas de olivo que se plantaron en un terreno muy fértil, pero abandonado hasta entonces, ha surgido un frondoso olivar que año tras año incrementa la producción de aceite, ensalza aún más el hermoso paisaje arribeño y los visitantes disfrutan de la rica gastronomía, del folklore tradicional y de la amabilidad de sus gentes.

Aunque razones personales me impiden disfrutar este año del maravilloso evento, aprovecho las líneas que me ofrece este diario digital (Salamanca RTV al día, Las Arribes al día) y desde mi atalaya preferida, “la Code” (lugar emblemático que siempre llevo en mi corazón y en mi retina) para servir de altavoz y animar a los lectores a que acudan a Mieza mañana domingo 2 de abril, realicen la Ruta de Senderismo y disfruten de la exquisita comida, del vino de las Arribes, de su aguardiente y del folklore salmantino. Además, podrán divertirse con el mago charro de la flauta y el tamboril, el Mariquelo. Estoy seguro que los que vayan por primera vez repetirán. Decía el gran poeta Pablo Neruda que “cada pie que pasó por el sendero / dejó escrito en la piedra un telegrama”. Y los seres humanos siempre queremos volver a recorrer caminos, senderos y veredas que nos hicieron felices cuando nuestros pies los recorrieron por primera vez.