Domingo, 17 de diciembre de 2017

Podadores S.A.

Lo siento, esta primera parte sólo interesa a los que tengan curiosidad por la lengua con sus usos y significados. Podar es primo hermano de amputar y vienen por el latín de la misma abuela indoeuropea con un am- que lo hace más redondo, por ambos lados. Y en su raíz llevan los dos algo de violencia y, por otra parte y a la vez, de totalidad y de parcialidad;  los dos se refieren a un corte total pero sólo de alguna parte o miembro o rama; se parecen a tajar, talar o guillotinar pero estos son más drásticos y no se suelen quedar en las ramas ni en miembros secundarios.  Los dos, podar y amputar, se aplican sobre todo a piezas que el podador o amputador considera perjudiciales para el todo, por eso las elimina para mejorar la  salud general y rebajar peligros y perjuicios.

Por todo esto se ve que el podador debe ser cuidadoso y entendido para podar lo necesario y calcular lo conveniente. ¡Cuántas veces torpes podadores acabaron con la vida de lo que querían salvar! Es clásico aquello de aquél que podó la rama en la que se apoyaba. La vida está llena de ejemplos y sucedidos. Siempre me sedujo, más bien semánticamente, aquel dramático refrán que citaba don Francisco Vargas, personaje de gran saber popular, y que decía: Tanto escarbó el gallo que encontró el cuchillo con el que lo mataron. Hay escarbadores y podadores que acaban destruyendo lo que no esperaban, incluso lo que más necesitaban sin saberlo. Todo tiene un límite justo y un sabio equilibrio. Hasta la poda, y no digamos la amputación que suena más amenazadora y cercana.

Pues bien, todo esto viene a cuento o a la historia de que los políticos son quizás el grupo social que tienen mayor inclinación, y dedicación que es lo peligroso, a la poda y a la amputación. Quitan, ponen, cortan, recortan, reponen, anulan, implantan, eliminan, restablecen, rebajan, reintegran… Se pasan las legislaturas podando y reponiendo; lo que unos han injertado otros lo cortan, lo que estos otros implantaron aquellos unos lo eliminan, uno plantó y otro amputa y así anda el juego. Y a veces es por pura ideología, sin rigor, sin análisis técnico libre, sin implicaciones del bien común, como salvadores recién llegados con la amputadora en alto dispuestos a cortar por lo sano o como sabios asentados que detentan el sagrado secreto de lo que hay que hacer y cortan hasta el amago de cualquier cambio. Y esto con las debidas precauciones es tendencia de cualquier sector de autoridad o poder. Peligrosos podadores, unos y otros.

Y podan de todo. A veces por casi nada: Señor maestro, que el sol me está molestando… ¡Y amputan el sol! Entre nosotros, y en todos los niveles  y clases, hay gente que se pasea cada día con la podadera en ristre. Tengo delante de mí un precioso cartel con la frase del profeta “de las lanzas harán podaderas” y suena muy bien, a jardín y paraíso, pero la podadera también es peligrosa (¿recuerdas aquella deliciosa película de J. Tati Mi tio y los problemas del protagonista con la podadera?) y puede amputar sin tino ni razón.

Siguiendo lo del pastor protestante contemporáneo de B. Brecht, hoy yo en parte me acusaría de lo mismo: Primero podaron algunos derechos de la ciudadanía, pero como yo me quedaba en casa no me preocupé. Después podaron la libre circulación de ideas, pero como yo tenía encerradas las mías no me preocupé; más tarde dejaron a un lado la religión y trataron de sacarla fuera, pero como yo no era religioso no me preocupé; luego oprimieron al pobre para que no se moviera, pero como yo no era pobre no me preocupé. Cuando vinieron a por mí era ya demasiado tarde. Ay, que yo ni me enteré de esa  conjura de los necios desde el poder de podar. Recuerdo, con algo de estremecimiento social, aquella acusación de Cavafis en el poema La Muralla, porque a veces la poda es silenciosa y subterránea. Ni te das cuenta como no vigiles.

Se dicen: ¿Podamos? Y se contestan: ¡Podemos! Y podan, que algo queda y que algo muere cuando mal se poda. Cuántos lodos nos vienen de malas podas… Es temible un hombre con poder, sea del espacio humano que sea, con la podadera en la mano. Ay, de la rama diferente y descuidada, ay del tallo tierno y frágil. ¡Ay!

Y lo peor es que yo podo, tú podas, él poda, nosotros podamos, vosotros podáis y ellos podan. Cómo nos recortamos unos a otros. Qué duro lo tiene el hermoso y variado árbol de la humanidad.