Sábado, 20 de enero de 2018

Tarde de toros

Tengo la sensación de que demasiada gente, cada vez más, va a los toros o al fútbol a “echar trago” y “echar desmadre”; importándoles poco el resto.

Considérese el título un aviso para navegantes; soy aficionado, no lo niego, y voy a intentar hacer una crónica de una ida a la Plaza México; por eso, aviso.

En el fin de la temporada, creo, vino uno de los “consentidos” de la afición mexicana: Pablo Hermoso de Mendoza. Como nunca lo había visto en vivo, acepté de buen grado la invitación de Ernesto, un amigo que trabaja de mi jefe, y con su sobrina Lely, nos fuimos al embudo de la Nápoles, como también se conoce a la plaza más grande del mundo. Es una experiencia hasta para los ajenos a la fiesta brava, asistir a este inmenos coso, que ya cumplió los 70 y ahí sigue…

Al poco de venir a México, alrededor de la temporada del 50 aniversario, entre 95 y 97, fui bastante, a general de sol, la entrada más barata: entonces costaba, creo recordar, 15 pesos; ayer, esa misma entrada costó 90… La inflación es lo que tiene.

Me lo pasé bien, pero tuve un ataque de melancolía; al igual que el cine, aunque la plaza, o la pantalla grande, tienen algo único, también es cierto que nunca pensé que pudiera ver en casa películas, deportes o toros, con la calidad que me ofrece una pantalla HD… Y no de las más caras.

Y, al igual que ir al cine implica pagar un dineral, aguantar a la gente que contesta el móvil, imagino que a la pregunta: “¿dónde estás?”: “aquí, en el cine”, sin darse cuenta, o dándose, de lo que encierra decir eso en voz alta cuando las luces están apagadas… La plaza, esta y otras, me temo, va a terminar echando a mucho aficionado de verdad.

En los tendidos, es cada vez más un evento social, o hay demasiada gente que va al sarao, sin prestar mucha atención a lo que pasa abajo… Aunque  no sea cierto, parece algo de “señoritos”, allá, y de “juniors”, acá. Cuestión de percepción.

Pero ojo, que en Sol General, también se veían “juniors” y, como abajo, demasiada fiesta ajena a la fiesta; los gritos de la afición son simpáticos, una bota de vino o una chela ˗cerveza˗ son inherentes al disfrute, como el puro para los que fuman… Sin embargo, tengo la sensación de que demasiada gente, cada vez más, va a los toros o al fútbol a “echar trago” y “echar desmadre”; importándoles poco, aunque griten mucho, el esfuerzo y el riesgo que corren los que salen a jugarse la vida o a patear el balón.

Por eso, seguiré yendo, de vez en cuando, porque la experiencia lo vale, aunque el ambiente… y los vendedores que no dejan de pasar ni durante la lidia, me haga pensar siempre en “mi” tele y “mi” casita.

Me estoy haciendo mayor.

@ignacio_martins

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