Sábado, 20 de enero de 2018

Paloma Gómez Borrero (1934-2017)

Me regaló un rato en el que el mito que era se volvió una señora muy amable y llena de anécdotas, sin dejar de ser uno de los rostros de la tele de mis años mozos… y los de después.

Esa señora que salía tanto en la tele cuando era niño; a la que, cuando adolescente, muchos nos referimos como “la novia del Papa”, por la cercanía que parecía tener con Juan Pablo II; la mujer de la voz aflautada, pero amable, un tanto dicharachera, que parecía saber todo de Italia, Roma, los papas (vuelvo a los recuerdos de infancia y adolescencia), esa señora, decía, parece que, como tantos otros y otras de la época, tuvo que reciclarse en el free lance (que viene a ser declararse autónomo) y, en 2002, en mi par de años trabajando en Televisión Azteca, tuve la oportunidad de compartir una deliciosa comida, por la charla, el mero día de mi cumpleaños.

Era 2002, el 31 de julio, y Juan Pablo II, ya muy mayor, con Parkinson, realizó su última visita a México, a canonizar a Juan Diego, el indígena al que se le apareció la Virgen de Guadalupe (no entraré en más detalles).

Paloma Gómez Borrero era invitada especial de Tv Azteca, viajaba en el avión, consiguió varias buenas notas que aquí gustaron mucho y, como era mi cumpleaños, y santo, y el jefe máximo también se llamaba Ignacio, me invitó a la comida con la periodista española; a ella, siempre amable, le hizo gracia eso de encontrarse con un chaval de Salamanca trabajando en la tele de México y, sin desentendernos del resto de la mesa, los guiños y referencias fueron abundantes.

Yo, por supuesto, le dije que estaba compartiendo mesa y mantel con un mito, con alguien que identificaba con esa tele lejana y entrañable que para los treintones ˗de 2002, no me estoy quitando años˗ fue la TVE de los 70.

Qué les digo, es uno de mis recuerdos, como cuando vi de lejos a Pelé o pude saludar a Miguel Ríos… pero ella me regaló ese rato en el que el mito se volvió una señora muy amable y llena de anécdotas, sin dejar de ser mito.

Tv Azteca, el tocayo que les mencionaba se encargó de ello, la ha recordado, con reportajes y notas, muy merecidas, por supuesto.

Yo la vi en la tele en el pasado programa de Nochevieja. Y la vi bien; cada vez que la veía recordaba esa comida en México.

Sembró cariño y se ve que lo sembró en tierra fértil.

Hasta siempre.

 

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