Martes, 21 de noviembre de 2017

Lo políticamente correcto

Profesor de Derecho Penal de la Usal
Rato, vicepresidente de Aznar, encabeza el cinismo entre los corruptos

En España llevamos varios años con la vida pública del país contaminada por actos de corrupción política y económica que, ni los ciudadanos, en las confrontaciones electorales, ni los jueces, a través de las sentencias judiciales, han conseguido neutralizar.Bien es cierto que en 1996 y con casi dos décadas de democracia consolidada, los episodios de corrupción en el gobierno de Felipe González provocaron un cambio político, a pesar de que el líder de la oposición (José María Aznar) poseía un perfil carismático bajo y su partido (el PP), una herencia política poco solvente, ya que a sus miembros se les identificaba con los hijos de la dictadura franquista, si bien más atenuada desde que el líder dejó de ser Manuel Fraga.

Con el transcurso del tiempo la corrupción está siendo menos relevante en la decisión política de los electores, porque los gobernantes han utilizado todos los recursos que les ofrece el poder para neutralizar esos cambios políticos: A) la utilización de los medios de comunicación públicos, que ensalzan las bondades del ejecutivo y ocultan o suavizan su gestión inadecuada e irregular de los derechos e intereses de los ciudadanos; B) la politización de la justicia, proponiendo el nombramiento de jueces afines a su ideología política, para ocupar puestos de los tribunales de justicia más importantes, además de dar instrucciones a los fiscales para que sean “más benévolos” en promover la acción de la justicia contra sus correligionarios; C) negando abiertamente las acusaciones de corrupción (al mejor estilo Goebbels) y atacando al adversario que denuncia políticamente los hechos con el peregrino argumento del “y tú más” y D) intentando financiarse ilegalmente para contar con más recursos a la hora de afrontar las tediosas campañas electorales. Sabemos que si el deportista va “dopado” en las competiciones, tiene más posibilidades de ganar.

No obstante, en la menor influencia en el cambio de las opciones de los electores, hartos de la corrupción, hacia otras formaciones políticas, también son responsables algunos miembros de esas mismas formaciones porque, a pesar de la ignominiosa corrupción política del PP en los últimos años, no haya descendido su apoyo ciudadano se debe también, en parte,  a los métodos y estrategias utilizadas principalmente por PSOE, Unidos Podemos y otras formaciones minoritarias como Ezquerra Republicana de Cataluña. El PSOE ha acusado mucho su división interna y la falta de liderazgo; Unidos Podemos, aunque tenga un programa electoral progresista y muy acorde con los intereses de las clases trabajadoras y, en general, con los más desfavorecidos, reivindicando mejoras laborales, económicas y más políticas de redistribución de renta y riqueza y del denominado estado del bienestar, utiliza medios y estrategias muchas veces inadecuados, que son recogidos y aireados interesadamente por sus detractores y adversarios.

Las actuaciones de los representantes del pueblo deben ser “políticamente correctas”. Esto es un principio socialmente admitido. Anécdotas tan insignificantes en unas ocasiones o conductas realizadas por estos representantes, aunque las hayan cometido antes de sus elecciones respectivas, son dardos envenenados que se vuelven en su contra. Los famosos mensajes éticamente reprochables publicados en su día por Guillermo Zapata, el desnudo en la capilla de la universidad Complutense realizado por Rita Maestre (aunque fueran anteriores en ambos casos a su elección como concejales de Madrid), el famoso beso en los labios entre Pablo Iglesias y Domènec en el Congreso de los Diputados o la no condena de Podemos hacia el régimen abominable de Maduro y los chavistas en Venezuela, son mochilas demasiado pesadas que ralentizan el avance de esta fuerza política. El último grave error de la formación lo han protagonizado en el Ayuntamiento de Madrid 6 concejales del equipo de gobierno, votando en contra de la petición de liberación de Leopoldo López y otros presos políticos venezolanos. Aunque Manuela Carmena y 12 concejales de Ahora Madrid (marca política de Podemos en Madrid) votasen a favor de la liberación (el sentido común de Carmena y su buen hacer, no tienen, para mí, ninguna discusión), el mal está hecho y no beneficia en nada los intereses de Podemos.

Por su parte, Ezquerra Republicana, -que ha abandonado la reivindicación de políticas sociales, abanderando exclusivamente el independentismo catalán como único punto de su programa político y no condenando los graves casos de corrupción cometidos por antiguos políticos de Convergencia Democrática de Cataluña-, genera también una reacción de rechazo ciudadano. En este sentido y por desgracia, la historia se repite. Azaña, presidente de la Segunda República, ya manifestó públicamente  su decepción con Ezquerra por su “deslealtad obscena” con la Republica, al final de la guerra civil.

En política, las actuaciones en defensa de los principios y valores del Estado de Derecho, de la democracia, la libertad, la tolerancia, la justicia, el desarrollo del estado de bienestar y la defensa de los legítimos derechos e intereses de todos los ciudadanos, es una premisa ineludible, pero también la decencia y la corrección en la actuación. Porque, como decía Edward Kennedy, “en política, pasa como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está mal” .