Martes, 26 de septiembre de 2017

Linares de Riofrío, naturaleza viva

El municipio cuenta con enormes posibilidades paisajísticas que pueden ser aprovechadas tanto para actividades turísticas como de docencia e investigación

Linares de Riofrío, cabeza visible de la Alta Sierra de Francia, es uno de los primeros municipios que uno se encuentra si viaja desde Salamanca a esta zona, y también principal referencia de la subcomarca de ‘La Calería’.

El municipio se asienta sobre una suave ladera, en la arbolada y fresca umbría de la Sierra Chica, dejando correr a sus pies el riachuelo denominado Frío, de donde el pueblo adquiere su apellido.

Si por algo destaca actualmente Linares de Riofrío es por sus enormes posibilidades paisajísticas, que pueden ser aprovechadas tanto para actividades turísticas como de docencia e investigación, dadas las numerosas especies arbóreas que se extienden por las más de 2.800 hectáreas que conformar el municipio, comprendiéndose su topografía entre las cotas de 1.383 metros en Sierra Mayor, y otros montes como La Honfría, sierra Chica y Majallana, y 860 metros en el límite con Monleón.

Rutas Turísticas

Si el visitante quiere apreciar el valor paisajístico, puede tomar, a la salida del pueblo, en dirección a San Miguel, una plataforma que conduce a Sierra Chica. Enseguida aparece la fuente ‘El Cántaro’, y a poca distancia, entre robles y castaños, se alzan las ‘Peñas del Agua’, llamadas así porque sus formas se asemejan al movimiento de mares y ríos en un día de viento feroz.

Al oeste encontramos ‘La Honfría’, un verdadero jardín salvaje, donde además del castaño se alzan numerosos ejemplares de robles, una cantidad de acebos difícilmente repetida en otro lugar, avellanos, fresas silvestres, etc.

El Pico Cervero es otro de los enclaves significativos de Linares alcanzando una altura de 1.463 metros, aquí la vegetación desaparece y desde arriba se observa la magnitud y belleza del campo charro. Más adelante esperan los castaños centenarios de hasta cinco metros de diámetro, como el de “La Morana”, enclavado cerca de la fuente del mismo nombre. Bajando de nuevo hacia el pueblo, se pasa por la peña Tarrera, en primavera cuna de miles de narcisos, también llamados “taros” por los propios del lugar. En este paseo se pueden observar los diferentes pozos que se utilizaban en la producción de cal morena.