Jueves, 25 de mayo de 2017

(De)construir la realidad

La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético.

Jorge Luis Borges

El arte es peinar la realidad a contrapelo.

Walter Benjamin

 

¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?, exclamaba Saza, reconviniendo a un conciudadano habitante de aquel maravilloso microcosmos creado por José Luis Cuerda en su inconmensurable film Amanece que no es poco. El guardia civil, interpretado por uno de nuestros secundarios más protagónico, criticaba al vecino sudamericano que había pedido permiso para ejercer de escritor en el lugar pero había tenido la extravagancia, entre otras, de plagiar Luz de agosto, de aquel grandísimo autor sureño.

En esta casa ya está escrito que tenemos verdadera devoción por Alberto Manguel, autor entre otras de Una historia de la lectura. Acabé ayer mismo sunouvelle El amante extremadamente puntilloso, donde me pregunto si no juega a plagiar con la misma pasión que nuestro amigo latinoamericano, ya la façon borgiana, para contarnos la sorprendente vida de Anatole Vasanpeine y sus insólitas miradas sobre el mundo.

Una curiosa boutade sobre un extraño y solitario hombre, apasionado por recoger y coleccionar imágenes fragmentarias de hombres y mujeres con su cámara fotográfica. Hasta que un día cualquiera, el descubrimiento y la contemplación de la imagen total e íntegra de una mujer le conduce a un final que solo se les desvelará si deciden afrontar su lectura.

Este juego de visiones parceladas que cuenta el texto del escritor argentino ha buscado su hilván, como suele ocurrirme en otros casos, con uno de los ejes que sostienen la última novela de Enrique Vila-Matas, Mac y su contratiempo. En este caso la línea motriz es la repetición, la reescritura de un texto conformado por diferentes relatos, donde reverberan las voces de algunos de sus autores de referencia, y cuyo hilo conductor es un ventrílocuo que busca la suya propia. 

¿Con qué propósito? Para descubrir al cabo (quiero pensarlo de este modo y es potestad del lector poder hacerlo), que su voz, también la de Mac, no es sino la suma de las voces de los otros.  […] ha sido la clase de sorpresa que uno tiene de niño si no ha resuelto todavía a esa edad la existencia de otros seres que se parecen a él sin ser él: seres que se aparecen un día, por sorpresa, cuando menos te lo esperas y más convencido está uno de ser único, nos cuenta confidencialmente uno de los personajes de la novela.

Hace unas semanas daba cuenta en mi muro de Facebook de una muestra que se exponía en París, cuyo comisariado estaba a cargo del siempre interesante filósofo e historiador del arte George Didi-Huberman, y que casualmente descubro, con placer y también sorpresa, que la tenemos casi al lado, concretamente el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), de Barcelona.

La exposición, titulada Insurrecciones está atravesada por imágenes que se sustancian en dibujos, pinturas, fotografías, películas y manuscritos que recorren como tema principal, manifestaciones colectivas, consecuencia de acontecimientos políticos que conllevan insumisión, agitación política, e insurrecciones de todo tipo.

Comenta Didi-Huberman, que en la exposición podemos hablar de fuerzas, de gestos; hay bocas que se abren y gritan. Podemos convenir en que esto es algo inmediato, no necesitamos un tratado filosófico para comprenderlo: un día nos levantamos y notamos que nuestro cuerpo se levanta. Esto no es una cuestión teórica. La teoría es el acto de tomarse en serio el hecho de levantarse por las mañanas y ponerlo en relación con otras formas de ‘levantamiento’.

Y precisa una cuestión que se manifiesta en nuestras miradas cotidianas, llenas de perplejidad por la presencia de lo que se nos (ex)pone ante los ojos: A menudo, nos encontramos por lo tanto enfrentados a un inmenso y rizomático archivo de imágenes heterogéneas difícil de dominar, de organizar y de entender, precisamente porque su laberinto está hecho de intervalos y lagunas tanto como de cosas observables.

Quizá se trata entonces y algunos tenemos ese convencimiento, (de)construir con un instrumental parejo al que aquí está citado (textos e imágenes ofrecidos para su lectura) esa realidad que nos circunda. Tomar posición sabiendo, como apunta nuestro ensayista, que intentar hacer una arqueología siempre es arriesgarse a poner, los unos junto a los otros, trozos de cosas supervivientes, necesariamente heterogéneas y anacrónicas puesto que vienen de lugares separados y de tiempos desunidos por lagunas. Ese riesgo tiene por nombre ‘imaginación y montaje’.

Uno trabaja por ello, aunque solo fuera para ofrecer sentido y cuerpo a la afirmación borgiana de que no pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.

Imágenes: fotograma de Un perro andaluz, de Luis Buñuel; y fotografías de Graciela Sacco y Helen Levitt

Rafael Muñoz