Sábado, 19 de agosto de 2017

El autobús de la discordia: el pene y la vulva como kilómetro cero de la vida

Hacemos un paréntesis en nuestros textos sobre la felicidad, porque no quiero dejar de comentar esta forma de defender prejuicios basados en la ignorancia y en un fundamentalismo religioso que, gracias a Dios, la mayor parte de creyentes no profesan. La mayor parte de los católicos son tan abiertos en estos temas como los no creyentes, a pesar de parte de la jerarquía.

Estos señores con pene, supongo que también habrá en ese grupo señoras con vulva, se miran solo así mismos e interpretan el Génesis al pié de la letra. Un Adán con pene y una Eva con  vulva, partes de las cuales se avergonzaron muy pronto, como demuestra toda la tradición. Por eso me sorprende que además de ignorantes pongan carteles de propaganda con las palabras pene y vulva, cuando para ellos estas partes siempre se llamaron “partes bajas”, que no se podían nombrar. Pasar de ocultar los genitales y no poder nombrarlos (por eso son las partes que más nombres tenían) a colocarlos como centro de referencia, kilómetro cero desde el que se mide todo, resulta sorprendente en estas personas.

Siguen creyendo que cuando un niño nace con pene, estará seguro de ser un hombre (Identidad sexual), le gustaran las mujeres (orientación heterosexual) y mostrará una clara masculinidad (rol sexual) E inversamente si se nace con vulva. Y están tan seguros que condenan a los transexuales y transgénero, a los homosexuales y toda persona que ponga en cuestión las convenciones sociales,  sobre lo que hoy se entiende por “género”. Si pudieran los meterían en la cárcel, como ya hicieron durante la dictadura de Franco y siguen haciendo en numerosos países. “Ni no eres como yo y como dice la Biblia o el Corán”, eres malo, eres un infiel, te perseguiremos, no tienes derecho a vivir en nuestra sociedad, etc. Las minorías y las personas no convencionales están de sobra y deben ser expulsadas de la sociedad.

Pues bien, diga lo digan la Biblia  y el Corán (si interpretan estos textos al pié de la letra) , aunque no sabemos los procesos fisiológicos, emocionales, mentales y sociales implicados,  lo cierto es que la “SEDE DE LA IDENTIDAD Y LA ORIENTACIÓN DEL DESEO no está en el pene ni en la vulva, sino en el “YO”. Nuestro YO biográfico es único y permanente, con conciencia de él desde, al menos,  el segundo año de vida, de forma que cada uno de nosotros puede decir: “yo soy el mismo que fui niño, adolescente, joven, etc.”. Este yo biográfico permanente, estable y único, no sabemos por qué, se sabe y experimenta  en armonía con su biología o transexual,  como heterosexual u homosexual o bisexual. De forma que aunque todos somos socializados por la familia y la sociedad a partir de los genitales externos, unas minorías, muy diversas entre sí, por cierto, acaban, con frecuencias después de muchos sufrimientos, sabiéndose y sintiéndose transexuales u homosexuales. Es su “YO” el que no puede negar su identidad transexual, a pesar de la apariencia y la socialización,  o su orientación del deseo homosexual, a pesar de la socialización heterosexual.

Lo más importante es que sabemos que estas diversidades tienen las mismas necesidades sexuales y amorosas que los demás, y que son diversidades compatibles con la salud, por lo que debemos aceptar sin más a las personas homosexuales (en este caso, no piden nada, solo que les dejen vivir como son) y ayudar a las transexuales para que, si es su deseo, puedan hacerse los cambios corporales que le faciliten su manera de ser y estar en el mundo. Por supuesto, éstos deberían ser gratuitos, porque no es un capricho ni un asunto de cirugía estética, sino que afectan a lo más personal: su identidad.

Por lo demás, dentro de estas diversidades hay muchas diferencias de forma que tendríamos que hablar de homosexualidades y transexualidades.  Pero lo más importante es que tengamos claro que no hay ninguna razón, salvo las basadas en la ignorancia o mitos, para crearle dificultades a estas minorías. A las personas, sea cual sea su diversidad, no podemos negarle su identidad, su orientación del deseo y sus necesidades de contacto y vinculación. Facilitar la vida a los demás, en lugar de hacerles la vida imposible, es el camino. Lo demás es fundamentalismo, homofobia, transfobia, bifobia y mucha, mucha ignorancia. En materia de identidad, sexualidad y relaciones amorosas, lo mejor que podemos decir es: “sé tú mismo y deja a los demás que también sean como son”.