Viernes, 24 de noviembre de 2017

Atardecer en El Viso

¿Acaso escuchar cómo habla el aire no es sentir la vida? Aquí, en este horizonte de asombro donde los ojos nacen a los colores de la ternura y a la verdad que no termina, donde el pájaro que vuela sostiene el cielo en el silencio y la luz, donde no quiere acabar el mundo, ni el recuerdo, abierto al mar de las espigas en el que crece para siempre el interrogante de la vida. (Jclp)

¿Acaso escuchar cómo habla el aire no es sentir la vida? Aquí, en este horizonte de asombro donde los ojos nacen a los colores de la ternura y a la verdad que no termina, donde el pájaro que vuela sostiene el cielo en el silencio y la luz, donde no quiere acabar el mundo, ni el recuerdo, abierto al mar de las espigas en el que crece para siempre el interrogante de la vida.

(Jclp)

La ‘Mirada’ de SALAMANCArtv AL DÍA echa raíces en el altozano de la Ermita del Viso, la que mira el horizonte más limpio de la Armuña, donde los sembrados asoman a la primavera.  www.salamancartvaldia.es ofrece hermosas estampas de este emblemático y querido espacio, desde el que se divisa el llano más extenso de Salamanca. Vivir el silencio del crepúsculo desde este espacio, es tocar el cielo, como nos recuerda con estas imágenes Isabel Casado Morales, realizadas en la tarde de este domingo. Cada  día cuando cae el sol, este santuario de luz y horizonte se envuelve de viento.

La humilde pero bonita Ermita del Viso guarga una entrañable leyecta, la de la ‘Niña perdida’ que nos refresca el escritor José Luis Giménez Lago en el siguiente artículo:

LEYENDA DE LA NIÑA PERDIDA

La primavera se había adornado con sus mil vistosos colores. Los campos acababan de iniciar, exultantes, su ciclo de vida. La belleza de la creación se ofrecía por doquier. En la larga y ancha Armuña todo era promesa de pan. Aquella tarde, en Mozodiel de Sanchiñigo unas niñas salieron a buscar flores al campo para hacerse adornos y obsequiar a sus madres. Isabel, entre ellas, buscaba para la suya las más raras y bonitas.

El cielo limpio con su azul intenso acompaña con calma; sólo en lontananza se perfilaban unas difusas nubes. El sol, preludiando un verano ardiente, clavaba sus rejones. Y las niñas, flor tras flor, iban dejando lejos el regazo y la tutela de sus hogares. Atrás habían quedado el manantial de la Zarza, las tierras del Nogal y vencida la tarde, en las cercanías del pinar de Aldeaseca ya sobrepasado, fue cuando algo se quebró en el aire. Los grillos callaron en su chirriar y las alondras suspendieron el vuelo temido. Un silencio sobrecogedor se hizo presente. Fue entonces cuando las niñas buscadoras se dieron cuenta de la mutación que estaba sufriendo el cielo. El sol se ocultó tras grandes yunques de nubes negras que cubrían ya la llanura. Un aroma a tierra húmeda envolvió todo y, de repente, una exhalación zigzagueó, al tiempo que un grito de susto surgió al unísono de aquellas gargantas infantiles. Otras tantas carreras de miedo se iniciaron. Un diluvio de tormenta cayó de los cielos, repentino, como nunca había caído en los campos armuñeses. Agua y graneo, granizo y fuego. Las niñas llegaron despavoridas a sus casas. Pero faltaba una, Isabel… A la angustia del pan que se perdía, los padres de la niña sumaron de pronto otra mucho más amarga… Y la tormenta siguió a oleadas y la noche llegó cubriendo todo con su negrura inmensa, sólo iluminada por los rayos. A caballo, a pie, con faroles que la lluvia apagaba, empapados, aquellos hombres y mujeres recorrieron los campos buscando la niña perdida… La fe hizo invocar a los padres de la niña la intercesión de la Virgen del Viso, pero la niña no era hallada. A la mañana siguiente el guarda de Monterrubio, asomado a la puerta de su choza, buscaba el destrozo de la tormenta y al alzar sus ojos hacia la ermita, allí, en un contraluz, silueteada en la cresta del alcor, vió el bulto de una mujer. Curioso, extrañado, subió raudo y cuando jadeante se halló al lado de la ermita, observó que no había nadie. Los caminos serpenteantes estaban vacíos y la ermita bien cerrada. Mas cuando el buen hombre se disponía a bajar retornando al pueblo, en un repliegue encontró una niña cogiendo unas flores blancas Preguntada la niña dijo llamarse Isabel; que se había perdido el día antes cogiendo flores para su madre; que sus padres vivían en Mozodiel de Sanchiñigo; que una señora muy bella la había cobijado con su manto toda la noche y que le dio de cenar un plato de lentejas y… una pera. El guarda, confuso, miraba a la criatura seca, sin barros. La niña siguió contando y diciendo que la Señora prometió concederle dos cosas que le pidiese y que ella pidió que la tormenta no se llevase el pan de La Armuña y que por la mañana pudiese encontrar flores para su madre. Entonces, el guarda reparó en su entorno y perplejo vió que los campos estaban más bonitos que nunca, casi insultantes de tanta belleza, y que las faldas del alcor se mostraban alfombradas por miles de pequeñas y blancas flores que nunca había visto, y que desde entonces florecen cada primavera sólo en aquel lugar.

