Martes, 26 de septiembre de 2017

Terrorismo y sociedad democrática

Profesor de Derecho Penal de la Usal
Rutte ha frenado en Holanda por el momento al populismo de Wilders

De todos es sabido que el terrorismo es una de las mayores amenazas de la sociedad democrática. Cometer hechos delictivos muy graves (contra la vida, integridad física, libertad, integridad moral, libertad sexual, etc) con la finalidad de subvertir el orden constitucional, de alterar gravemente la paz pública, de desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional o de provocar un estado de terror en la población o en parte de ellas, como aparece recogido en el artículo 573 de nuestro Código Penal, es un ataque frontal al Estado de Derecho y a la convivencia pacífica de los ciudadanos.

También es conocido que la mayoría de los partidos políticos y las instituciones de las sociedades pluralistas y democráticas, consideran que las mejores armas contra estos ataques son las que tiene el Estado de Derecho: prevenir los crímenes terroristas, investigar los delitos, detener a sus responsables, condenarlos mediante un proceso penal justo que respete los principios y garantías que establecen las leyes penales (sustantivas y procesales) dentro de lo establecido en las Constituciones Políticas y las Normas Internacionales sobre la materia y reparar los daños e indemnizar los perjuicios a las víctimas y sus familiares. Así es como los estados democráticos europeos (Italia, Alemania, Reino Unido o España), terminaron con sus terrorismos nacionales (Brigadas Rojas, Baader-Meinhof, IRA o ETA). De esta forma y con el incondicional apoyo y condena de las fuerzas políticas y de los ciudadanos. Como dijera Tomás y Valiente sobre ETA y que siempre debemos tener presente, “cada silencio, cada desequilibrio condenatorio ha sido un balón de oxígeno para ETA, una forma de legitimación indirecta, involuntaria pero eficaz” (ETA y nosotros, diario El País, 19-12-1995).

Estos mismos instrumentos son los que deben utilizarse para combatir la amenaza del terrorismo yihadista, de la locura del denominado Estado Islámico, que tantos problemas está causando (graves atentados en Irak, Siria, Turquía y los causados en el seno de los países de la Unión Europea o USA: Madrid, con 192 muertos, Torres Gemelas de Nueva York, Alemania, Bélgica, Francia o Reino Unido, por citar sólo algunos de los mas importantes). El último se ha cometido esta misma semana en Londres, donde un perturbado terrorista arrolló con un todoterreno a varias personas en el puente de Westminster y acuchilló a un policía que custodiaba el parlamento británico.

De lo contrario, si se utilizan otras armas fuera del Estado de Derecho, los terroristas habrán conseguido su propósito, que no es otro que acabar con los estados democráticos y volver a otros tiempos de vejaciones y sufrimientos afortunadamente superados en la mayoría de los países. Porque la única pretensión de estos desalmados es volver a los regímenes totalitarios del periodo de entreguerras (nazismo y fascismo) o posteriores: estalinismo, franquismo o dictaduras militares latinoamericanas del último tercio del S. XX.  Es decir, regresar a lo que tanto denunció George Orwell en sus grandes obras (Rebelión en la granja y 1984), a la dictadura perfecta, a la manipulación de la verdad, al control político y al control total del individuo. En estos sistemas, el poder sólo tiene una finalidad: erradicar cualquier resto de autonomía personal y de las libertades individuales.

Tenemos que concienciarnos de que esto sería la peor amenaza para los estados democráticos y los ciudadanos europeos no podemos permitir ese retroceso social y político. No podemos consentir que triunfen en las urnas los populismos reaccionarios. La amenaza en este sentido no sólo es Donald Trump, sino las posibles victorias electorales de partidos políticos afines a los nefastos totalitarismos.

Afortunadamente, en Holanda, el ultraderechista Geert Wilders no ha vencido en las últimas elecciones legislativas. En la lucha contra el terrorismo islamista no todo vale. Fue un error que en el cierre de la campaña electoral holandesa Wilders dijera textualmente que “Mahoma es un señor de la guerra y un pedófilo”, o que “el Islam es la mayor amenaza”. Estemos o no de acuerdo con una o varias religiones o con ninguna: catolicismo, islam, protestantismo, judaísmo, etc, la libertad religiosa exige respetar las distintas confesiones y creencias. El Islam no es identificable con la locura yihadista, como tampoco son sinónimos  catolicismo e inquisición o judaísmo y terrorismo sionista. Que los yihadistas profesen el Islam,  que los inquisidores, en su día, fueran adalides de la religión Católica o que los terroristas sionistas comulguen con el judaísmo, no quiere decir que todos los musulmanes y los judíos sean terroristas ni que todos los católicos aprueben las barbaridades que hizo la inquisición. Quienes así piensan y actúan son una excepcional minoría dentro de sus respectivas religiones, porque la inmensa mayoría son gente pacífica.

Esperemos que en los próximos comicios franceses y alemanes no triunfen ni el Frente Nacional de Marine le Pen ni la Alternativa por Alemania. Supondría un grave retroceso para los derechos y libertades de los ciudadanos, una espiral diabólica que nos acercaría a aquéllos totalitarismos de tan infausto recuerdo, el principio del fin de los Estados Unidos de Europa (UE) y un triunfo para los terroristas del Estado Islámico.