Martes, 30 de mayo de 2017

La importancia de leer a todas las edades

 Cercano el “Día 23 de abril” Día del Libro, desde la sección Opinión en el digital SRTV quiero rendir un pequeño homenaje “A los escritores más grades”  y recordar porque entre todos los días del año se ha elegido éste precisamente.

El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial, ya que en este día y en el año de 1616 fallecieron personalidades como Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. Igualmente se conmemora el nacimiento o muerte de otros autores prominentes como  Josep Pla, Manuel Mejía , Haldor K Laness o Maurice Druon

La celebración de este día fue una decisión espontánea tomada en la Conferencia General de la UNESCO que se celebró en París en 1995, para rendir un homenaje universal a los libros y autores.

 

Ventana abierta a la diversidad de las culturas y puente tendido entre las civilizaciones, vector de valores, de saberes, del sentido estético y de la imaginación, el libro es ante todo obra de la inteligencia, la creatividad y la cultura humanas: por ello enriquece el patrimonio inmaterial de la humanidad y da sentido a la importancia que tiene la lectura para la persona.

La lectura influye en muchos aspectos de nuestra vida.

Proporciona información, formación, crea hábitos de reflexión, análisis, esfuerzo, concentración... y recrea, hace gozar, entretiene y distrae. Una persona con hábito de lectura posee autonomía cognitiva, es decir, está preparada para aprender por sí mismo durante toda la vida.

 

Ayuda al desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje. Mejora la expresión oral y escrita y hace el lenguaje más fluido. Aumenta el vocabulario y mejora la redacción y ortografía.

 

 

Mejora las relaciones humanas, enriqueciendo los contactos personales pues facilita el desarrollo de las habilidades sociales al mejorar la comunicación y la comprensión de otras mentalidades.

Da facilidad para exponer el propio pensamiento y posibilita la capacidad de pensar.

 

Amplía los horizontes del individuo permitiéndole ponerse en contacto con lugares, gentes, experiencias y costumbres lejanas a él en el tiempo o en el espacio.

 

 

 

Es una afición que dura toda la vida que puede practicarse en cualquier tiempo, lugar, circunstancia. Nos libra de los males de nuestro tiempo: la soledad, la depresión y el consumismo.

 

FABULA

 Hace mucho tiempo, en la antigua India vivía un niño, Chenchum. Le encantaba leer y también era muy curioso. Las preguntas se arremolinaban en su cabeza.

 

 ¿Por qué era redondo el sol y por qué cambiaba de forma la luna? ¿Por qué crecían tan altos los árboles? ¿Por qué no se caían las estrellas del cielo?

 

Chenchum, buscaba las respuestas en los libros de hojas de palmera escritos por venerables sabios. Y leía todo libro que encontraba.

 

Un día, Chenchum estaba entretenido leyendo un libro. Su madre le entregó un paquete y le dijo:

—Deja el libro y lleva esta comida a tu padre.

 

Chenchum se puso de pie con el libro en la mano, tomó el paquete y salió de su casa. Siguió leyendo mientras caminaba por el áspero sendero accidentado del bosque. De pronto, tropezó con una piedra. Trastabilló y se cayó. Su pie comenzó a sangrar. Chenchum se levantó y siguió leyendo con la mirada fija en el libro. Una vez más tropezó con una piedra y se dio de narices contra el suelo. En esta ocasión se lastimó mucho más, pero el texto escrito en la hoja de palmera le hizo olvidar su herida.

 

De pronto, un relámpago iluminó el bosque y se escuchó una risa melodiosa. El niño Chenchum miró hacia arriba. Una hermosa dama, vestida con un sari blanco y con la cabeza rodeada por un halo de luz, le sonrió. La dama estaba sentada sobre un elegante cisne blanco. Llevaba un rollo de pergamino luminoso en una mano y en la otra sostenía un instrumento musical de cuerdas. Extendió su cuarta mano hacia el niño y le dijo:

 —Hijo mío, estoy impresionada por tu sed de conocimiento. Te concederé un don. Dime, ¿cuál es tu deseo más profundo?

 

Chenchum no daba crédito a lo que sus ojos le ofrecían, parpadeó admirado. la Diosa del Conocimiento se encontraba frente a él. Con rapidez, el niño unió las manos, hizo una reverencia y musitó:

 —Oh Diosa, por favor concédeme un segundo par de ojos en los pies para que pueda leer mientras camino.

 

—Así sea —lo bendijo la Diosa. Tocó al niño en la cabeza y se esfumó entre las altas nubes.

 

Chenchum miró hacia abajo. En sus pies pestañeaba un segundo par de ojos. Dio un salto de alegría. Luego corrió por el serpenteante sendero del bosque con la mirada fija en el libro mientras sus pies lo guiaban.

 

Su amor por la lectura permitió a Chenchum crecer hasta transformarse en uno de los hombres más sabios de la India. Era famoso a lo largo y a lo ancho del país por su profunda sabiduría. También recibió otro nombre, "aquel que tiene ojos en los pies".

 

 

Esta antigua leyenda hindú narra la historia de un niño que descubrió que el conocimiento se adquiere a través de las palabras que los sabios escriben sobre hojas de palmera.

 NOTA: Matsuura, Director General de la UNESCO recuerda

Los libros son nuestros ojos mágicos. Nos brindan conocimiento e información y nos guían por el difícil y accidentado sendero de la vida compulsividad