Lunes, 26 de junio de 2017

País de pandereta

La decisión tomada la semana pasada por la justicia, respecto a dejar, hasta que haya una sentencia en firme definitiva, en libertad sin fianza y manteniendo el pasaporte a Iñaki Urdangarín, supone un duro golpe para el sistema judicial de este país.

Y es que, con esta decisión, el mensaje que se transmite a la ciudadanía es que la justicia no es igual para todos los españoles, sino que depende del poder adquisitivo y los contactos que posea el acusado en cuestión.

Esta percepción, sin embargo, ya flotaba en el ambiente, hecho por el cual se hacía necesaria que, especialmente debido a la dureza de la crisis que cargan sobre sus espaldas la mayoría de españoles, desde la justicia se diesen castigos ejemplarizantes para quienes han robado y se han enriquecido de manera ilícita a costa del erario público.

De este modo, que la infanta Cristina se haya ido ‘de rositas’ es algo que muchos vaticinaban desde el día que se destapó el caso Noos. Y es que, en su caso, sí le ha servido la excusa de “yo no sabía nada”, mientras que para muchos ciudadanos de a pie, timados con las preferentes o con hipotecas al borde de la legalidad, esa misma excusa no les ha valido.

Por su parte, al cuñado del rey y yerno del anterior monarca, Iñaki Urdangarín, la cosa le ha ido más que bien vistos los cargos a los que se enfrentaba. Así, en todos los delitos en que había una evidencia palmaria que había cometido, se le ha impuesto la menor pena posible, debido a lo cual la suma de todos ellos ha pasado de los 19 años de prisión que pedía la acusación a verse reducidos a 6 años, a lo que habría que sumar el último giro de esta función, en que ha logrado estar en libertad sin fianza y manteniendo el pasaporte.

De esta manera, el matrimonio Urdangarín-Borbón seguirá disfrutando de su vida en libertad en la ciudad suiza de Ginebra, con el único ‘incordio’ de que una vez al mes Iñaki tendrá que ir a los juzgados de dicha ciudad a firmar, que viene a ser como si le toca ir a sellar el paro.

Y entretanto, el pueblo español ha asistido una vez más impasible a la decrepitud de un sistema en el que quien la hace no la paga si está acompañado de unos buenos millones y, sobre todo, si es el hijo, el marido o el cuñado de ‘Don Fulanito’.

Y es que, si en los países nórdicos habrían rodado cabezas, aquí no pasa absolutamente nada, pues con poder hacer un chascarrillo sobre el asunto para reírnos un rato nos damos por satisfechos, aunque en realidad sean los mangantes los que se ríen de nosotros. Qué le vamos a hacer, Spain is different.