Jueves, 27 de abril de 2017

Llamados a ser Comunidad

"Al final de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor". Me gustaría comenzar con esta frase de San Juan de la Cruz para intentar dar sentido y luz a  mi experiencia de la vida comunitaria. 

Para empezar si nos paramos un momento a pensar cada uno en nuestro día a día, estamos en constante relación con otras personas en los diferentes ambientes por los que solemos movernos: familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, personas a las que cuidamos y servimos...  Además existen en nuestra vida personas importantes que nos han acompañado y han aportado luz en los momentos que más lo necesitábamos. Y qué pena que a veces solo vemos las fragilidades del otro, fruto de la connivencia o del ritmo frenético de nuestra vida. Dejamos de interesarnos por el que está a nuestro lado, por lo que vive, por sus logros y por sus preocupaciones.

No puedo hablar de mi experiencia sin traer a la mente la comunidad religiosa de los Sagrados Corazones, en la cual vivo actualmente. Somos un grupo de personas, cada uno con su historia, sus cualidades, fragilidades, deseos, proyectos...; y todos nos sentimos llamados a caminar juntos. ¡Qué difícil!

Soy un principiante en esto de vivir en comunidad y hacer de mi vida una constante salida hacia los demás, y son muchas preguntas que trato de responderme cada día. ¿Cómo aunar proyectos? ¿Cómo aceptar las fragilidades del otro? ¿Cómo hacer grande al que me acompaña en el día a día, en el trabajo, en los estudios, en mis luchas y mis alegrías? ¿Cómo conocer más a mi hermano? ¿Cómo acercarme a conocer su historia y sus deseos?

Son preguntas de las cuales no tengo una respuesta absoluta, por eso puedo decir que me siento llamado a ser comunidad; porque sin haberlo conseguido, me siento llamado cada día a ir respondiendo estas preguntas con mi vida. Me siento llamado a seguir conociendo a mi hermano, aceptar todo aquello que hay de humano y de frágil en él, y valorar lo bueno que hay y que le hace grande. Conocer sus deseos, proyectos e ilusiones y que todo esto pase a formar parte de mi proyecto de vida. Intento responder la vocación de ser comunidad intentando querer con lo que soy a mi hermano y dejándome querer también. Y si alguna vez me falta fuerza y caminar en comunidad parece imposible, traigo a la mente la frase de San Juan de la Cruz y me hago la siguiente pregunta, ¿cómo muestro mi cariño y soy comunidad en lo cotidiano?

Alberto Gaitán Andújar