Viernes, 22 de septiembre de 2017

La FIL y el Hilton

Políticos, escritores, culturetas, editores, periodistas… Charlan, ven y son vistos, “grillan” todo lo que pueden… Se esconden y se muestran, valga la paradoja.

Por tercera vez en mi vida, el pasado fin de semana estuve en Guadalajara, Jalisco, en la Feria del Libro, la famosa, creo, FIL.

No sé si esté muerta de éxito pero al menos para un medio misántropo como yo, sí es demasiada gente, demasiados puestos, demasiadas conferencias y presentaciones planteadas demasiado a las carreras… Demasiado todo, demasiado homenaje a aquella frase de Ibargüengoitia de que en México se confunde a veces lo grandioso con lo grandote.

Es grandiosa, porque probablemente sea la feria más importante de habla hispana, Guadalajara es, a finales de noviembre y principios de diciembre de cada año, el centro del mundo cultural-editorial de nuestro idioma…

Es grandota porque cada presentación, de cientos, tiene el tiempo contado, hay jóvenes gritando que no gritemos porque en otros salones hay también “escritores” ˗así decían, lo prometo˗; a veces también gritaban que bajáramos el tono…

Creo que era un homenaje a la ironía de los cuentos de Arreola, tan de Jalisco él… Ahora que me doy cuenta, el mero día  que estuve allá era su aniversario luctuoso… Y era también aniversario de la primera vez que, en esta Feria, paseé con él, un protagonista de la literatura mexicana.

Pero ya les digo; fui por trabajo por lo que, en cuanto pude, me escapé…

Sin embargo, en la escapada, aprecié que esta vez, eso sí, me hospedaba en el verdadero corazón de la Feria.

Enfrente de la sede hay varios hoteles, pero el “de toda la vida” es el Hilton… y ahí suelen estar todos y todas…

Y como uno es un perfecto desconocido pero cotilla como pocos, cené, solo y mi alma, en una mesa junto a la que ocupaba Rosa Montero con otras señoras, muy “quitadas de la pena” ˗mexicanismo de hoy˗ porque ellas, a su vez, tampoco eran probablemente las más famosas en un restaurante donde, al lado, estaba cenando John Katzenbach, que parece que sí es muy exitoso… aunque yo, lo confieso, no lo he leído.

Políticos, escritores, culturetas, editores, periodistas… Charlan, ven y son vistos, “grillan” ˗otro mexicanismo˗ todo lo que pueden… Se esconden y se muestran, valga la paradoja.

Viven la verdadera feria para ellos y ellas… En la otra, la que parece de verdad, hay  gente, mucha, que curiosea, compra libros (en general, sin verdaderos descuentos u ofertas que hagan que merezcan la pena la visita). Eso sí, yo, cuando pude darme un paseo, me agencié los que me faltaban de Martín Gaite… y esos sí me salieron a buen precio.

Uno, que sabe buscar.

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