Martes, 27 de junio de 2017

De disfraces y caminos

28/febrero/martes                                                      

Por las calles y plazas de todos los pueblos y ciudades de España se vive el carnaval.A la gente le gusta vestirse de birria y tiene necesidad de imaginarse que es otra persona. Mariano José de Larra escribió que "el mundo todo es máscaras;todo el año es carnaval"; y es cierto. La hipocresía, la mentira con la que nos cubrimos el día a día, es una realidad. Tal vez imprescindible, porque es la manera mejor que tenemos para defendernos. Somos camaleónicos,necesitamos mimetizarnos con el entorno para no ser destruidos por el. Larra, que no era hipócrita, que le dolía España, y encima estaba enamorado,no lo pudo soportar y se suicidó un lunes de carnaval.Corría 1833. Ha pasado, ciertamente,mucha agua bajo los puentes,pero poco han cambiado las cosas.Por eso en estos días previos a la Cuaresma la fiebre carnavalera lo inunda todo. Como una locura, como una forma de romper los moldes cotidianos, la gente se echa a la calle. Las comparsas,las peñas y todo tipo de individuos se entregan a la fiesta como expresión alegre y desenfadada de la vida. Canarias,Cádiz,Ciudad Rodrigo o Toro, o Río de Janeiro o Venecia, son ejemplos de cómo los ciudadanos se funden en imágenes sorprendentes, con cantos de burla y exhibición lúdica de cuerpos y almas.El ropaje lo mismo sirve para taparse que para desnudarse,y a Don Carnal poco le importa todo. A fin de cuentas el carnaval tiene su asiento en la cultura grecorromana y desde entonces la lucha con Doña Cuaresma no ha parado. El cristianismo vino a romper moldes de aquella cultura y desde entonces no ha dejado de enfrentarse a ella. Sigue. Y seguirá, porque los hechos históricos calan el tiempo para permanecer por los siglos de los siglos.El hábito,en estas circunstancias,igual hace al monje que lo deshace. Y los hombres y las mujeres sienten esa sensación única que proporciona el disfraz y el antifaz,una libertad cargada de emociones especiales.                                     !Qué diferencia estos tiempos nuevos con aquellos viejos!Cuando yo era niño en Cañizo el carnaval lo representábamos en la calle con precaución,cuando no con miedo.El franquismo no dejaba nada al albur y no estaba por la chirigota.Recuerdo ponerme una careta de cartón,muy simple,cogida por una humilde goma a la cabeza.Una cabeza del Guerrero del Antifaz,El Jabato o algún monstruo tipo 

Frankenstein o Drácula. Entonces no había alegría,se notaba la tristeza que produce la pobreza y la falta de libertad. Vivíamos acongojados por el infierno y sólo se les ocurría a los locos celebrar sin más ni más las carnestolendas. La vida ha dado un giro de 180 grados en 50 años. Y no deja de sorprenderme. Traumatizado, tal vez, por aquel tiempo infantil no me gusta vestirme de birria. Tampoco seguir a Darwin y adaptarme a la vida moderna para sobrevivir. Prefiero acogerme a los pasos de lo cotidiano, sin estridencias, al calor sencillo de la gente que me quiere y pidiendo siempre que no me de un dolor de lumbago o una maldita ciática. Con eso me conformo.     

                                                 

3/marzo/jueves                                    

Me desplazó la Peña Cañizo a Melide, a continuar y terminar el Camino De Santiago que hemos venido haciendo por etapas cuando el trabajo nos lo ha permitido.Emoción de vivir al paso con Jesús Alberto, Javier Aguirre, Javier Montaña y Víctor Peral. Los agoreros de la información del tiempo pronostican lluvia. Que sea lo que el cielo diga. No nos importa. Lo que nos llama es el compromiso de lo común, de la amistad, de la cercanía, de la risa. Incluso de la oración que nos envolverá a todos por parte de quien sea más piadoso. Cada uno es libre de creer, de pensar, de entender la vida según su criterio. El mío se dimensiona desde el sentido humano que engrandece el espíritu que habita estos senderos gallegos, estos parajes, estos cielos. Hacemos camino al andar. Y acentuamos las veredas y los cordeles despejando las encrucijadas. La vida a veces se entiende. El Señor Santiago nos reciba.