Jueves, 23 de marzo de 2017

Cristales de tiempo

El premio Nobel de Física de 2004 fue concedido a Frank Wilczek, compartido con David Gross y David Politzer, por el descubrimiento de la libertad asintótica en la teoría de la interacción fuerte. La Física nunca fue lo mío, pues no termino de dominar el lenguaje matemático, aunque sí soy capaz de “ver” las distintas relaciones entre los componentes que participan en determinado hecho, sean fuerzas, energías o cualquier otro actor físico. Es más, siempre suspendía la asignatura porque no era capaz de matematizar lo que sí era capaz de imaginar en mi cabeza, y la explicación escrita, en ciencias, nunca ha sido tenida en cuenta. Es por ello que terminé por dejar de prestarle atención, como asignatura, lo que no fue un impedimento para seguir interesándome por todo lo concerniente a la materia; nunca olvido que la Geografía en la explicación y descripción de la realidad que se nos presenta alrededor, y, como tal, siempre quiero saber qué y cómo funciona nuestro mundo, sea a nivel macro o microscópico.

¿Qué es la libertad asintótica? Es una teoría según la cual, en algunas partículas elementales, como los quarks, (partículas que conforman la materia nuclear, entre otras), las interacciones entre ellas se van haciendo más débiles según se acercan. Por su parte, la interacción nuclear fuerte es una de las cuatro interacciones fundamentales, según el modelo estándar de la física de partículas, y es la responsable de mantener unidos los protones y neutrones, evitando que su repulsión electromagnética destruya los átomos. Lo que quiero extraer de estas ideas es que, teóricamente, siempre debe existir una fuente de energía para mantener ese “equilibrio metaestable”. Pero, ahora se ha demostrado, no tiene porqué ser así. Lo propuso Frank Wilczek en 2012, que no sería necesaria la energía en un Cristal de Tiempo.

Un Cristal de Tiempo es una estructura, hipotética hasta hace un par de meses, que tiene movimiento sin energía, en su estado energético más bajo, llamado “estado fundamental”. Cualquier material en su estado fundamental carece de movimiento, excepto que se gaste energía para iniciarlo. Y eso es lo que predijo Wilczek, que no sería necesaria dicha energía en los cristales de tiempo, que estarán en movimiento perpetuo. Al igual que los cristales “normales” poseen una estructura atómica que se repite en el espacio, llamada retícula, los cristales de tiempo tienen una estructura que se repite en el tiempo, no únicamente en el espacio. Este pequeño galimatías físico se convierte en una forma completamente nueva de materia: la materia incapaz de quedarse quieta, la materia de no equilibrio, una “violación de la simetría temporal de la naturaleza”, en palabras de los científicos que han sido capaces de crear estos singulares cristales.

Otra forma de materia, el tiempo capturado en una retícula infinitesimal, un universo de posibilidades por descubrir. Gracias a la llamada ciencia básica, la que no busca una rápida retribución económica, la humanidad avanza a pequeños pasos, que se multiplican a la enésima potencia con el paso del tiempo. Esa misma ciencia básica que es despreciada, una y otra vez, por quienes deberían fomentarla. Una ciencia básica que está en la base de todos, de todos, los grandes avances humanos, y sin la que no sería posible estar cómo estamos. No tiene ganancias inmediatas, pero es de donde se nutren todos los demás descubrimientos, esos que sí dan formidables ganancias a las empresas que únicamente buscan beneficios… para ellas, evidentemente.