Domingo, 17 de diciembre de 2017

Un "monstruo lácteo", consecuencia de la desregulación del mercado

Artículo de Ángel Tejeda

Desde hace tiempo, viene sonando con fuerza, la posible puesta en marcha de una  macrogranja láctea, similar a las ya existentes en países como Estados Unidos, Canadá  o Israel.  Lo que en su día se vislumbraba como una idea falaz dentro del mercado  lácteo nacional, parece tomar cuerpo, hasta el punto que a lo largo de  estas últimas semanas estamos asistiendo a una lucha entre defensores y detractores por parte de la sociedad civil española, en lo que supondría la mayor explotación láctea de Europa. 

Efectivamente,  la cooperativa navarra “Valle de Odieta” pretende llevar a cabo en el pequeño municipio soriano de Noviercas la mayor explotación láctea del viejo continente. Se trata  de una granja que contaría con 20.000 vacas,  para lo que sería necesario alrededor de unas 900 hectáreas, extensión necesaria para mitigar los niveles de CO2, procedentes de tal cantidad de animales. Para alimentarlas sería necesario 600.000 kilos de forraje y 3 millones de litros de agua diarios. Generarían 368.000 toneladas al año de residuos orgánicos (casi un millón al día), para que se hagan una idea 200 cubas de 10.000 litros diarios. Tal cantidad de purines equivale a una población de 4.4 millones de personas (Madrid) y 50 veces la de población de Soria. En lo referente al nivel de producción estaríamos hablando de 180 millones de litros al año. Para la puesta en marcha de esta factoría láctea, la cooperativa cuenta con una inversión de 93 millones de euros, de los cuáles una parte procede de capital extranjero

Tras el fin de las cuotas lácteas en 2015, los datos del sector revelan la desapariciónde 2000 explotaciones, es decir  un 10% del conjunto estatal. Éstas han pasado de 17.084 explotaciones (2015) a 15.368 (2017). En referencia  a los últimos datos expuestos por la Comisión Europea (diciembre 2016), el precio medio por litro se situó en 0,30 céntimos a nivel nacional, mientras que la media europea fue de 0,33 céntimos. Tras un exhaustivo trabajo de campo, un amplio colectivo de ganaderos españoles ponen de manifiesto que para garantizar la viabilidad del sector hoy día, no pueden vender su producto por debajo de 0, 34 céntimos. Las exigencias del mercado, por hacer de este producto un bien lo más competitivo y de la mayor calidad posible, exige una constante inversión, innovación y robotización en los procesos de producción de las explotaciones. Ante estas circunstancias, y observando el recorrido del sector lácteo en estos últimos años, planteó la siguiente pregunta: ¿Qué papel ha jugado el “neoliberalismo” en el sector lácteo?

Son muchos los intereses que han copado el  espectro de la sociedad del siglo XXI,  pero uno de ellos se ha llevado la palma, sí, hablo de la hegemonía de la ideología neoliberal amparada en el escudo del capital. En el mercado actual son escasos los sectores que han escapado de la garra depredadora de los que popularmente conocemos como “neoliberalismo”. En lo que a este breve opinión se refiere, a diferencia de otros sectores no es hasta el fin de las cuotas lácteas en 2015, cuando este sector estratégico empieza a sufrir una enfermedad endémica propia de todo aquel  mercado que es invadido por un capitalismo salvaje. 

Desde Europa, entiéndase los órganos de gobierno,  y en connivencia  con los ejecutivos estatales, se respondió fielmente a la desprotección del sector, orquestada por el interés de las grandes comercializadoras en un mercado que desde tiempos pretéritos ha supuesto un sustento básico en las dietas europeas y que ha proporcionado trabajo a miles de familias. Tras el fin del proteccionismo del sector, las grandes distribuidoras han conseguido ponerse de acuerdo para fijar precios, hasta el punto de llevar a una situación de supervivencia cientos de explotaciones.

Invito a la reflexión: ¿cómo es posible que en España se consuman 9 millones de toneladas de leche al año y produzca 6 millones , mientras que los precios no cubren los gastos de producción?  Pues sí, efectivamente el neoliberalismo ofrece su cara amable, una futura prosperidad con mayores beneficios que nunca llegan. Con el fin de las cuotas lácteas, se vendió, una mejora de la situación del sector, que ha resultado ser absolutamente lo contrario, con constantes bajadas de precio, incentivos a la reducción de la producción  mientras no se cubre la cuota de consumo estatal. Resulta indignante la política asimétrica de concesión de “subvenciones o ayudas” llevada desde Europa,  tal y como denominan determinados poderes,  pero que personalmente bautizó como  “concesiones al descontento o limosna de penitencia”. Por un lado se ofrecen fondos a la disminución de la producción pero no a la supervivencia de las explotaciones, con un déficit de producción del 30%. Por otro resulta que el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, otorga escasas ayudas a las cientos de granjas  y rápidamente considera que el proyecto de Noviercas requiere de ellas. ¿Quieren  salvar el sector lácteo y la supervivencia del medio rural, o asegurarse una cuantiosa cantidad en sus bolsillos?

Para dar solución a dificultades por las que atraviesa el sector, considero al igual que cientos de pequeños y mediados ganaderos que Noviercas no resulta más que la consecuencia de un monstruo que bajo la capa del neoliberalismo viene a poner de manifiesto la mayor de las atrocidades que ha vivido este sector en años. Como respuesta a la agresión que vive el sector, razono, que desde las instituciones europeas se fijen unos precios mínimos, que garanticen la viabilidad de las explotaciones y acaben con el oligopolio de las comercializadoras lácteas. La creación de una “ cadena de valor lácteo” que ponga de manifiesto la trazabilidad de los diferentes productos derivados del procesamiento de la leche desde el origen hasta el consumidor final, para demostrar el trabajo que desde cada una de estas familias se hace cada día. Y por último asentar las bases de un acuerdo común europeo para la regulación del sector lechero, donde todos los miembros de la Comunidad Europea, establezcan unas bases productivas en consonancia con el consumo interno del país.