Lunes, 24 de julio de 2017
Las Arribes al día

Ecologistas, lobos y ganadería

Más de un centenar de organizaciones ecologistas han convocado para el próximo 12 de marzo una manifestación en Madrid en protesta por la caza del lobo ibérico y para reivindicar al mismo tiempo que esta sea una especie protegida en todo el país

Más de un centenar de organizaciones ecologistas han convocado para el próximo 12 de marzo una manifestación en Madrid en protesta por la caza del lobo ibérico y para reivindicar al mismo tiempo que esta sea una especie protegida en todo el país.

Las organizaciones convocantes subrayan que esta especie, que forma parte de nuestro patrimonio natural, es la controladora natural de los herbívoros salvajes, aunque omiten los daños que ocasiona  en aquellas zonas donde el único alimento del que dispone este depredador se encuentra en la cabaña ganadera. Esto sucede en distintas comarcas de la provincia de Salamanca, donde a excepción del jabalí y corzo, ambas incapaces de sostener una población de lobos, no encuentran otro alimento y más fácil que el ganado en extensivo.

Desde su observatorio urbanita, estos grupos ecologistas señalan que la caza de lobos “perpetúa un modelo económico basado en actividades minoritarias, que solo beneficia a unos pocos y elimina toda oportunidad de desarrollo de otras actividades que llevarían prosperidad al mundo rural. Un lobo vivo vale mucho más que uno muerto, en términos ecológicos pero también económicos”, aseguran.

Este es el verdadero axioma que refleja la actitud de estos grupos frente al conflicto lobo-ganadería, por lo que el futuro de la actividad ganadera y, por consecuencia, el del medio rural en territorios como Las Arribes y Sayago, está echado. Define –por tanto– la prioridad de los grupos ecologistas a la hora de evaluar qué actividad debe prevalecer, la ganadería tradicional o los extensos territorios en los que el lobo pueda campear a sus anchas en busca de presas, aunque no se sabe cuáles una vez que desaparezca el ganado.

En definitiva, la propuesta solo conduce a dos caminos, o los ganaderos viven como hace 50 años -cuando se quedaban a dormir con el ganado-, o el campo queda para que lo disfruten las especies salvajes y los ecologistas. La demagogia es gratuita.

Los ecologistas aseguran que reducir las poblaciones de lobo no es garantía de que se ponga fin a los ataques al ganado. En esto tienen parte de razón, pero la concentración de lobos en zonas exclusivamente de tradición lobera, ayudaría a que hubiera menos ataques y a reducir el conflicto; pero para estos grupos esa solución no es suficiente, quieren tener lobos hasta en la puerta de casa. Por eso promueven su expansión y proponen la adquisición de perros mastines, el vallado de las parcelas y la recogida del ganado durante la noche, medidas que -por otro lado- se han mostrado ineficaces en algunos casos e inasumibles en otros. Algunos ganaderos parece que se dedican ya a criar perros en lugar de corderos.

Entre tanto, los ganaderos de las comarcas de Vitigudino, Ledesma y Sayago, aunque con una menor frecuencia, siguen sufriendo ataques de lobo en sus explotaciones ganaderas, si bien dada la escasa efectividad de sus protestas prefieren ahora guardar silencio y recomerse por dentro esperando hasta ver cuánto aguantarán sin poner a la venta sus rebaños, más bien regalarlos al precio que están ovejas y corderos.

Ya sé que esto que digo no es políticamente correcto en los tiempos que tocan, pero ya es hora de que alguien reparta una colleja entre aquellos que se colocan como abanderados del medio ambiente teniendo en cuenta solo a una parte del conjunto, porque aunque algunos mantengan lo contrario, alguna colleja de vez en cuando ayuda a comprender el verdadero significado de las cosas, mucho más amplio que lobos sí o lobos no. Y en eso estamos, lobos sí, por supuesto, pero en el lugar que les corresponde, es decir, en aquellas zonas tradicionalmente loberas en las que el hombre aprendió a convivir con la especie.