Jueves, 29 de junio de 2017

Los linajes salmantinos

Al nacer dentro de la oligarquía salmantina se pertenecía a un linaje y ese linaje militaba en uno de los dos bandos de la ciudad; San Benito y San Martín. Los linajes eran mundos cerrados donde la solidaridad era extrema; se ayudaban mutuamente, se respaldaban aun en la sinrazón y se negaban a ir contra algún miembro de su linaje que lo persiguiese la justicia. Linajes que iban más allá del concepto que tenemos por familia. Un linaje, basado en lazos de parentesco, fidelidad y clientelismo, lo formaban el caballero que daba nombre al linaje con su apellido y su familia; yernos y nueras, parientes próximos y lejanos, escuderos, hombres de a pie, oficiales, criados, vasallos, arrendatarios, vecinos… El primer empeño de la familia es que el linaje fuese cada vez más fuerte.

Linajes del bando de San Benito: Acevedo, Anaya, Fonseca, Palomeque, Godínez, Maldonado, Manzano, Paz, Pereira, Ribas, Hontiveros, Arias Maldonado, Enríquez y Nieto. Sus panteones fueron el convento de las Úrsulas, la Catedral, San Benito y San Polo.

Linajes del bando de San Martín; Almaraz, Araujo, Arauzo, Corbeille, Monroy, Portocarrero, Solís, Tejeda, Valdés, Varillas, Vázquez Coronado, Rodríguez, Enríquez, Ovalle, Flores, Montesino, Miranda, Villafuerte y Araujo. Sus panteones fueron el convento de Santa Isabel y las iglesias San Julián, Santo Tomé y San Martín.

Con el tiempo los bandos perdieron sus primitivos lazos familiares y pasaron a ser circunscripciones territoriales y parroquiales, porque se fueron concentrando los linajes de un bando en una zona determinada y en torno a unas parroquias concretas; al sur el de San Benito y al norte el de San Martín. En el centro la plaza del Corrillo de la Hierba, tierra de nadie que al no frecuentarla estaba asilvestrada “Nadie se atreve a pisalla, / Sino en pública refriega, / Que quien a pisarla llega / Con sangre suelle regalla.”   

Los vecinos de la ciudad tomaron partido, incluso afectó al estamento universitario y al eclesiástico, ya que muchos profesores y clérigos pertenecían a los linajes. Cada bando contaba con el mismo número de miembros aproximadamente, unos 8.000.

La división de la ciudad y su Tierra se institucionalizó en el año 1390 cuando el rey Juan I concedió las Ordenanzas de Sotosalbos en las que se reconocían los dos bandos, entre los que se repartían los oficios públicos y a los que tenían que pertenecer obligatoriamente los regidores. Estas Ordenanzas se ratificaron en varias ocasiones a lo largo del siglo XV.