Jueves, 24 de agosto de 2017

Cartas de los lectores

¿No a la mina? ¿…y de lo nuestro qué?   

Admiro la clarividencia que tienen Equo, Ganemos y los denominados grupos ecologistas, plataformas antinucleares, etc., para conocer las necesidades, los problemas, las aspiraciones y los deseos de los habitantes del oeste salmantino, aunque en sus movilizaciones apenas si aparecen habitantes de la zona. Por eso, no comprendo su oposición a ultranza a la mina de Retortillo y que estén dispuestos a que se gasten en “abogados más que la empresa Berkeley en ingenieros” para que la mina no salga adelante, según sus propias palabras.

No entiendo ni de minas ni de uranio. Lo primero, por supuesto, es la seguridad en todos los aspectos, pero después… hay prioridades.

Estoy ansioso por ver a todos los que se agrupan en alguna de esas organizaciones tomar la décima parte del interés que están tomando contra la mina, e intenten que en el oeste salmantino haya algo de desarrollo industrial, comercial, agroalimentario, explotaciones ecológicas; alguna actividad que permita a los jóvenes quedarse a vivir aquí y justifique la instalación de nuevos servicios médicos, educativos, culturales, sociales, lúdicos…

Me encantaría ver a todos estos grupos manifestarse a la puerta de las Cortes, cortar las carreteras, organizar movilizaciones, colocar pancartas, dar ruedas de prensa, “amenazar a responsables” y demás efectos propagandísticos para que se desarrolle esta comarca, como han hecho contra la mina.

No acabo de comprender por qué con el precioso paisaje, la flora y fauna tan variada, el aire tan limpio, la tranquilidad y serenidad que tenemos;  no entiendo cómo estos señores  están padeciendo y sufriendo amargamente en la ciudad todo tipo de contaminaciones: lumínica, sonora, polución de coches, calefacciones, contaminación ambiental urbana, contaminación visual,  etc., y todo tipo de daños medioambientales, en vez de venirse a vivir y disfrutar aquí de nuestro entorno: de octubre a abril la tranquilidad es total.

Quieren que nosotros sigamos cuidando las encinas, del lobo, los paisajes, el medio ambiente y toda la belleza del Campo Charro a costa de estar padeciendo todo tipo de carencias para que pueda venir alguien un fin de semana a darse un paseo: creo que el coste es excesivo.

Entiendo que ellos viven en la ciudad porque tiene allí su trabajo.  ¡Qué suerte! Nuestros hijos se tienen que marchar fuera para ver si les “sale algo”, precisamente porque aquí no hay NADA que hacer y las encinas ya no les preocupan mucho… Si de los 100.000, que dicen, han firmado en contra de la mina sólo la mitad o una tercera parte, o alguno menos incluso,  viniesen de vez en cuando por aquí de vacaciones, o de fin de semana para “contemplar” las encinas, seguro que nosotros seríamos los primeros en oponernos a que se talaran, pero…

No sé si saben que en la comarca de Vitigudino, la población disminuye cada año de media en 376 personas: en 10 años 3.760. Ustedes argumentan que la mina es quizás trabajo para sólo diez años y luego nada, pero ¿qué va a quedar en esta zona dentro de 10 años?:  ¿4.000, 4.500, 5.000 personas menos?

En conclusión, mientras no demuestren los daños y los perjuicios “tan graves” que va a ocasionar la mina, perjuicios que no han visto ni el Consejo Superior de Seguridad Nuclear ni la Comunidad Europea ni el Ministerio de Industria ni la Junta de Castilla y León ni, ni, ni…, sólo Uds. y, por cierto, con unos argumentos que…???, yo prefiero apoyar toda inversión que pueda venir porque para un posible desarrollo endógeno ya es tarde.

Recuerdo las manifestaciones multitudinarias contra Enusa para que no se construyese la planta de Juzbado por los grandes males que produciría en la población y el medio ambiente, sobre todo cáncer… La Planta empezó a funcionar en 1985, al día de hoy hay 630 personas en plantilla. ¿Cuáles han sido los males?