XLa noticia corrió como reguero de pólvora… ¡Milagro! …¡Milagro!… ¡La Virgen del Viso está con nosotros!… Una jaca galopó veloz hacia Mozodiel de Sanchiñigo llevando la grata noticia. Y los padres de Isabel Méndez, jubilosos, radiantes de felicidad, corrieron descalzos a postrarse ante la Virgen del Viso porque oyó sus súplicas. Y así repitieron cada año su peregrinación y sus descendientes, hasta hace pocos años, ya muy avanzado este siglo, no han faltado a la fiesta grande para hacer una ofrenda en recuerdo de la niña perdida… Era el año del Señor de 1780»

Las tres peras

Del entrañable relato de la ‘niña perdida’ queda, como testimonio, la entrega de peras a los cofrades al término de las vísperas del día de la fiesta. Los mayordomos son los encargados de hacer este regale, tres peras a los cofrades y una a los pequeños en recuerdo de aquel milagro que, de esta forma se convierte en símbolo de protección de la Virgen.

Ha calado tan fuerte esta tradición de las peras entre los devotos de la Virgen del Viso de Momterrubio, Villares de la Reina y San Cristóbal, principalmente, que el acto de las Vísperas del día 14 de agosto está cobrando un protagonismo superior incluso a la fiesta principal del día 15. De hecho, los mayordomos deben aumentar el número de kilos de peras que se han de repartir. La fuerza del símbolo de tan singular tradición consigue, en este caso, que la protección sobrenatural que antaño se buscaba en ermitas y santuarios se conserve hoy bajo apariencias más cotidianas.

Lo cierto es que, como se recoge en un texto que figura en los muros de la ermita,

” En humilde santuario,

sobre un cerro de la tierra armuñesa,

como un trono de amor y de fe

tu Asunción celestial se venera».

La imagen fue robada

Fue en 1963 cuando fue robada la imagen primitiva, sin que nunca se consiguiera descubrir a los autores del robo ni recuperar la talla de la Virgen. Fue grande el pesar que ocasionó entre los devotos y cofrades la pérdida de aquella imagen ante la que generaciones se habían postrado pidiendo su protección y amparo. Nadie daba crédito a la noticia. Aquel mismo año robaron más imágenes en distintos puntos de la provincia. A raíz de estos robos sacrílegos se empezó a proteger con mejores y modernos medios las puertas y ventanas de las ermitas.

En Monterrubio los ladrones no consiguieron llevarse nada más que la imagen, la devoción y la presencia de su Virgen del Viso permaneció sobre el cerro extendiendo su manto protector bajo otra imagen, réplica lo más exacta posible de la del siglo XII que había sido robada.

Estos tristes sucesos, junto al deterioro producido en la ermita por el paso del tiempo, han sido afrontados por los cofrades con generosidad y entrega hasta conseguir una ermita debidamente restaurada. Tanto en su interior como en el exterior, el aspecto de la ermita del Viso ofrece hoy una solidez que no está reñida con el carácter íntimo y humilde que siempre la distinguió. La grandeza se mide aquí por otros criterios. Permanece imperturbable como «atalaya formidable de un paisaje de ritmo lento, sosegado, sedante, bajo un cielo alto, muy alto y pleno de azul cambiante según la hora que hacia él alcemos nuestras miradas» (Giménez Lago).

La cofradía de la Virgen del Viso cuenta en la actualidad con cerca de doscientos cofrades. En 1980 se han renovado los estatutos para adaptarlos a las necesidades modernas, aunque en lo fundamental se siguen los que la cofradía tuvo siempre. La historia de la cofradía se refleja en gran parte en los libros que recogen los acontecimientos y cuentas de cada año. El primer libro de la cofradía comprende los años 1828?1898. En él se recogen incluso tres hechos milagrosos atribuidos a la Virgen del Viso.

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