Lunes, 26 de junio de 2017

De la política severliana

Enviado de nuevo por mi periódico para cubrir la actualidad política de este país, Séverla, después de múltiples entrevistas, el análisis exhaustivo de varias tesis doctorales, la lectura de sesudos libros sobre el tema, y la apreciación directa de un servidor, me siento frente al ordenador para escribir una crónica más de este maravilloso y afortunado país. Digo afortunado y debería decir mimado por los dioses, por todos los dioses habidos y por haber, porque de otra manera no se explica que siga funcionando. Amantes de la democracia sólo y únicamente cuando ganan los suyos, aquí cada partido político e, incluso, cada personaje político entiende la política a su manera y la ejerce del mismo modo; que a uno no le cae bien el jefe del Estado, pues en cuanto tiene un cargo público le declara persona non-grata y se queda tan pancho; que los míos están robando a manos llenas, pues yo los encubro a capa y espada; que ocurre una desgracia en la que se ven implicados una serie de señores de un partido político, se tapa, se ignora, y se hace como si no hubiera pasado; que les pillan robando a todos los responsables de una región, pues se pide la independencia de ese territorio y asunto terminado; que los míos suben al poder, pues como a mí no me gusta la los hechos de la Historia severliana, los cambio y no hay más que hablar... Podría seguir así indefinidamente llenando páginas y más páginas, pero acabaría aburriéndoles (otro día les hablaré de la Justicia severliana). El denominador común de todas estas actuaciones es el desprecio que hace una minoría, los llamados mesianistas por una parte y los conocidos como cavernícolas por otra, por la inmensa mayoría de la población, ignorando a la ciudadanía a la que dicen representar. Estas minorías, en nuestro país Miguel de Unamuno los definió como los “hunos” y los “hotros”, son extremadamente peligrosas para el desarrollo del país y la convivencia en paz, pues sólo medran con las crisis y las malas situaciones políticas y económicas, por lo que tienden a que en Séverla se produzcan ya que en ellas crece su parroquia.