Lunes, 26 de junio de 2017

Aterradas por el miedo

Matilde fue la primera víctima del año. La mataron la noche del 31 de diciembre al 1 de enero. La mató Néstor, su ex, de tan solo 20 años. Después vinieron otras más, y así hasta al menos 16. Ese el dato de mujeres que en lo que llevamos de año han muerto en mano de sus parejas o exparejas, lo que convierte el inicio de 2017 en el más trágico en violencia machista desde 2008. En realidad este último dato no sé si importa. No sé si valemos mucho comparando la cantidad de víctimas mortales de otros años con el del actual, tampoco sé que valemos como hombre o como mujer cuando vemos una vida humana más perdida y no se nos encoje el alma, porque es el modo en el que nos enfrentamos a la radicalidad, a la brutalidad y a lo amargo lo que nos define.

La realidad es que la sociedad y las fuerzas políticas no están reaccionando como deberían ante esta inaceptable violación de los derechos humanos de las mujeres, y falta gritar fuerte el rechazo a este tipo de violencia de género, una de las más duras y crueles expresiones de desigualdad. Solo una muerte debería parecernos inaceptable, y eso solo se logra con una actuación coordinada y eficaz de todos.

El próximo 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer. Ojalá no sea solo un día para colgarnos el lazo morado y poner la foto en nuestro perfil de Twitter, ojalá los políticos no lo utilicen solo como un día para hacer campaña. Ojalá sirva para que la sociedad se mentalice y los hombres dejen de sentir la causa de la igualdad de sexo como algo ajeno. Ojalá veamos en la calle una movilización proporcional a lo que supone esta lacra que sufren cientos de mujeres cada día, cada segundo, aterradas por el miedo y el silencio que las machaca y las quema por dentro. El machismo debe dejar de acaparar titulares porque el lema ‘Ni una menos’ ya debería ser cuestión de Estado.

Aquí no sirven de nada las ideologías. El machismo y la desigualdad se combaten desde las aulas, con campañas de concienciación en los niños y en los jóvenes. Una mujer debe conocer cuáles son las puertas de salida ante la violencia de género, y se debe apostar porque las mujeres denuncien, que rompan ese silencio, pero que cuando lo hagan, la protección sea real, sin obstáculos. Una mujer que denuncia violencia de género debería contar desde el minuto cero con una asistencia integral, mejor y más coordinada, para ella y para sus hijos, si los hubiera. Y que las órdenes de alejamiento se cumplan, sin excepción. Máximo control a los maltratadores.

Son muchas las muertes que quedan entre el miedo y la vergüenza a denunciar. Yo estoy al lado de las víctimas, al lado de sus derechos. Hay cifras que son mucho más que números. Hay realidades que duelen. Hay demasiadas vidas rotas, y esto tiene que cesar. Mucho por hacer.

Fotografía: Isabel Casado Morales